-quiero mostrarte como somos realmente y hay mucho peores que yo, por lo menos puedo aparentar ser humano, otros que ni siquiera eso pueden, pues son horribles. Este es nuestro castigo, es como somos realmente, Isabelle cuando pelees vas a luchar así con nosotros. Además, esto es solo una parte de como soy realmente, se aplica lo mismo que tú, que solo podemos mostrar una parte aquí en la tierra- dijo Keith con dolor, ella lo miraba con asco y repulsión, él mostro el color de sus ojos azules para verla con sus verdaderos ojos antes de ella lo dejara.
Isabelle le dolía la expresión de Keith pensó “no puedo juzgarlo por lo que hizo en el pasado, él me ha protegido y cuidado de todos que vienen detrás de mí y también sé que muchos demonios no vienen por él porque es terrible, pero no me importa… quiero quedarme con el” ella levanto la mano y toco el rostro de Keith, algo que siempre quiso hacer, pero por obvias razones no lo hizo.
-quiero quedarme contigo, pero no sé cómo hacerlo- dijo Isabelle, no tenía ningún deseo de volver al cielo y estar en esa jaula de oro donde la tenían con la excusa de protegerla. Además, ya le empezaba a gustar Keith.
Él la miro aun no creyendo lo que dijo, volvió a su forma humana, la beso apasionadamente como si hubiera esperado toda su vida por esto; ella le correspondió, la abrazo era tan suave, tierna y delicada que aun con armadura parecía una muñeca.
Ella se apartó y se le quedo mirando mientras respiraba agitadamente, él esperaba que le diera una bofetada, pero le sonrió diciéndole –ya me quiero ir de aquí, Keith-
Él sonrió, mirando hacia arriba y vio que había una cúpula de cristal la destruyo con el fuego del diablo, cubriéndolos con campo de fuerza para que no le cayera vidrio a ella; hizo aparecer sus alas y la levanto.
-oye ahora yo también tengo alas- dijo Isabelle con voz de niña pensó “me he enamorado de él y ni siquiera me di cuenta hasta ahora” mirándolo y aun queriendo saber el pasado de Keith.
Se alzaron por los cielos su armadura empezó a cubrirla una delgada capa de tela en la falda, la parte blanca de sus alas se tornaba algo azuladas y las de Keith obtenían un brillo dorado en las puntas - ¿Qué ocurre Keith porque cambian tus alas? - pregunto Isabelle siempre le han encantado las alas de Keith
-nuestras auras se unen, y nuestras alas obtiene un poco del color del otro- dijo Keith con emoción, ella lo quería igual que él al ella.
Bajaron al suelo donde los esperaban Marshall y Cole, Isabelle abrazo a Cole y Keith se moría de los celos, pues veía que ella siempre preferiría a Cole que a él.
-le pusiste tu aura, verdad porque sus alas jamás tuvieron tono de azules- dio Marshall mentalmente, mirando a Keith y sacudiendo la cabeza, no podía creer lo ciego que estaba Keith.
-Sí y ella me puso la suya, ella es mía Marshall- dijo Keith con una mirada intensa, admirando a Isabelle, aunque la falda ahora tenía tiras de lo que parecía lino aun le parecía que esa armadura no la protegía, como él quisiera.
Cayó una lanza cerca de Isabelle, Keith miro y vio que eran demonios. El tiro una bola de fuego del diablo hacia el demonio; Isabelle se puso en posición de combate y lanzo su chakham contra los otros; él tenía que reconocer que esa arma parecía inofensiva, pero de eso no tenía nada, era muy poderosa.
Marshall saco su lanza y mostro sus alas, abrazo a Isabelle y la elevo por los cielos; -Isabelle estas muy mal acostumbrada a viajar solo con un lord- dijo el veía que Isabelle se movía mucho.
-tengo que ayudarlos es por mí culpa que están en esa situación- dijo Isabelle muy determinada, ella no era una muñeca tenía su armadura y sus armas
Marshall intentaba convencerla –Créeme, esos demonios no son nada para Keith, además me mataría si algo te pasara- dijo él elevándola más alto hasta que los demonios no los alcanzaran, no podía pelear cargando a Isabelle y ella aun no sabía volar.
Keith miro hacia arriba ya se aseguró que su Isabelle estuviera a salvo, ahora si podía hacer tizas en paz a estos bastardos; saco su espada ígnea oscura y cabo con ellos sin ningún esfuerzo, tenía que recordarse que tocaba cuidar al paladín de Isabelle, si algo le pasara no se lo perdonaría.
Saco sus alas y voló para acabar con los demonios voladores, también fueron muy fáciles para él; tendría que llevarse lo más rápido posible a Isabelle de aquí o sino vendrán muchos más.
