Capítulo 6
De acuerdo, recapitulemos: Mi almuerzo con Lord Idiota salió mal, peor que mal ¡Fue una mierda total! Y puse en riesgo no solo mi trabajo, sino el afecto que Lord Idiota le tiene a mi hija. Por suerte, ese afecto no parece no haber cambiado, salvo el hecho de que ahora es tía Joyce quien lleva a Rose a sus encuentros con el Lord Idiota. Me di cuenta de que Luke Nightingale no es tan buena persona como creí, o quizá sí, pero no de la forma idealizada que tenía de él. Es que en serio creí que su altruismo era sincero, por el mero hecho de querer ayudar, no como si fuese una inversión que le hará ver bien ante los ojos de las personas que le rodean o ante el mismísimo Señor, pero al parecer me equivoqué. A él le interesaba saber que tan mal me iba en la vida y el por qué me iba mal en la vida para ver si merecía la pena o no el ayudar a mi hija. Sinceramente esto no me causa ninguna gracia, porque si él fuese una buena persona, ayudaría a mi hija sin importarle mi estado civil o la historia de mi familia. Pero lo que en serio me enfadó fue que insinuara que mi moral era dudosa solo por ser una madre soltera ¡Jamás nadie me había ofendido de esa forma! Nunca en mi vida alguien había puesto en tela de juicio mi honra y mi moral por tener una hija sin estar casada o sin tener a un hombre a mi lado ¡Es lo más retrógrada que he podido escuchar! Traté de calmarme y pensar que quizá, tan solo quizá, pude haber exagerado, malinterpretado sus palabras, pero literalmente dijo que tenía que ver si era digna de merecer su apoyo basándose en mi historial familiar y luego puso mi moral en duda por ser madre soltera ¡¿Cómo no malinterpretar eso?! Pedazo de cretino. Pero no eso fue todo ¡No! Porque tuve que abrir mi maldita boca y decirle que sabía que su novia le está engañando con otro sujeto ¡Y todo explotó! Lo único bueno que saco de esto es que no perdí mi trabajo. Ahora tengo un miedo inmenso de topármelo por los pasillos de la mansión, sobre todo ahora que Lady Arpía ha regresado y su madre está más que insoportable.
— ¿Sigues preocupada?
Pregunta George, dejándose caer sobre el pasto.
— Algo… — suelto un suspiro, él es la única persona que sabe con lujo de detalle lo que pasó — Mi hija está soplando pompas de jabón con Lord Idiota mientras en las cocinas se siguen preguntando si es verdad que Lady Sophia de Chesterfield le está siendo infiel a Lord Nightingale
— Al menos ya no tienes que preocuparte por compartir el secreto con los demás — suelto un bufido, él una risita — Filomena y Jessica ya se encargaron de ello
— Supongo que debería de sentirme aliviada… — abrazo mis rodillas — Pero no puedo estar tranquila, en serio que no puedo — le miro, sus ojos azules brillan gracias al sol — No puedo darme el lujo de perder este trabajo, nadie quiere contratarme por los antecedentes penales de mi hermano y que tengo una bebé — mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas — Tía Joyce hizo muchos malabares para que me contraten en este lugar y no quiero decepcionarla… — cubro mi rostro con ambas manos — Y no quiero arruinarle la vida a Rose…
— Lily… — siento los brazos de George abrazándome — No debes de sentirte así, tú no hiciste nada malo — le miro — Él te ofendió, te trató como si fueses escoria, no deberías de sentirte mal por haber reaccionado ante los comentarios de un idiota — asiento con la cabeza — Y no le vas a arruinar la vida a tu hija, sigues aquí y ese imbécil sigue encariñado con ella — sonríe — Aunque quizá sigue prestándole atención porque se siente culpable por cómo te trató
— Es lo más probable
— Entonces estate tranquila, no creo que esto empeore
— Dios te escuche… — nos miramos — Y ojalá Rose no pierda la gracia de Lord Imbécil…
— Y si la pierde, no te derrumbes — George toma mi mano — Ya verás que las cosas te van a ir bien, después de todo eres una buena persona y ya es tiempo de que te pasen cosas buenas
— Gracias… — sonrió, sintiendo una inmensa calidez en el pecho — Realmente sabes cómo hacerme sentir mejor
— Sabes que me tienes justo aquí para todo lo que necesites — sonríe ligeramente — Cualquier cosa, solo avísame, te ayudaré en todo lo que pueda
— Eres una gran persona — ambos nos sonreímos — Tú también mereces que cosas buenas te sucedan, porque eres una buena persona… — miro las flores que ya han abierto sus botones — Una persona que puede crear tan bellos paisajes no puede ser mala persona
— Las plantas me aman — George acaricia el pasto bajo nuestros cuerpos — Sobre todo los de esta casa… — suelta un suspiro — El viejo Lord Nightingale solía decirme que algún día convertiría su campiña en un paraíso lleno de flores — sonríe — Pero… bueno… supongo que solo haré mini paraísos para que Lady Arpía tenga las mejores fotografías de su boda
— Ni me lo recuerdes… — niego con la cabeza, George en cambio, suelta una carcajada — Por culpa de mi gran boca, ahora no puedo estar en un mismo lugar con Lord Imbécil — el rubio se sigue riendo, no puedo evitar hacer lo mismo — Espero no causar ningún problema
— Pues deberías
— ¿Qué…?
