NARRA JOSH
Entra en la cocina con esa maldita toalla que deja poco a la imaginación, la cual yo ya no necesito después de haber visto lo que esconde debajo de ella. Y con esa ridícula actitud, esforzándose por ignorarme, me pone aún más. Contonea su culo mientras se prepara un sándwich y cuando quiero darme cuenta ya estoy detrás de ella, con mi polla dura apretando su culo. Dice que no intenta provocarme, ¡y una mierda!, es exactamente lo que hace. Es una mocosa muy lista, demasiado. Cuando me dice que tal vez lo que quiere es jugar conmigo, tengo que hacer esfuerzo por no empotrarla contra la encimera. Me doy una ducha y decido matar el tiempo jugando un rato a la Play. Rick pide unas pizzas para que lleguen cuando estén todos aquí, aunque la verdad es que no sé ni quien vendrá. Tampoco me importa una mierda. Jugamos unas cuantas partidas y cuando estoy a punto de terminar la ultima, él se levanta para ir a la cocina y me deja con los dos mandos. Obviamente, estrello su coche y sigo con el mío, intentando batir mi record. Entonces tocan el timbre, pero lo ignoro.
— ¡Josh, abre! —me grita Rick, al cual también ignoro. Continuo concentrado en la ultima vuelta, tan solo me faltan cuatro vueltas y adelantar dos coches.
— ¡Josh! ¡Abre la puta puerta! —repite.
— ¡No puedo!
— Maldita sea, a que te apago la tele —aparece por el salón y se coloca frente a mí.
— ¡Tío, tío! ¡Apártate! —exclamo dándole con la pierna. Empieza a reírse y a moverse para no dejarme ver. Vuelven a tocar y a aporrear la puerta así que va y la abre, dejando entrar a todos. Y no son pocos.
— ¡Me cago en la puta! ¡No se os ocurra poneros delante de la jodida televisión! — me levanto para que no se puedan interferir entre la pantalla y yo. Todos ríen y me vacilan unos segundos pero terminan sentándose y mirando cómo adelanto a todos los coches del “Need for speed”. Cuando termino le tiro los mandos a Jay y a Tom, justo cuando Vicky vuelve de la cocina con unas servilletas para la pizza y se sienta junto a mí. Tira un poco de mi camiseta para apartarme de Jenna, a la que estoy besando, para besarme ella. Rick me da la bolsita de marihuana para que me haga un porro, y tres cigarros, uno para mí y los otros dos para las gemelas.
— ¿Jay, dónde has dejado las botellas? —le pregunta Dany.
— En el mini-bar —dice sin apartar la vista de la pantalla. Aparte de Tom, Jay y las gemelas, han venido Dany, Alice y Shane. Abrimos una botella de ron y dos de whisky y servimos unas copas en los vasos de cristal. Vicky pone su CD de perreo guarro y comienza a contonearse con su hermana, poniéndomela igual de dura que al resto, al mismo tiempo que Alice se levanta y se une a ellas. Seguimos bebiendo y fumando un rato más, mientras vamos turnándonos para jugar con la Play.
— Se te da tan mal como follar —Shane molesta a Jay.
— ¿Es que habéis follado y yo me lo he perdido? —río dándole un empujón al segundo para que su coche se salga de la carretera.
— ¡Cabrón! —lanza el mando en el sofá y se tira sobre mí. Me da pequeños puñetazos mientras todos reímos, hasta que le sujeto por los brazos y el hago girar, colocándome sobre él.
— Perdóname la vida, cariño —río sin parar quitándome de encima de su cuerpo.
— Que te jodan.
— Que mal perdedor eres —le dice Jenna. Él saca una bolsita transparente y derrama el polvo blanco sobre la mesa de cristal, hace nueve rayas, una para cada uno, e inhala la primera con el tubo estrecho que también ha sacado del bolsillo. Se lo pasa a Rick y comienza una nueva partida. Ya son las once y la mocosa no ha salido de su habitación, así que imagino que estará dormida y ya no lo hará. La verdad es que la sola idea de imaginarla tumbada en su cama, respirando relajadamente y con esos pantalones cortos de pijama, me produce ganas de dejar a todos aquí y encerrarme con ella. Gracias a Dios, tengo a Jenna que se acerca a mí mientras baila, con su mirada ya me lo dice todo. Sonrío mientras acepto su mano para levantarme y bailar con ella. Meto una pierna entre las suyas y me dejo llevar por la música mientras la beso con suavidad. Seguimos así un rato más, bailando, bebiendo, fumando, una raya por aquí, otra por allá, toqueteo con Jenna, besos con Vicky, caricias con Alice… hasta que suena el timbre.
