CAPITULO 10 [ parte 1 ]

3821 Words
NARRA WENDY Abro los ojos por la luz que entra por las enormes ventanas y me doy cuenta de que Jordan sigue rodeándome con sus brazos. Saco el brazo de la sábana para coger el teléfono y mirar el reloj del móvil. Las doce la mañana. También veo quince llamadas perdidas de mi hermano y cuarenta de Josh, ¡cuarenta! Maldito exagerado. Me muevo para levantarme pero los brazos de Jordan me aprietan. — ¿Dónde vas, muñeca? Oh, dios… esa voz ronca por la mañana me pone a cien. — Voy a darme una ducha —respondo deshaciéndome de su amarre—. Deberíamos levantarnos ya, son las doce. — De acuerdo. No tardes, yo también quiero ducharme. — Vale. Me retraso más de lo debido esperando que Jordan decida meterse conmigo en la ducha, pero no lo hace. — Hasta que por fin sales —dice levantándose de la cama. — Lo siento. Se está muy bien ahí dentro. — ¿Ah, si? —camina descalzo hasta mí y tengo la necesidad de ir elevando la cabeza a medida que se acerca para poder mirarle a los ojos— ¿Quieres meterte otra vez? —acaricia mi mejilla con su pulgar y retira el pelo mojado de mi cara — Conmigo. — A eso es a lo que estaba esperando —respondo sosteniéndole la mirada. — ¿A qué? — A que entraras para ducharte conmigo. Se acerca despacio, con una sonrisa traviesa y la otra mano en mi cintura. Cuando sus labios están a punto de tocar los míos, gira mi cara y roza mi oreja con los labios. — La próxima vez, pídemelo. Después de comer en el restaurante de la terraza del hotel, vamos a ver el espectáculo de fuentes del Bellagio. Es increíble ver cómo el agua sube, baja, gira, se esconde y vuelve a aparecer al ritmo de la música. — ¿Quieres que te haga una foto? —me pregunta cuando ve mi mirada emocionada. — ¡Sí! — A ver, colócate ahí para que se vea el hotel y las fuentes de fondo —le obedezco y él levanta la cámara de su móvil hacia mí, pero le hago un gesto. — Espera, ponte conmigo. Así tendremos una foto juntos —sonríe y camina hasta mí. Cuando termina el espectáculo, caminamos por la ciudad entrando en tiendas y parándonos en cada rincón para hacernos más fotos, entre llamada y mensaje de esos dos pesados. A las seis de la tarde, y después de un día increíble en el que hemos tenido que comprar algo de ropa —ya que yo seguía vestida con ese minúsculo vestido rojo—, Jordan me dice que tiene una sorpresa para mí. Cogemos el coche y conduce durante unos minutos. Cuando lo detiene de nuevo, me pone un pañuelo alrededor de los ojos y me coge de la mano para guiarme. — ¿Dónde vamos? Joder, estoy nerviosa. — Relájate, muñeca —ríe—. Te va a gustar, solo unos pasos más…Vale, ya puedes quitártelo. Él mismo lo hace por mí, dejando caer la venda improvisada al suelo. Necesito pestañear varias veces para acostumbrarme a la luz. — ¿¡En serio!? —oh, Dios, no me lo creo. — ¿Te atreves? — ¿¡Que si me atrevo!? ¡Joder, vamos! Me ha traído, nada más y nada menos, que a un jodido circuito de Nascar. ¡Nascar! Dos coches increíbles están frente a nosotros, con sus respectivos equipamientos. Dos hombres nos ayudan a colocarnos las protecciones mientras nos dan indicaciones sobre el funcionamiento. — ¿Estas segura, muñeca? —me pregunta desde la ventanilla de su coche. — ¿Es que tienes miedo de que una chica te de una paliza? —sonrío con malicia. — Adelante —ríe en dirección al hombre que maneja el circuito. El señor hace una señal y los semáforos nos dan la señal de salida. Acelero pasando a Jordan y conduzco gritando como una loca por la emoción. Me voy a hacer adicta a este subidón de adrenalina, joder. En la segunda vuelta, él me adelanta y sigue sacándome ventaja casi hasta la meta, donde le paso y le gano por dos segundos. Me bajo del coche dando saltos y gritando excitada por la velocidad y la victoria. Tanto, que corro hasta él y salto sobre su cuello dándole un beso. El me lo devuelve pero me separa con suavidad y con una sonrisa. Mierda. NARRA JOSH — Tío, esto ya no me gusta —vuelvo a salir al balcón para asomarme—. Deberíamos llamar a la policía. — Joder —sale conmigo—. Como no le haya pasado nada juro que estará encerrada hasta que acabe la universidad. — Eso ya te lo digo yo. Si no te encargas tú, ya lo haré yo. De pronto su teléfono suena y por su expresión sé que es ella. Entra en el salón y yo tras él, pegando la oreja para escuchar. — ¡Wendy! ¿Estás bien?