CAPITULO 8

4181 Words
NARRA WENDY Los días entre semana pasan deprisa. Estoy casi todo el tiempo en la universidad y no doy abasto con los apuntes. Entre Tiffany y yo tratamos de llevarlo todo al día pero es tanto que a veces no somos capaces. El sábado pasado me acosté con Josh y el domingo después de decirme que no iba a repetirse, me besó en la piscina. Hoy ya es miércoles y he quedado con Tiff en ir a su apartamento a dormir esta noche, para estudiar para el examen que tenemos el viernes. Cojo mi portátil nuevo y lo meto en la mochila junto con los libros y el pijama. Tocan mi puerta pero cómo tengo las manos ocupadas, digo que pasen. Josh entra y me mira extrañado al ver que estoy vestida y preparando la mochila. — ¿Dónde vas? — Esta noche duermo en casa de Tiff. Tenemos un examen el viernes y vamos a estudiar. — Ah. Vaya… había pensado que podríamos ver una película después de cenar — parece decepcionado. — ¿Puede ser mañana? —pregunto acercándome a él y sonriendo. — Claro, mocosa. No te preocupes, de todas formas había pensado en llamar a las gemel… en salir a tomar algo. — Josh, puedes follarte a quien quieras. No estamos juntos, no hace falta que inventes cosas. — Vale. Mejor —gruñe saliendo de mi habitación claramente enfadado. Ruedo los ojos y vuelvo para terminar de guardar lo que necesito. Me pongo la mochila y después de echar un último vistazo, salgo y voy al salón. Me despido de mi hermano con un beso y con un “adiós” para Josh antes de marcharme, ignorando por completo su cara de cabreo. NARRA JOSH Salgo de su habitación y camino hasta la sala, dejándome caer en el sofá. Me cago en la puta, yo quería ver una película con ella no llamar a esas zorras, no sé ni por qué lo he dicho. Pero supongo que es lo mejor… Veo cómo le da un beso a su hermano y se despide de mí con un simple “adiós”. Pues muy bien, adiós. — ¿Qué hacemos esta noche, hermano? Necesito diversión. — Es miércoles, tío. Mañana tenemos que estar en el concesionario a las ocho, te recuerdo que tienes que arreglar el M3 de ese empresario italiano. — Bien, llamaré a las gemelas entonces. ¿Te interesa? —giro la cabeza para mirarle con una sonrisa traviesa. El me la devuelve pero niega con la cabeza. — Vamos, ¿cuánto hace que no follas? — Pues lo mismo que tú. Desde la fiesta del sábado —si él supiera… — Pues eso, cuatro días ya —suelto un bufido como si hubiera pasado una vida entera. — Venga vale, que vengan —ríe dándole un trago a la cerveza—. Pero yo me quedo con Vicky esta noche. No me apetece follar, solo quiero que me la chupe e irme a dormir. Jenna es demasiado dramática. — No me jodas, tío. Me follé a Jenna el sábado, hoy es tuya. Me toca con Vicky. — Mierda, vale. Veinte minutos después tocan el timbre. Rick me sonríe con complicidad y se levanta, abre y se acerca a una de ellas, Vicky. El otro día, mientras follaba con Jenna, y después de más de dos años, me di cuenta de que tiene una pequeña peca en la esquina de la ceja derecha. Tiene que haberle salido hace poco porque si no la habría visto antes. He observado demasiadas veces su cara mientras me corro sobre ella como para no haberlo notado. Hago un gesto con la cabeza a Rick, haciéndole saber que esa es Vicky y esta noche es para mí. El refunfuña algo pero en seguida se le pasa cuando Jenna agarra su polla con una mano mientras tira de su camiseta con la otra. Cojo a Vicky de la mano y la arrastro hasta el sofá. Jenna hace lo mismo con él, solo que en el de en frente. Vicky se sienta a horcajadas sobre mí y devora mi boca con