NARRA WENDY
Me despierto a las diez y media de la noche porque su asquerosa música taladra mis oídos. Y digo asquerosa, no porque no me guste, sino porque sé que las responsables son esas dos putas idénticas. Subo la de mis auriculares y me tapo la cabeza con la almohada, pero los gritos y las risas traspasan mis oídos así que decido salir a ver que cojones están haciendo para armar tanto escándalo. Avanzo por el pasillo deseando y rezando para no encontrarme con lo que sé que me voy a encontrar. Efectivamente, mi hermano fumando y dejándose besar por la rubia de piernas largas, Alice creo que se llamaba. Jay y otro chico jugando a la Play, dos chicos que no conozco sentados en el sofá, uno de ellos metiéndose una raya y otro devorando con los ojos a las zorras gemelas. Vaya, ¿y quien está entre ellas? Josh. Bailando con una por delante y otra por detrás, apretándola contra su erección y devorándola como si no hubiera un mañana. Hijo de puta. Vuelvo a mi habitación sin que ninguno me vea y camino de un lado para el otro, enfadada y nerviosa, impotente.
— ¡Idiota! ¡Agh! —grito como una energúmena tirando los cuadernos y el estuche que hay sobre el escritorio, al suelo. Enciendo la televisión para distraerme pero la apago a los pocos minutos, no me sirve. Cojo una revista pero más de lo mismo, tampoco me sirve. Entonces, cuando estoy a punto de tirarme por la ventana o volver al salón y sacarlas de los pelos, mi teléfono suena. 14156768969: ¿Qué hace mi sexy profe de francés? Espero no pillarte dormida. J.
Yo: ¡Hey! Que va, me he echado una siesta de cuatro horas y mi hermano ha montado una maldita fiesta en casa, así que creo que me darán las tantas…
Jordan: Vaya… ¿y tú que haces?
Yo: Pues nada, en mi habitación, buscando maneras de distraerme. Aunque ninguna me ha funcionado de momento.
Jordan: ¿Quieres que vaya?
Yo: ¿Ahora?
Jordan: Sí, puedo ser una buena distracción. Y puedes ayudarme con el francés, si quieres.
Yo: Vale, te espero. ¿Por qué no? Jordan es realmente agradable —además de guapo—, y será divertido ver la cara de Josh. A los pocos minutos tocan el timbre. Me miro en el espejo antes de ir hacia el salón, arreglo mi pelo un poco y me sonrío a mi misma. Llevo el pantalón largo de pijama y una camiseta de tirantes con las letras de la universidad, no me he cambiado porque tampoco quiero que Jordan piense que me arreglo para él… Entro en el salón, esforzándome por no mirar demasiado y veo a Rick abriendo la puerta.
NARRA JOSH
Rick se levanta para abrir la puerta justo cuando Wendy aparece por el salón. Sin saber por qué, me separo un poco de las gemelas y me concentro en quién vendrá a estas horas. Es un chico, el mismo que, junto a sus amigos, nos separó a Rick y a mí de los Andrews en la fiesta.
— ¿Está Wendy?
— ¿Quién coño eres tú? —le pregunto yo antes que Rick.
— Es Jordan, mi amigo. Voy a darle clases de francés —Wendy se acerca deprisa y tira de su mano para que entre.
— Hola, preciosa —le dice él, dándole un beso en la mejilla
— ¿Qué horas son estas para dar clases, Wendy? —Rick se cruza de brazos.
— Bueno, ya que vosotros no la dejáis dormir he venido para ayudarla a distraerse —el gilipollas responde por ella, con una enorme sonrisa.
— Te la estás jugando —digo acercándome a él.
— Deja esa mierda ya, Josh —Wendy se coloca en medio y me empuja. Jordan sonríe y me guiña un ojo. Cierro los ojos y suspiro para no perder la paciencia, pero no lo consigo. Cuando voy a lanzarme a por él, Rick me sujeta para que me calme.
— ¿No pensareis meteros en tu habitación..? —le pregunta a su hermana
— A no ser que eches a estas guarras y acabes esta maldita fiesta… —mira hacia todos nuestros amigos— sí, es exactamente lo que pienso hacer —suelto un bufido y Rick se restriega la cara.
