La rara sensación me hace despertar, mi estómago se revuelve, lo retengo y corro hacia el baño. Las náuseas mañaneras son un problema. Termino de vomitar y me lavo los dientes. Lo bueno es que nadie a sospechado de mis síntomas, la mayoría del tiempo me quedo sola. Aliviada me doy la vuelta para salir, pero voz y presencia me detienen. — ¿Estás bien? Te ves pálida. —Sí, estoy bien —miento. — ¿Por qué vomitas? No cree en mis palabras. Se acerca y me observa más de cerca. —No es nada. En la mañana comí algo caducado, no me fije —miento. —Bien… Arreglé una cita con los socios sobre tu deuda, ellos están de acuerdo en hacer un acuerdo. — ¿Enserio? Eso quiere decir que viajaras —pregunto. —Sí, tengo que ir a Canadá a arreglar lo de la deuda. — ¿Por cuánto tiempo? —Una semana. No dig