Keith subió a la altura de Marshall - ¿Isabelle estas bien? - dijo él, por el bien de Marshall que no le haya pasado nada, Marshall se la paso y el la cargo horizontalmente.
-estoy bien, pero me podrían enseñar a volar o tendré que hacerlo sola- dijo Isabelle aun ignorando que ella solo necesitaba mover las alas y volar.
Ella miraba a Keith mientras volaban - ¿Qué eres exactamente Keith?, nunca tuviste en el cielo, como llegaste a ser un ángel caído, sin ser un ángel- pregunto Isabelle acariciándole el rostro
Lo que él temía que le hiciera esa pregunta, que supiera que es un monstruo, que jamás tuvo un lado bueno –cierto, nunca tuve en cielo; soy el hijo de dos lores del infierno junto con mi hermano, mejor dicho, hijo de Lucifer y una lord, por eso nunca fui un ángel. Mi maldad es pura, soy un demonio de nacimiento- dijo él mirándola, esperando que ella no le tuviera miedo y huyera de él.
-yo fui hecha para ser la consorte de Lucifer, pero él me rechazo al no aceptar ser su reina en el infierno- se dijo a si misma Isabelle pensativa y sumamente nerviosa, sacudió su cabeza
–Keith, tú no has sido malo conmigo, dudo que tu maldad sea pura y si tienes un lado bueno- dijo ella intentando consolarlo, podía sentir sus emociones y de alguna manera no le gustaba que se sintiera así.
Él sonrió –es solo contigo, y Lucifer fue un tonto al preferir el infierno que, a ti, tus vales mucho más- dijo Keith pensó “¿Quién lo diría? mi trabajo era exterminarla y ahora la protejo y la amo con toda el alma que no tengo” le volvió a dar otro beso en los labios decidido a pelear contra quien sea, por ella
Isabelle aun la atormentaba los recuerdos de sus vidas pasadas y lo que hizo, pero no le importaba porque ella sabía que no era así, sería la novia de Keith o como se llame de él,
-se llama consorte, amor; porque eso eres para mí- dijo Keith leyéndole la mente, y planeando como la va a reclamar ante el cielo y el infierno
La llevo a una terraza- deja de leer mi mente; y adivino otra de tus propiedades- dijo Isabelle despabilándose y aun preguntándose cómo se quitaría esas molestas armaduras, movió las alas instintivamente y floto unos cuantos metros del suelo, pero después tenía miedo de bajar.
-tranquila yo te atrapo, aunque debes practicar más, no quisiera que te rompieras las alas- dijo Keith con un poco de paciencia y con una sonrisa, subiendo a donde ella y atrapándola entre sus brazos.
Isabelle se reía se detuvo y pregunto - ¿Qué ciudad es esta? - mirando a su alrededor y no había nada que la guiara, a saber, dónde la había traído él
-la curiosidad mato al gato-dijo Keith con voz algo cantarina moviendo la cabeza de un lado a otro.
- ¡qué bueno que no soy un gato! Ahora me puedes decir- dijo Isabelle, mirando con algo de ingenuidad
-leí en tu mente, que te gustaría conocer Dubái, pues aquí estamos- dijo él aun sonriendo, solo era ella la que lo llevaba a ese punto de felicidad y no podía ocultarlo
- ¡te dije, que dejaras de leer mi mente! - dijo ella riéndose, irónicamente no podía estar molesta con él
Keith sintió que lo invocaban en el infierno, si él no iba irían por él, la bajo hacia lo que parecía una suite y le dijo –espérame aquí- dejándola sentada en un sofá
-está bien, pero ¿A dónde vas? - pregunto ella mirándolo, luego se levantó del sofá
Él la miro, no quería decirle que iba al infierno y le respondió –solo voy a buscar algo que tengo para ti- dándole un beso en la frente.
Keith se fue al balcón y alzo vuelo, Isabelle lo observaba desde el marco del balcón hasta que se perdió en el horizonte, regreso al sofá y allí se desplegaron las alas que ella nunca aprendió a esconder muy bien
Ella lentamente sentía que los parpados le pesaban cada vez más, cuando intento levantarse noto que no podía moverse, que estaba tiesa; entonces vio a unos demonios de aspecto horripilante mirándola con una sonrisa burlona
-al fin Keith, miren quien decidió iluminarnos con su presencia- dijo Erick con una sonrisa malvada y su espada en la mano
- ¿Qué demonios quieren? -pregunto Keith perdiendo la paciencia con ellos, no le gustaba dejar a Isabelle sola
-quería felicitarte, por tu excelente trabajo y presentarles un trofeo- dijo Sebastián con tono sarcástico y moviendo las manos avaramente
Keith miro como venían bandadas de demonios en los balcones y por todas partes, no entendía que ocurría, ni le importaba; solo quería irse hasta que abrieron las puertas y vio que dos demonios arrastraban una jaula, cubierta con una sábana negra, se oían el movimiento de las cadenas y sollozos.