— Mierda, Wendy, ¿podemos hablar un momento? — Vale —responde a su hermano rodando los ojos—, ahora vuelvo. Desaparece con el mamón por el pasillo y yo miro a mi colega.
— Ese es el primo de Tiffany.
— ¿Cómo lo sabes? —me pregunta.
— Lo sé y punto. ¿De verdad vas a dejar que se meta con el en su cuarto? —va a responder cuando ella aparece de nuevo.
— ¿Y bien? —dice cruzándose de brazos a la defensiva.
— ¿Cuántos años tiene? —vuelvo a adelantarme a Rick.
— Los mismos que tú. Está en el último año de universidad.
— ¿¡Cómo!? — ¿La cocaína te deja sordo o qué? —da un paso hacia mí, enfadada.
— Mocosa, no se te ocurra…
— Josh, esto es cosa mía —me interrumpe Rick—. No sé cómo has conocido a un tipo cuatro años mayor que tú ni quiero saberlo…
— Yo sí —digo sin poder evitarlo. Los dos me miran mal así que vuelvo a callarme.
— Cómo iba diciendo, no me hace ni puta gracia que te metas en tu habitación con él.
— Bueno —se encoge de hombros—, a mí no me hace ni puta gracia que conviertas esta casa en la cueva de la lujuria y el pecado y aquí estamos. La vida es dura, hermano —se da la vuelta y se marcha para su habitación.
— ¿¡Vas a dejarla que haga lo que le dé la puta gana!? —grito señalándola.
— ¿¡Y qué quieres que haga!? Me desespera, joder —responde Rick acercándose a la mesa. Coge el estrecho tubo de plástico e inhala una línea de polvo blanco. Yo me acerco y hago lo mismo, esa niñata me ha jodido la puta noche.
NARRA WENDY
Cuando vuelvo a mi habitación veo a Jordan mirando por el ventanal, se gira cuando me oye entrar.
— Guau… ¿todas las fiestas de tu hermano son así? — Sí, es un asco —cierro la puerta y me siento en la cama.
— Bueno, tiene sus ventajas.
— ¿Cómo cuáles? — Cómo que si no fuera por ellos, yo ahora no estaría aquí —se acerca hasta el borde del colchón.
— Cierto —sonrío—. ¿Te apetece tomar algo?
— ¿Qué me puedes ofrecer? —pregunta serio y con voz seductora.
— Lo que quieras —respondo con el mismo tono de voz. Tira de mi mano para que me coloque de rodillas sobre la cama, se acerca y rodea mi cintura con una mano. Con la otra aparta un mechón de mi pelo y se acerca a mi oreja.
— Una copa de ron con naranja, por favor —susurra.
— Bien, ahora vuelvo. Ponte cómodo. Salgo de la habitación y sacudo la cabeza por el calentón momentáneo y absurdo. Está aquí para que le dé clase de francés y punto. Entro en el salón, ignorando las miradas fulminantes de mi hermano y de Josh, y voy a por una botella de ron que hay sobre el mini-bar. Rick hace amago de levantarse pero Josh le dice algo y es él quien se levanta y camina hacia mí.
— ¿Dónde te crees que vas con esa botella? —sujeta mi muñeca.
— A mi habitación —respondo con tranquilidad—. ¿Algún problema? — Sí, que esa botella no es tuya y mucho menos de ese maldito mamón que tienes allí.
— Bien. No te preocupes, tengo dinero de sobra como para irme a beber a cualquier otra parte. Antes de que responda, dejo la botella y vuelvo a mi cuarto. Entro dando un portazo y Jordan levanta la vista hacia mí.
— Ey, cálmate —da unos pasos para acercarse— ¿qué pasa? — Nos vamos —le dejo a un lado y voy al armario.
— ¿A dónde? — A tomar por el culo lejos de esta casa.
— Genial —sonríe. Me quito los pantalones y la camiseta bajo la mirada lujuriosa de Jordan. Se que no está perdiendo detalle de mi cuerpo pero me da igual, este chico me gusta y no le debo nada a nadie. Me pongo un vestido rojo sin tirantes, unos tacones negros y una chaqueta de cuero.
— ¿Voy bien así? —coloco las manos en las caderas y le miro.
— Buf. ¿Tengo que responder? —pasa la lengua por sus labios.
— Ya lo has hecho —sonrío.