impaciencia. La separo de mí un segundo y me incorporo aún con ella sobre mí para coger el porro que acababa de hacerme antes de que llegaran. Lo pongo en mi boca para encenderlo pero me lo quita y lo coloca en la suya. Enciendo el mechero y se lo acerco para que prenda el porro. Da varias caladas cortas y una larga después, retiene el humo y me lo pasa. Doy un par de caladas y la sujeto de la cabeza atrayéndola hasta mi boca. Expulso el humo por la nariz, mientras la beso, y de un movimiento rápido me deshago de su camiseta y dejo expuestas sus perfectas tetas de silicona. Nunca llevan sujetador, ninguna de las dos, y eso es algo que me pone demasiado. Ella quita la mía y me besa el cuello, descendiendo después por mi pecho. Se levanta para quedar de rodillas y frotar su mano contra mi erección, por encima del chándal. Miro a los otros dos y Jenna ya está completamente desnuda sobre Rick. El tira de su pelo mientras muerde su cuello y ella salta sobre él. Esto no es algo nuevo para nosotros. Desde que conocimos a las gemelas y a Alice, nos acostumbramos a follar uno delante del otro, ya que a ellas les pone mucho y les gusta intercambiarnos tanto como a nosotros con ellas. A Jay y a Tom les conocemos desde siempre pero ellos también se acostumbraron a toda esta mierda al mismo tiempo que nosotros. Me refiero a las carreras, peleas, drogas… Gracias a Alice conocimos a los gilipollas de sus hermanos, Connor y Jackson, y gracias a ellos conocimos las carreras y las peleas. Nos odian por follarnos a su hermana, ¿pero que quieren?, ella está demasiado buena como para rechazarla. Vicky recorre mi polla con su lengua, se la mete en la boca y se la saca una y otra vez. Estoy a punto de levantarla para que me folle cuando ella misma lo hace. En lugar de sentarse sobre mí, se quita los pantalones, dejando a la vista la ausencia de ropa interior. Guarra. Me mete le lengua hasta la garganta y me guiña un ojo dándose la vuelta. Observo el movimiento de su culo cuando camina hasta donde está su hermana. Se besan y después Vicky se va con Rick y Jenna viene hacia mí. El me mira y ríe, demasiado familiarizado con esta situación, antes de sacarme la lengua porque finalmente será él quien se folle a Vicky. Cabrón. Jenna se sienta sobre mí, inmediatamente después de colocarme el condón. Me introduzco en ella con rapidez y comienza a botar sin control. Segundos después, escucho los gritos de Vicky. Me levanto con Jenna para dejarla de pié y darle la vuelta, aprieto sus tetas también operadas, y la llevo hasta el ventanal para que apoye las manos. Se la meto desde atrás de manera brusca e inmediatamente comienza a gemir. Vicky se corre provocando que Rick haga lo mismo. Yo sigo empujando a Jenna varios minutos más. Giro mi cabeza a un lado y veo a Rick sentado en el sofá, completamente desnudo y sudando, y a Vicky caminando hacia mí. Él se enciende un cigarro y observa la escena, divertido, mientras juega con su móvil. Vicky besa mi cuello mientras sigo follándome a su hermana, sé que quiere volver a correrse. — Tío, no la satisfaces —río mirando a Rick—. Siempre viene a mi después. — Es demasiado viciosa, ni después de correrse con los dos se queda a gusto. — Me conocéis bien —murmura Vicky con voz melosa, pasando la lengua por mi oreja. Bajo mi mano por sus tetas, introduciéndole dos dedos mientras froto su clítoris. Ella me muerde la oreja y eso provoca que aumente el ritmo de mis embestidas. Poco después, Jenna se corre gritando como una gata en celo, es la más escandalosa, cosa que me pone