A la mañana siguiente del aborto planificado de Caterina, Meliza fue a su habitación como siempre a verificar que todo estuviera en orden y que su vestimenta estuviera en su sitio, justo como a ella le gustaba una vez que salía del aseo. A pesar de querer entrar, no pudo hacerlo, ya que vio a Fernando sentado en el sofá de la sala con un rostro preocupado, casi durmiéndose allí, con el camisón de dormir arremangado hasta los codos, llenos de lo que parecía ser sangre. La chica se preocupó, y de inmediato se acercó a él, preguntando qué era lo que estaba mal, sin embargo, el hombre solo estaba pálido, mirando hacia la nada con la mirada perdida. Meliza lo zarandeó un par de veces hasta que este despertó de su letargo y la miró directamente a los ojos, como si algo le doliera mucho. ─¿Qu