— ¿Sabes que tu hermano y ese otro tío no te van a dejar salir así como así, verdad? — Tendrán que joderse porque pienso hacer lo que me de la gana. Cojo mi cartera y la abro para asegurarme de tener dinero. Bien, ochenta pavos. Entro al baño un segundo para ponerme un poco de rímel y pintarme los labios a juego con el vestido y cojo la mano de Jordan para salir del cuarto. Cuando entramos en el salón, todos nos miran, incluidas las gemelas y sus amigos.
— Rick, me voy —digo de camino a la puerta. Veo cómo Josh le mira con los ojos muy abiertos esperando que me diga algo. Los dos se levantan y caminan hacia la puerta, yo suspiro impacientada.
— ¿Y ahora qué? —me cruzo de brazos con Jordan a mi lado.
— ¿¡Qué!? —mi hermano ríe con sarcasmo, mira a Josh y vuelve a mí— ¿¡Cómo que qué!? —señala mi vestido primero y a Jordan después.
— ¿Qué pasa? Vosotros os estáis divirtiendo y yo solo quiero hacer lo mismo, así que dejad de joderme y haceros a un lado.
NARRA JOSH
¿Divertirse? La única diversión que puede tener con ese vestido es pasar la noche sujetándolo para que no se le vea el puto culo. Ni de coña va a salir así vestida con este cabrón.
— Ni de coña vas a salir así vestida, Wendy —digo mirándola de arriba abajo.
— ¿Qué tiene de malo? Yo creo que esta… muy bien —el gilipollas pasa un brazo por su cintura y ambos se sonríen.
— ¿Tú eres Wendy? —pregunto dando un paso hacia él— No. Pues te callas la puta boca.
— Bueno, colega —ríe—, relájate. Solo queremos divertirnos.
— ¡No soy tu colega y ella solo es una niña, puto pervertido! —grito perdiendo la poca paciencia que me queda.
— ¡Mira quien fue a hablar! —Wendy me señala. Abro mucho los ojos mirándola fijamente para que cierre la puta boca. Rick ha fruncido el ceño porque, lógicamente, no comprende a que mierdas ha venido ese comentario. Ella parece darse cuenta porque rápidamente cambia de tema.
— No vamos a hacer nada que no estéis haciendo vosotros.
— Wendy, no vas a salir y punto. Y menos con ese vestido, por el amor de Dios — le dice Rick.
— ¿Es que acaso ellas llevan más ropa? —Wendy mira a las gemelas y a Alice por encima de nuestros hombros.
— Eh, mocosa, a nosotras no nos metas —le responde Jenna.
— No la llames así —todos me miran cuando digo eso que no sé de donde coño ha salido. Pero, mierda, solo yo puedo llamarla así.
— Os meto porque estáis en mi jodida casa —ella finge que no le da importancia, aunque se que sí lo hace—. Y si no os gusta, ahí tenéis la puerta. Joder, debo de estar enfermo o muy colocado porque eso me la acaba de poner dura. Las gemelas son bastante peleonas y no están acostumbradas a que les lleven la contraria y mucho menos a que las desafíen.
— Niña, te voy a decir un par de…
— Eh, Jen, relájate —sujeto a Jenna por la cintura para que no avance más.
— Eso, Jen, metete otra raya y relájate —le dice Wendy mientras Jordan se ríe.
— Ya basta, Wendy. Haz lo que te de la puta gana pero te quiero aquí en dos horas.
— Que sí, Rick. Olvídame. Coge a Jordan de la mano y salen dando un portazo.
— Me cago en… ¿qué coño haces tío? —me giro hacia su hermano— ¿¡No conocemos de nada a ese gilipollas y la dejas que se marche con el!? — ¿¡Y qué quieres que haga!? ¿La ato a la cama o qué? —le da una patada a la silla que tiene delante y se sienta en el sofá, enfadado. Salgo al balcón para fumarme un cigarro y despejarme, y un minuto después les veo salir y montar en un coche. Entro para dentro y camino de un lado para el otro, intentando no ir a por mi coche y seguirles.
— Venga, cariño —Vicky se acerca y me pasa un porro. La miro mal al principio pero cuando me sonríe y mueve las pestañas de esa forma tan particular, la levanto por el culo mientras ella rodea mi cadera y me la llevo a la cocina.
— A esto es a lo que me refería, cielo —dice con voz melosa cuando su culo toca la encimera.
— Se te da bien hacerme olvidar, Vic.