muy duro. Vicky la sigue de cerca, corriéndose con mis dedos aun dentro, y por último yo. Camino hasta el sofá y cojo mis pantalones para después ponérmelos. Dejo los bóxers en el suelo ya que voy a ir directo a la ducha. Los cuatro nos sentamos, ellas dos aún desnudas, y nos fumamos un par de porros más mientras hablamos de la última pelea que tuve con Chad el domingo. Me atizó bien al principio pero yo soy más rápido así que termine por dejarle inconsciente, llevándome los diez mil pavos de las apuestas. Una media hora después, ellas se levantan y se visten. Nos dan un beso en los labios a los dos y se marchan. Esa es otra cosa que me gusta, otra de las cosas por las que siempre volvemos a ellas: no es necesario echarlas. Normalmente. Si se quedan con las ganas pueden llegar a ponerse muy pesadas, pero si quedan satisfechas, en seguida se largan. — Me voy a duchar y a la cama, hermano —digo chocando mi puño con el suyo al pasar. — Yo igual —se levanta y apaga el último porro de la noche—. No te duermas por la mañana. — No, papá —respondo cerrando la puerta detrás de mí. NARRA WENDY Aparco el coche dos calles más allá de la casa de Tiff. Cojo mi mochila y un pañuelo para el cuello, y salgo a la fría noche de San Francisco. — Su puta madre, que frío hace —bufo comenzando a caminar. Paso por delante de una tienda con el nombre “Joseline” y ese idiota viene a mi cabeza. Lo sé, no tiene nada que ver “Josh” con “Joseline”, pero es inevitable que me recuerde a él. Cuando ha entrado en mi cuarto y le he dicho que no dormía en casa, me ha sorprendido la cara de decepción que ha puesto. La verdad es que me han dado ganas de llamar a Tiffany y decirle que me quedaba en mi casa, pero después lo he pensado bien y me he dado cuenta de que es mejor mantener las distancias. La tentación es demasiado grande. Veo el edificio de mi amiga al otro lado de la calle. Bueno, edificio no, es más bien una casita con dos plantas, pintada de azul y con ventanas blancas. Cruzo por el paso de cebra y toco el timbre. — ¡Winni! —me recibe con un abrazo, emocionada. — Hola a ti también —río. — Hola, preciosa —Jordan aparece por detrás. Mierda, se me había olvidado que vivía con su enorme primo. Digo enorme porque, joder, es gigante. Debe medir al menos cuatro metros. Puta exagerada… Tal vez menos, pero vamos, alto, muy alto. — Hola, Jordan —respondo con una sonrisa. Tiffany tira de mí para entrar, me hace un gesto para que me siente en el sofá y yo obedezco antes de sacar el portátil y los libros. — ¿No vas a enseñarle la casa? —pregunta su primo, mirándonos desde el umbral que separa la zona de la entrada y el salón. — Después se la enseñas tu, que seguro que te presta mas atención que a mí — responde ella con picardía. — ¡Tiff! —le lanzo una mirada asesina mientras siento cómo me ruborizo. A Jordan no me atrevo ni a mirarle. — Es broma, joder. ¿Lo has traído todo? —me pregunta. — Sí. ¿Dónde hay un enchufe? —veo de reojo que él ya se ha ido. — Ahí, debajo de la mesilla —enchufo el portátil donde me indica y lo enciendo. — Voy a por mis cosas —dice ella desapareciendo por el pasillo. Me levanto y camino por el salón mirando las fotografías. Veo a Jordan en algunas, junto a dos personas mayores que supongo serán sus padres, y a Tiff en otras, junto a los suyos. — ¿Qué te apetece cenar? —me giro al escuchar una voz masculina. Está apoyado en la pared de la sala, con una pierna flexionada y fumando un cigarro. — Mmm…no sé. ¿En qué habíais pensado? — ¿Sinceramente? — Sí —río. --Íbamos a pedir una