Expiré con nerviosismo y le sonreí un poco a mi reflejo en la ventanilla del auto. Tenía brillo labial en los labios, rubor en las mejillas, pendientes de oro y un collar de exuberante precio en el cuello. Mi cabello, n***o y abundante, lo llevaba recogido en un peinado alto. La última vez que me había arreglado con tanto esmero, fue aquella noche en que Sean me entregó a su jefe. Y ahora yo me había convertido en la esposa de ese jefe. —¿Lista, Hannah? —la voz de mi esposo me hizo pestañear un par de veces. Tomé su mano y salí del auto junto a él. Esa noche Adam Baker usó un simple traje n***o y camisa blanca, pero en la solapa del blazer llevaba una rosa de intenso color rojo. La rosa iba a juego con mi vestido de terciopelo, largo y elegido por el mismo Adam para esa ocasión. Esa noc