— Se lo que necesitas, cariño —me empuja contra la isla de enfrente, donde desayunamos, y se baja de un salto. Me relamo cuando se quita la camiseta para enseñarme las tetas libres de tela, como siempre.
— ¿Es que nunca lleváis sujetador? —le pregunto cuando se acerca para que se las toque.
— ¿Para qué? No lo necesitamos y así nos ahorramos tiempo —sonríe coquetamente cuando me agacho para lamer uno de sus pezones.
— En eso estamos de acuerdo. Beso sus labios varios segundos hasta que se separa y me da un lametazo antes de agacharse entre mis piernas.
NARRA WENDY
— ¿Dónde quieres que vayamos, muñeca? —me pregunta Jordan cuando para en un semáforo. Dios, estoy tan enfadada con Josh… sé que no debería, que él es un gilipollas desde que tengo memoria pero no sé, me jode saber que puede besarse y follar con cualquiera menos conmigo. No es que él me guste pero me desconcierta con su puta actitud, parece que quiere que yo no esté con nadie más que con él, pero solo cuando él quiera. Y mientras tanto él puede follarse a quien le dé la gana, pues no me sale del coño. Que le jodan, no vuelvo a enrollarme con él.
— ¿Mañana tienes alguna clase importante?
— Mmm, no —gira la cabeza un segundo y me mira con confusión— ¿por qué? — Bien —saco mi teléfono para mirar la hora que es—. ¿Te apetece un viaje? — ¿Hablas en serio? —pregunta con emoción y sorpresa.
— Completamente.
— Apenas me conoces, muñeca. Podría ser un psicópata violador.
— No lo eres.
— Me alegra que estés tan segura. ¿Puedo elegir el destino? —dibuja una sonrisa traviesa que termina por convencerme.
— Claro, pero antes necesito que paremos en un cajero. Sospecho que no me va a llegar con lo que llevo.
— No es necesario, tengo dinero.
— Créeme que sí va a ser necesario, Jordan. A pesar de insistir en que no me hará falta, le obligo a parar en un cajero de Lombard Street.
— No tardo —le digo antes de bajarme del coche.
— Tranquila, no pienso irme a ninguna parte sin ti —sonrío y cierro la puerta. Camino por las calle desierta hasta el banco y me aseguro de que no hay nadie alrededor, aunque estoy segura de que si aparece un ladrón y me ataca, Jordan no dudará en venir corriendo. ¿Cuánto dinero saco? No sé donde tiene pensado llevarme, pero no pienso medir esta noche, solo quiero perder la cabeza y no pensar en el dinero. Dos mil dólares, con esto será suficiente. Cojo la tarjeta y vuelvo al coche.
— Ya estoy lista —me monto y abro el bolso para meter todo dentro de nuevo— ¿Dónde vamos? — Las Vegas, muñeca —dice guiñándome un ojo.
— Oh, Dios. ¿Hablas en serio? —mis ojos se abren por la emoción.
— Claro que sí, yo no bromeo con estas cosas.
— Mi hermano me matará —me mira un segundo esperando mi aprobación—. Arranca. Después de unas siete horas, siento un toque en el brazo así que me despejo y estiro los músculos para despejarme.
— Despierta, muñeca. Hemos llegado —no le estoy mirando pero se que está sonriendo. Necesito frotarme los ojos y volver a abrirlos para creer lo que estoy viendo. Millones de luces y formas de todos los colores pasan a nuestro alrededor a medida que vamos adentrándonos en la ciudad. Todos los pelos de mi cuerpo se ponen de punta y siento que el corazón se me va a salir del pecho por la emoción. El pulso me va a mil y no puedo pesar en nada más que en este momento. Las Vegas, la ciudad del pecado. A pesar de ser las seis de la mañana y de haber amanecido ya, la ciudad entera vibra por todos los costados. Miro por la ventanilla emocionada y Jordan sonríe por mi reacción.
— Esto en alucinante —digo mirándole sin poder dejar de sonreír—, ¿habías estado antes? — Podría decirse que sí… mis padres son de aquí.
— Vaya, nunca lo habría imaginado. ¿Y por qué no vives aquí? Esta ciudad es… — Por eso —sonríe—, prefiero venir de vez en cuando y sentir esa emoción cada vez. Si vives aquí, te acabas acostumbrando y ya no es lo mismo.
— Creo que nunca me acostumbraría —digo mirando los carteles llenos de luces.
— Créeme que sí.
— ¿Cuál es el mejor hotel? — Bellagio o Wynn, sin duda.