pizza, pero si te apetece otra cosa puedo cocinar. — ¿Sabes cocinar? Se acerca expulsando el humo y cuando está en frente de mí, sonríe y me ofrece el cigarro. — No hay nada que yo no sepa hacer, preciosa —lo acepto y voy a responder cuando aparece Tiffany. — Una pizza está bien —digo mirándolos a los dos. — ¡Sí, pizza! —grita ella. — Vale, voy a llamar —dice Jordan desapareciendo en la cocina. Hora y media después ya hemos terminado de cenar y estamos recogiendo los restos de patatas fritas que han caído en el suelo. Jordan nos da las buenas noches y se marcha a su habitación. Está en el último año de universidad y tiene los exámenes trimestrales pronto al igual que nosotras, así que también tiene que estudiar. — Dios, me muero de sueño —lloriqueo haciendo pucheros y dejándome caer en el sofá. — Venga, solo son las tres de la madrugada. — Solo dice… te recuerdo que tenemos clase en cinco horas. — Venga, media hora más y te dejo dormir —tira de mí para que me levante. — Joder, vale, pero voy al baño. — Date prisa. Ruedo los ojos y me arrastro, no literalmente, hasta el allí. Me mojo la cara y la nuca para espabilarme, aunque no lo consigo. — ¿Qué estas haciendo, Wendy? —miro mi propio reflejo en el espejo. ¿Qué habría pasado si en vez de venir, me hubiera quedado en casa con Josh? ¿Estará pensando en mi como yo en el? Dios, parezco gilipollas. Sacudo la cabeza para apartar a ese idiota de ella y abro la puerta para salir, con tan mala suerte que me doy de frente con Jordan. Él se lleva la mano al pecho y yo a la nariz, tengo que mirar hacia arriba para verle. Debe de sacarle media cabeza a Josh y a mi hermano. ¿Vas a dejar de pensar en él en algún momento? — Lo siento, ¿te has hecho mucho daño? — No, tranquilo —respondo con voz nasal, aun con la mano en mi nariz. Su puta madre, decir que me duele es poco. Joder, creo que me la he roto. Exagerada. — Déjame ver —levanta mi barbilla con suavidad—. No sangra, así que sobrevivirás —sonríe. Lleva un pantalón de pijama y una camiseta negra de manga corta. Se nota que tiene el mismo sueño que yo pero sigue estando guapo. — ¿Es que eres médico también? —le pregunto devolviéndole la sonrisa. — Mmm, tal vez —pone una expresión pensativa. — Veamos, ¿y qué mas sabes hacer? —decido jugar un poquito. — Todo lo que necesites. — ¿Ah, si? — Sí. ¿Quieres una demostración? —da un paso hacia mí. — ¡Winni! —ambos miramos a las escaleras, de donde proviene la voz de Tiff. — ¡Voy, pesada! —bufo. — ¿Ya os vais a dormir? — Eso espero. Tu prima quiere que mañana vaya zombi a clase. — Te creo, así es ella —ríe. — ¿Y tú? ¿Qué tal llevas los exámenes? —pregunto. — Bien. Se me da bastante bien estudiar, no necesito muchas horas aunque tengo una asignatura que me está jodiendo. — ¿Cuál? — Francés. — ¿En serio? — Sí. ¿Por qué? ¿sabes hablar francés? — Bueno no sé, a lo mejor los cuatro años que estuve viviendo el París han servido de algo —sonrío con orgullo y arrogancia. Él también sonríe y apoya una mano en el marco de la puerta, acercándose más a mí. — ¿Me ayudarías? —baja el tono de voz. — ¿Hablas de darte clase? — Claro. Te pagaría, por supuesto… de la manera que tú prefieras. — Pas besoin de me payer. Je vais vous aider enchanté. (No es necesario que me pagues, te ayudaré encantada) — Joder, no sé qué coño has dicho pero ha sonado tan sexy —dice con voz seductora. — He dicho que te ayudaré pero que no hace falta que me pagues —río colocando una mano en su pecho para mantener las distancias. — Bueno, eso ya lo decidiremos. ¿Me das tu número? — ¿Mi