Le miro con una ceja alzada.
— Claro — me mira, aún riendo — Él te trató como una escoria, tú arruínale la boda, rómpele esa burbuja donde él está profundamente enamorado de esa arpía y cree que ella también lo ama de la misma forma — se encoge de hombros — Sería lo justo
— No es para nada “Lo justo” — frunzo el entrecejo — Sería totalmente desproporcionado y creo que es suficiente castigo que él crea que lo considero un reverendo cretino — me cruzo de brazos y niego con la cabeza — No, no creo que deba de hacerle algo así
— Bueno… — George se vuelve a encoger de hombros — Solo es un consejo — le miro — Además, todos los empleados de esta campiña te agradeceríamos con el alma que evites que esa boda se lleve a cabo
— ¿En serio…?
Mi interior comienza a temblar, el rostro de George ha dejado de ser alegre.
— Ya te lo dije… — vuelve a tomar mi mano — Lady Arpía es soportable, su madre no… — suelta un suspiro profundo — Y con lo enamorado que está el jefe de su prometida, aceptaría sin rechistar cualquier cambio o maltrato de su futura suegra
— ¿En serio lo crees?
— Sí…
Baja la mirada.
— ¿Se metió contigo?
George mira hacia un lado, suelta otro suspiro y luego arranca un poco de pasto, su rostro está serio.
— Mi madre solía tener el puesto de la señora Irene — suelta, presionando los labios, debe de ser un tema delicado y sensible para él — Ella y el viejo Lord Nightingale se llevaban muy bien — intenta sonreír — Él le pidió a Lord Imbécil que jamás despidiera a mi madre de este lugar — baja la mirada — Pero entonces murió y un buen día Lady Sophia de Chesterfield vino con su madre y esta pidió unas copas para ella y su hija al viejo Angus — me mira — El viejo Angus buscó a una sirvienta para darle la orden de la señora Arpía — se encoge de hombros — No sé qué habrá pasado, pero el punto es que las mujeres nunca recibieron sus tragos y para mala suerte del viejo Angus, él estaba pasando con su herramientas para arreglar los sistemas de regadíos de los huertos… — siento un horrible pesar — La señora Arpía se levantó y comenzó a gritarle todo tipo de improperios, ella es en verdad una mujer muy desagradable — tomo su mano — El viejo Angus intentó explicar que él es solo un jardinero, que él no se encarga de la preparación ni entrega de comidas o bebidas, pero que en seguida le pediría a alguien que le trajera una bebida
— ¿Y qué más pasó?
— Pues que la señora Arpía explotó y comenzó a insultarlo pues “Ya no deseaba ninguna bebida” y que “Por su insolencia estaba más que despedido” — suelta una risita — Como si ella tuviera autoridad para hacer algo así
— Pobre Angus
— Sí, casi le da un infarto — siento un nudo en el pecho al oír eso — Y entonces mi madre apareció, unas sirvientas que pasaban por ahí corrieron a avisarle
— Oh no…
— Le pidió de la forma más tranquila y educada posible, que por favor se calmase e intentó explicarle que las funciones del viejo Angus solo eran las de jardinería — George apretó los puños — Le pidió disculpas por la demora, pues quizá la sirvienta a la que Angus acudió, no llegó a dar el pedido o quizá algo más pasó en el momento — sonríe — Y le prometió que le asignaría a un par de sirvientas para que estén con ella todo el tiempo que durara su estadía en la Campiña
— Incluso comportándose como una desgraciada, esa mujer consigue lo que quiere — frunzo el entrecejo — Por eso dicen que las manzanas no caen muy lejos del árbol…
— Pues sí…
— ¿Qué más pasó?
