—Hannah, lamento no haber venido a la boda, sinceramente no creí cierto que se casará cuando me envió la invitación. Me hallaba en el extranjero. Con un par de ojos de profundo color castaño, levantó un poco la cabeza y me miró. Sonrió. Tenía una sonrisa muy amistosa, bastante agradable. —Vine a visitarlo porque escuché rumores de que sería padre... y veo que es verdad —miró brevemente mi barriga y yo me sonrojé—. Pero, sí me permites decírtelo, Hannah, el embarazo te cae muy bien. Arqueó una simpática ceja y yo sonreí un poco, más cómoda con ese desconocido. —Adam tuvo suerte, encontró una mujer bonita para rehacer su vida. >>¿Rehacer? —¿Así que eres amigo de la familia? —le pregunté con verdadero interés. Hasta ahora, solo conocía a Mirada, la madre de Adam. Sobre el resto