numero? — Claro. Si vas a ser mi profesora de francés necesitaré tu número para quedar. — Ah, claro… — Ven conmigo —tira de mi mano y me lleva hasta su habitación. Coge su teléfono de encima de la cama y lo desbloquea para dármelo después. Apunto mi número y mi nombre pero me lo quita y borra mi nombre para cambiarlo. — ¿Sexy profe de Francés? —pregunto enarcando una ceja. — Sí —sonríe—. Es lo que eres, mi sexy profe de francés. Cando suena el despertador a la mañana siguiente, solo deseo matar a Tiffany con todas mis fuerzas por obligarme a estudiar hasta las cuatro. Pero como no puedo hacerlo desquito mi furia con su despertador, lanzándolo contra la pared. Se calla de inmediato y las pilas salen disparadas. — Vaya, buen brazo profe —Jordan entra en la sala con una tostada en la mano. Al final nos quedamos dormidas por puro cansancio y estamos cada una tiradas en un sofá. Ella con la cabeza medio colgando y la boca abierta. — ¿Tienes mermelada? —le pregunto a él. — Que miedo me das —ríe—. Espera. Vuelve a los pocos segundos con un bote de mermelada de mora en las manos, lo abre y me lo da. Me acerco con cuidado a Tiffany, aunque la verdad es que parece que no se despertaría ni con una bomba. Unto el dedo y se lo paso por toda la cara. Jordan ríe a mi espalda y yo hago lo mismo. Ella se revuelve y se lleva la mano a la cara, pringándose de inmediato. Los dos estallamos en carcajadas mientras ella abre los ojos y se levanta. — La madre que te parió —murmura cuando se da cuenta de lo que es— ¡Ven aquí! —se levanta y corre tras de mí. Me resguardo detrás de Jordan y ella se restriega contra él, manchando su camiseta. — Creo que Wendy se está vengando por hacerla estudiar hasta tan tarde anoche — dice él. En lugar de enfadarse porque su prima le ha machado, se la quita y se la deja para que termine de limpiarse la cara. Veo que tiene un tatuaje tribal sobre el pectoral derecho. — ¿Te gustan los tatuajes? —pregunta cuando ve que se lo estoy mirando. — Sí, bastante. ¿Qué significa? — Nada en especial, me lo hice con dieciséis años, locuras de adolescentes. NARRA JOSH Apago el despertador deprisa para que no me taladre y me levanto sin muchas ganas, voy al baño y me lavo la cara. Rick abre la puerta de mi cuarto para decirme que me de prisa, pero lo único que recibe por mi parte es mi precioso dedo del medio dándole los buenos días. Me pongo unos vaqueros y una sudadera marrón y voy a la cocina. — Vamos, hermano. Siempre llegamos tarde por tu puta culpa —gruñe cuando me como la manzana tranquilamente. — Relájate, tío. Eres el jefe. Termino de arreglar el deportivo del empresario y me limpio la grasa de las manos en el mono azul de trabajo. Paso un trapo por mi cara para quitar el sudor y vuelvo a lanzarlo contra la mesa. Mando a mis trabajadores que limpien el vehículo y lo enceren ya que el tipo vendrá a recogerlo por la tarde. Salgo del taller y voy hacia el despacho de Rick. Cuando entro está hablando por teléfono, así que saco un cigarro y me siento. — Levántate del puto sofá. Me costó cuatro mil pavos y lo estás llenando de grasa, joder —dice cuando cuelga el teléfono. — Deja de gruñir —me levanto para no escucharle. — ¿Ya has acabado con el coche del italiano? — Sí. Están poniéndolo a punto. — Vale. — ¿Con quién hablabas? — Con Jay. — ¿Qué huevo se le ha roto? —río. — Me ha dicho que sobraron muchas bebidas el sábado pasado y podríamos juntarnos en casa esta noche. — De puta madre. Le diré al jefe que me dé el día de mañana libre. — Si solo trabajas por la mañana, mamón —dice