— Pues le pidió al viejo Angus seguir con sus obligaciones — me mira — Y esto, al parecer, le pareció como la peor de las ofensas para la Arpía, porque comenzó a arremeter contra mi madre, exigiendo que el viejo Angus fuese castigado
— ¿Cómo pueden existir personas como ella?
— Lamentablemente existen
— Entonces tu madre defendió al viejo Angus
— Le intentó hacer entender a la Arpía, que el viejo Angus no había hecho nada malo y por lo tanto no podía ser sancionado, que se calmara y que enseguida le traerían sus bebidas y unos aperitivos… — George vuelve a suspirar — Y la Arpía contestó con el típico “¿Sabes con quién estás hablando?” — soltó una risita — Le dijo que ella pronto sería su jefa y que debía de cumplir sus órdenes, así que volvió a exigir un castigo para el viejo Angus y también una sanción para mi madre por su insolencia
— Que horror
— Luego apareció Lord Imbécil con Lady Arpía — George niega con la cabeza — Preguntó cuál era el problema
— Y la señora Arpía habló
— Le dijo que mi madre había sido grosera con ella, que había pedido unas bebidas al viejo Angus y que este, en el más vil acto de insolencia, la había ignorado
— Y Lord Imbécil les creyó
— No, hizo algo peor
— ¿Qué hizo?
— Pues, mi madre le explicó a Lord Imbécil cómo habían sucedido los hechos y, supongo, conociendo como es su futura suegra, él le creyó a mi madre y le intentó explicar a la señora Arpía que los empleados de la campiña tienen sus tareas asignadas y que el viejo Angus era inocente
— Creo saber por dónde va este asunto
Me cruzo de brazos y suelto un bufido.
— Se suponía que el asunto había quedado ahí; le trajeron sus bebidas a la señora Arpía, unos aperitivos y les asignaron a dos sirvientas por el resto de su estadía — nos miramos — En algún momento esas dos arpías debieron de haber hablado y en la intimidad de la habitación de Lady Sophia, ella debe de haber hablado con Lord Imbécil, porque al día siguiente Angus y mi madre fueron llamados a la oficina de Lord Imbécil y pues… — aprieto la mano de George — Mamá tomó toda la responsabilidad, lo hizo para que el viejo Angus no perdiera su trabajo porque es demasiado viejo como para conseguir uno nuevo
— Pobre de tu madre…
— Lo fue, este lugar lo era todo para ella y los empleados eran su familia… — baja la mirada — Así que mi madre armó las maletas y se fue, ahora trabaja vendiendo mermeladas en la puerta de la casa, entenderás que no es fácil conseguir trabajo cuando has sido despedido por la familia que es prácticamente dueña del pueblo
— Dímelo a mí…
Asiento con la cabeza, George solo me dedica una sonrisa comprensiva.
— En fin… — sonríe — El punto es que todos aquí sabemos que ese imbécil es capaz de echarnos a todos a la calle si su linda novia se lo pide
— Realmente es un imbécil
— Lo es… — George me toma de las manos — Y tú tienes el arma perfecta para evitar que eso suceda, tú eres la única persona que puede salvarnos a todos de un pésimo destino como empleados de esas Arpías — bajo la mirada — Además, no hay nada que me vaya a gustar más, que ver a Luke Nightingale sufrir al darse cuenta de que su amada novia no es más que una desgraciada que se quiere casar con él por interés mientras se acuesta con otro hombre
— No lo sé… — suelto sus manos — Es que… no creo que esté bien… no quiero causarle daño a una persona que no me ha hecho realmente nada malo, no quiero causarle daño a una persona solo por placer…
— Le haces más daño callándote lo que sabes, porque él se casará con una mujer que no lo ama y que solo lo quiere por ser millonario y tener un título — bajo la cabeza, él tiene un buen punto — ¿Crees que ella le será fiel una vez que se casen? — niega con la cabeza — Serías muy ingenua si lo crees — le miro — Dices que eres una persona buena que hace cosas buenas, pues has algo bueno
— Tengo miedo
— Pues por cobardes como tú es que a las personas malas siempre les suceden cosas buenas…