*Narra Alejandra* –Buenos días...–La voz de Noah en la penumbra del... ¿amanecer? me despierta de pronto. Mi rostro se sonroja al instante porque no recordaba que él estaba con nosotros en este sitio–. ¿Café? El castaño saca una taza de la alacena que llena con el líquido oscuro mientras me hace señas de si deseo azúcar a lo que niego, para luego acercarse a mí ofreciéndome la bebida caliente y una silla al lado suyo en el pequeño balcón del piso de Henry, contemplando la nueva mañana. –Buenos días –respondo pasmada por la vergüenza de recordar que el día de ayer no salimos de la habitación para nada y dejamos a su hermano solo, no nos medimos con el tema del ruido ni nada parecido, al contrario, además por todo lo que pasó entre nosotros, si es que de alguna manera puedo decir que hubo