riendo conmigo. — Ya, pero no pretenderás que venga al trabajo colocado. Igual me confundo de cable y le corto los frenos a alguien. — Que te den, vas a hacer lo que te dé la gana de todas maneras. Dile al menos a tus chicos que se encarguen del trabajo. — Esta hecho —respondo saliendo de su despacho para ir al taller. NARRA WENDY Entro a casa y lo único que pienso es en ser capaz de llegar hasta mi cama y dormir hasta mañana. — Hola, hermanita. ¿Qué tal anoche? —me pregunta Rick cuando paso por delante de su habitación. — Muerta —suspiro apoyándome en el marco de la puerta—. Estuvimos estudiando hasta las cuatro de la mañana así que apenas he dormido tres horas. Voy a darme una ducha y a acostarme hasta mañana. — Son las cinco de la tarde, Wen, tendrás que levantarte a cenar por lo menos. — Paso —digo dándole un beso—. No hagáis mucho ruido. — Ya… eso no va a ser muy posible… —se rasca la nuca, incómodo. — ¿Por qué? — Porque esta noche vienen unos colegas —dice Josh, saliendo de su habitación. Miro a mi hermano, que me sonríe como un cachorrito, y suelto un suspiro. — Joder, Rick, es jueves. ¿No podéis aguantar hasta mañana? — No, no podemos —Josh camina hacia la cocina. — Que te den por el culo, Josh. — ¡Eso es lo que tú quisieras! —grita desde allí. — ¡No le sigas el rollo! —mi hermano mira en su dirección y después a mí— Lo siento, enana, pero Jay llamó y ya no puedo decirle que no. ¿Qué te pasa con Josh? —se acerca y habla en voz mas baja. — Nada, que es gilipollas —ruedo los ojos. — Por favor, haz el esfuerzo de llevaros bien —dice con voz suplicante. — Buf, no es fácil —finjo pesadez—. Es insoportable. — Wendy, es importante para mí —se pone serio y yo hago lo mismo. — Está bien, pero creo que esto deberías decírselo también a él. — Lo haré —sujeta mis mejillas y me da un beso en la frente—. Ahora ve a descansar, si después quieres algo de cenar, podemos pedir pizza. — Vale, me pondré los cascos para poder dormir —me lo agradece con la mirada y cada uno seguimos nuestro camino. Me quito las botas y la camiseta, después los pantalones y finalmente la ropa interior. Entro en el baño y me rodeo con una toalla mientras enciendo el grifo. Iba a ducharme pero un baño de burbujas me relajará. Mientras espero a que se llene, voy a la cocina a prepararme un sándwich porque el agua me da hambre y se que después querré comer algo. Josh está tomando un zumo mientras lee una revista de coches, sentado en una banqueta. Cuando entro sin decirle nada y comienzo a prepararme el sándwich, siento sus ojos clavados en mi espalda. Hago como que no me he dado cuenta y sigo con lo mío. De repente sus manos aprietan con fuerza mi cintura y su respiración caliente choca contra mi pelo. — ¿Intentas provocarme? —susurra con voz suave. — Para nada —respondo sin moverme ni un centímetro. Sigue apretando y respirando con dificultad pero no dice nada, así que me giro de manera que nuestros cuerpos quedan muy pegados y su rostro a pocos centímetros del mío. Me mira fijamente y sus ojos son ahora de un verde oscuro. — No es mi culpa que seas un pervertido, Josh —alterno la mirada de sus ojos a su boca. — No juegues conmigo, pequeña —dice antes de soltarme y alejarse caminando marcha atrás. — Igual eso es lo que quiero. Niega con la cabeza mientras sonríe y se da la vuelta para marcharse. Trato de calmar mi respiración y terminar mi bocadillo antes de volver a la habitación y cerrar el grifo, justo a tiempo para que la bañera no se desborde.
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