Nadín se encontraba en los brazos de una de las monjas del convento, mientras que Eugenia hablaba con la madre superiora en su oficina. Apenas tuvo que pasar, supo que si no se defendía de la manera adecuada, su nieta terminaría por quedarse entre esas cuatro paredes, y de todo eso era lo que menos quería, por ende, tuvo que guardar la compostura e inventarse otros detalles sobre la familia falsa que recibiría a la que llamaban Angélica. La mujer la miraba seriamente desde el gran y cómodo mueble en frente de ella, así que no tuvo de otra que empezar con el discurso que ya había practicado varias veces en su mente sobre lo que quería dejar en claro para ese grupo de monjas que lo único que querían era tener una esclava más con ellos cuando la pequeña creciera. Así quisieron hacer con el