Los demonios se acercaron más y arremolinando alrededor de la jaula, sin alcanzar a estar cerca de él.
Cuando retiraron la sabana, Sebastián dijo –con ustedes, la culpable de que la mayoría de nosotros, estemos aquí. La Serafín del tiempo, la reina de los arcángeles, Beija- con cinismo, mirándola lujuria y deseo
Isabelle miro hacia su alrededor, tratando de no llorar entonces vio a Keith en medio de la multitud, con lágrimas en las mejillas susurro –me traicionaste, Keith-
Él la miro acercándose, rompió los barrotes y dijo –ella es mía- destruyendo a cada uno de sus captores y después pregunto con mucha ira - ¿Quién les dijo que podían tocarla? -
En esos momentos apareció una luz cegadora de color turquesa hasta que se notaron unas las alas cobrizas con dorado, Isabelle ¿Quién era? O mejor dicho ¿Qué era?
Sebastián se levantó de su trono gritando - ¡Lucas! ¿Qué haces aquí? - lanzando un fuego del diablo
Lucas ni siquiera lo miro, rompió las cadenas de la jaula, tomo la mano de Isabelle y la acerco a él y desaparecieron debajo del mismo brillo cegador.
Ella aún no comprendía, como ese misterioso ángel la salvo y le pregunto - ¿Quién eres tú? - pensó “se parece tanto al chico de mi último recuerdo y también lo llamaron por el mismo nombre que dijo Keith”
Él la miro, aún no quería creer que no lo recordara, tomo un respiro y dijo –mi nombre es Lucas- acercándose a ella
Ella se rio diciendo –ya se tu nombre, desde hace tiempo, la pregunta es ¿Qué eres tú? - mirándolo con curiosidad
Lucas esquivo la mirada y se alejó de ella, diciendo con mucho dolor –no me recuerdas para nada, eso explica porque estabas con ese maldito demonio-
Isabelle noto que lo lastimó y dijo –te agradezco que me hayas salvado y no fue mi intención herirte, pero lastimosamente no recuerdo nada de mi vida pasada, solo me dijeron que aparecerían en su momento-
Él se acercó hasta acorralarla a una pared, aparto un mechón de su rostro y dijo susurrando –soy el serafín de la muerte y tu amante-
Ella tenía la respiración entrecortada, cerró los ojos y empezó a tener recuerdos de su vida pasada con él, vio que Marshall no mintió, cuando le describió su relación con él, sus ojos se volvieron del color de la amatista abriéndolos le dijo de manera sensual –bésame, Lucas-
Él no sabía cuánto podría soportar sin besarla, cuando ella se lo pidió lo hizo apasionadamente cargándola entre sus brazos, siguieron besándose hasta quedarse sin aire y después dijo –no sabes, cuánto espere para hacer esto-
Ella lo miro hasta que sus ojos volvieron a la normalidad, no entendía porque la cargaba, ni como termino así con él, hasta que le toco una de sus heridas y grito - ¡ouch! -
Lucas observo sus heridas, la acostó en una cama con sábanas blancas, empezó a besarla en las heridas, sanándola -no te preocupes, estás a salvo-
Ella le daba un poco de risa y preguntó - ¿Así curas a todos? - mordiéndose los labios, le resultaba tan extraño todo esto
-No, solo contigo- dijo Lucas con una pequeña sonrisa pícara, sentándose al lado de ella
-Estás herido- dijo ella tratando de limpiar la herida después dijo - ¡Que tonta soy! Puedes sanarte sólo-
-me gusta, que quieras cuidarme, por favor, no te detengas- dijo él colocándole la mano en la herida
-pero, no puedo sanarte- dijo ella al parecer no tenía poderes curativos de ninguna clase, ni siquiera ella misma podía sanarse
-aceleras el proceso de curación y me gusta que me acaricies- dijo él sonriendo, aunque ya casi no tenía rastro de la herida.
-Lucas, me puedes enseñar a quitarme, esta armadura incómoda- dijo ella ya le empezaba a molestarle la armadura
- ¡Claro! - dijo él levantándose y levantándola a ella de la cama después dijo -primero concéntrate y mira como lo hago-
De él salió un brillo color turquesa y empezó a aparecer su armadura que era dorada con detalles en turquesa, se veía completamente imponente y poderoso, luego cerro los ojos y la armadura se fue más rápido de lo que apareció.