*Narra Henry* –Ya dejemos este juego de mierda. –me dice empujándome nuevamente al mueble del salón y saltándome encima para devorar mis labios sin piedad. Con una de mis manos enredo su cabello oscuro y con ese agarre echo hacia atrás su cabeza para abrirme camino hacia su cuello, un dulce gemido escapándose de su boca seguido de un vaivén diabólico de sus jugosas caderas sobre mi encendieron cada célula de mi cuerpo que arde en una mezcla peligrosa de ganas y celos. Alejandra es la misma furia de la naturaleza encarnada en un cuerpo de mujer. Mi lengua degusta el sabor y la textura de su cuello en medio de sus gemidos y respiraciones erráticas que pegaban en mi nuca, como los barcos que se adentran en los confines del mar en medio de las enormes olas que amenazan con hundirlos en sus