— Bellagio. Me gusta más el nombre.
— Wendy, ese hotel es carísimo —me mira cuando paramos en un semáforo.
— No hay problema —abro la cartera y le muestro el dinero con una sonrisa traviesa.
— Bellagio entonces —dice sonriendo. Saco el móvil y veo que tengo cuatro llamadas de mi hermano y ocho de Josh, además de algunos mensajes.
Josh: ¿Dónde cojones estás?
Josh: Maldita sea, Wendy. Tu hermano está muy preocupado, coge el puto teléfono.
Josh: Pienso matar a ese cabrón en cuanto te traiga de vuelta.
¿Pero qué mas le da a él? Dios, no entiendo de que va. Primero me dice que no quiere nada, luego que si, luego que no, ahora se pone celoso, anda y que le jodan. Pesados los dos. Vuelvo a guardar el móvil y sigo admirando el paisaje. Entramos en el aparcamiento del Bellagio y un chico vestido con uniforme se acerca para abrirme la puerta. Le sonrío y le doy las gracias y veo cómo Jordan le entrega las llaves del coche a otro. Se acerca a mí y coge mi mano para entrar. Sonrío y le sigo encantada. Tengo que levantar la cabeza para poder admirar bien el hotel por dentro. Los colores, las luces, las pinturas y cuadros por todas partes. Estatuas, tiendas de ropa de las marcas más caras y un mostrador de recepción más grande que toda nuestra casa.
— Bien, entonces la suite del ático para dos personas. ¿Cuántas noches? —nos pregunta el recepcionista después de explicarle lo que queremos.
— Una, de momento —respondo yo.
— Perfecto, serán quinientos dólares. ¿Pagará en efectivo o con tarjeta de crédito? — Tarjeta —Jordan le entrega la suya.
— Efectivo —saco el dinero y lo dejo sobre su tarjeta.
— Wendy, por favor.
— No, Jordan. Ha sido idea mía lo del viaje.
— Sí, pero ha sido mía lo de venir aquí.
— Touché. Me sonríe y mete el dinero en mi monedero. Más tarde le preguntaré por qué él tiene tanto. Sí, soy curiosa, ¿qué pasa? Subimos a la suite y la verdad es que después de ver nuestro ático, poco me sorprende ya el lujo… aunque he de reconocer que la habitación tiene unas vistas espectaculares de Las Vegas.
— Deberíamos dormir un rato —dice Jordan pasando de la zona del salón a la habitación.
— Sí —le sigo—, estarás muerto de conducir tantas horas.
— Bueno, me gusta conducir aunque la verdad es que no me vendría mal un descanso —sonríe antes de frotarse los ojos. Nos acercamos a la cama, cada uno por un lado, y sin dejar de mirarnos nos quitamos la ropa. Me sonrojo cuando se baja los vaqueros y se queda con esos bóxer que remarcan a la perfección lo que esconden. Sonríe al ver hacia donde miro y abre la cama para meterse dentro. Dejo caer mi vestido, quedándome solo con el tanga y el sujetador y me tumbo a su lado. Nos miramos unos segundos sin decir nada, hasta que mi teléfono vuelve a sonar.
— Joder, que pesadilla —me giro para cogerlo y apagarlo.
— Es normal, tu hermano estará muy preocupado.
— Que se joda —digo acercándome un poco más a él. Sonríe y él hace lo mismo, y cuando creo que va a besarme, eleva la cabeza y deposita un beso sobre mi frente.
— Date la vuelta —dice con suavidad. Hago lo que me manda y giro sobre mi misma. Siento su cuerpo pegarse al mío por detrás y su brazo rodear mi cintura.
— Descansa, muñeca. Mañana será un día largo.
NARRA JOSH
— ¿¡Por que coño no coge el puto teléfono!? —grito lanzándolo por quinta vez contra el sofá. Todos se han ido hace un rato y ya son las cinco de la mañana. He estado mandándole mensajes pero no ha respondido a ninguno y no ha vuelto aun. Su hermano tampoco a dejado de llamarla, sin éxito.
— Cómo ese hijo de puta le haya hecho algo, juro que le mataré —salgo al balcón para asomarme — Joder, hermano —se apoya en la barandilla a mi lado—, ¿desde cuándo te preocupas tanto por mi ella? — Desde siempre.
— Eso es mentira. Si no fuera porque sé que es imposible, pensaría que estás enamorado de ella —ríe.