… ¿Qué coño dices?… ¿Dónde? — ¡Pon el puto altavoz! —grito quitándole el móvil para ponerlo yo mismo. — Que estoy en Las Vegas —la escucho decir. — ¿¡Qué haces en Las Vegas, Wendy!? —Rick está cada vez más enfadado. — Pues pasármelo bien, hermanito —ríe con alguien por detrás— ¡Para! — ¿Con quién estas? —pregunto apretando la mandíbula. — Con Jordan, volveremos el domingo. — ¡Vuelves ya! —grita su hermano. — Tengo que colgar, Ricky. Nos vemos el domingo. — ¡Wendy! ¡Cómo no vuelvas hoy mismo, juro por Dios que voy a buscarte! — Bueno, mañana voy, ¿de acuerdo? Tengo que colgar, te quiero. Mi colega abre la boca para responder pero ella cuelga el teléfono antes. Los dos nos miramos e inmediatamente sin decir nada cogemos las llaves y bajamos al garaje. NARRA WENDY Ya son las ocho de la tarde así que decido que es hora llamar a mi hermano porque es capaz de avisar a la policía. Tenía pensado volver mañana, aunque le he dicho que vuelvo el domingo para ver si cuela, pero no. Solo espero que no se les ocurra presentarse aquí. — ¿Esta noche iremos al casino, no? —le pregunto cuando entramos en el ascensor del hotel. — Hombre, por algo he sacado mil pavos más —ríe. — Sobre eso… —me muerdo el labio sin saber cómo preguntárselo sin sonar muy directa. — ¿Quieres saber de dónde saco tanta pasta, verdad? — Pues sí… si no es mucho preguntar —sonrío inocentemente. — Mi padre tiene una cadena de limusinas —se encoge de hombros. — Claro, algo era ello —me guiña un ojo y tira de mí para entrar en la suite. — Aun eres menor así que no te dejarán entrar en el casino así vestida —dice señalando los pantalones y la camiseta que me compré esta tarde. — Joder, así que me quedaré con las ganas —agacho la cabeza con decepción. — Bueno, tienes tres opciones —camina lentamente hacia mí—: Quedarte con las ganas, esperar a cumplir los veintiuno o… —abre el armario y saca un vestido dorado, lleno de lentejuelas y con un escote tan grande que ni Josh aprobaría— ponerte esto. — ¿De dónde lo has sacado? —se lo quito de las manos, impresionada por lo bonito que es. — Lo compré esta mañana mientras mirabas embobada el espectáculo de las fuentes. Ni siquiera te diste cuenta de que me había ido. — ¿Crees que con esto me dejarán entrar? —pego el vestido a mi cuerpo y me miro al espejo. — Sí, con eso y con una buena propina. ¿Qué te parece si bajamos a cenar y después te lo pones y lo intentamos? — Vale —digo con una sonrisa. A las diez ya estoy duchada y peinada. Me he rizado el pelo y maquillado más de lo habitual para intentar parecer un poco más mayor, aunque lo que parezco es más zorra. También me he puesto el vestido, con el cual no puedo llevar sujetador ya que se vería por delante y por detrás, y los tacones negros que traía ayer. Dios, voy embutida aquí dentro. — Buf, muñeca. No creo ni que haga falta la propina —Jordan me mira de arriba abajo cuando salgo del baño. — Tu tampoco estas nada mal —digo con una sonrisa. La verdad es que el traje que se ha comprado le queda… está muy sexy, joder. — Las Señoritas primero —dice haciéndose a un lado para dejarme entrar en el ascensor. — Muchas gracias —sonrío. — Espero no tener que pelearme con nadie esta noche a cuenta de este vestido. — Calla, bobo —le doy un empujón y el tira de mí para pegarme a su cuerpo. — No bromeo, muñeca. — ¿Estás ligando conmigo? —levanto la barbilla para poder estar un poco más a su altura. — No he dejado de hacerlo —susurra cerca de mi boca justo cuando las puertas se abren. Bajamos las escaleras al casino y tal y como Jordan había predicho, el portero me mira de arriba abajo y me deja entrar con una sonrisa. “Te lo dije”, susurra en mi oreja. — ¿Qué quieres tomar? —me pregunta cuando encontramos dos sitios libres en la ruleta. — Tequila. — ¿En serio? —sonríe y eleva una ceja. — Sí. — Bien. Me deja jugando y vuelve a los pocos minutos con dos chupitos. — ¿También vas a beber tequila? — Claro. Tendré que acompañar a mi sexy profe de francés. — Très courtois de vous. (Muy caballeroso de tu parte). — Dios… tan sexy —dice mordiéndose el labio. Seguimos bebiendo y jugando hasta que ya me he gastado casi todo el dinero y Jordan, en cambio, ha duplicado su parte. Un par de tíos han intentado ligar conmigo pero cuando él se ha puesto de pié y han visto que les sacaba una cabeza, se han dado la vuelta sin añadir nada más. — Eres muy bueno en esto —comento cuando salimos del ascensor. Ya son las dos de la madrugada y estamos demasiado borrachos como para seguir en el casino. — Ya te dije, muñeca, que no había nada que se me diera mal —dice poniendo sus manos en mi cintura y acercándose peligrosamente a mí. — ¿Nada… de nada? —camino despacio hacia delante y él lo hace hacia atrás. — Nada de nada. Abre la puerta de la suite y sigue andando marcha atrás sin dejar de relamerse mientras me recorre con la mirada. — Me gustaría comprobarlo —muerdo mi labio mientras cierro. — Mmm, curiosa. Me gusta —su tono de voz es bajo y oscuro, serio. Paso los dedos por la parte superior de mi vestido y sin dejar de mirarle, bajo los tirantes por mis brazos, dejando caer el vestido a mi alrededor. Mira mi cuerpo de arriba abajo, deteniéndose en mis tetas, que ahora están al descubierto. — Ven aquí —me hace un gesto con los dedos. Me acerco mientras se quita la camisa y se desabrocha los pantalones. Cuando me detengo frente a él, lleva las manos a mis brazos y sube despacio, acariciándolos con la yema de los dedos. Tiro de su cinturón para acercarle más y él sonríe, agachando la cabeza para poder besarme. Me pongo de puntillas y dejo que me levante para abrazarle con mis piernas y besarle mejor. Camina conmigo hasta el sofá, donde se sienta y baja las manos hasta mi culo, las sube por la espalda y la acaricia mientras mi lengua lucha contra la suya. Sabe a tequila y a limón, y huele a esa colonia tan fuerte que me excita y a la vez me aturde. Me empuja un poco hacia atrás para meter una mano entre nosotros y llegar hasta la parte interna de mis muslos, acariciándome por encima del tanga y encontrando mi clítoris sin ningún esfuerzo. Realmente es bueno en todo, joder. — ¿Sabes el tiempo que llevo queriendo probarte, muñeca? —dice contra mis labios. — ¿Cuánto? — Demasiado, desde el día que mi prima me enseñó tu foto. — Ahora puedes hacerme todo lo que quieras. Me lanzo a su boca y tiro de sus labios para excitarle aun más y provocar que pierda el control. Seguimos con las caricias hasta que un ruido fuerte nos hace reaccionar, viene de la puerta. Están intentando derribar la jodida puerta. NARRA JOSH — Con lo malditamente caprichosa que es estoy seguro de que estará en el Wynn o en el Bellagio — hablo con Rick por el manos libres ya que cada uno hemos cogido nuestro coche. — Estoy de acuerdo, yo iré al primero y tu ve al Bellagio. Si la encuentras me llamas inmediatamente. — Y tu igual —digo antes de colgar. Aparco en la puerta del hotel y le doy quince pavos al aparcacoches. Entro en recepción y a pesar de ser casi las tres de la madrugada, hay tanta gente como a las tres de la tarde. — Estoy buscando a esta chica —me acerco al recepcionista, que no tendrá más de veintiún años, y le muestro una foto de Wendy. — Lo siento, caballero, pero no puedo darle esa información. — Mira, niñato —me inclino en el mostrador y agarro su corbata en un puño—, llevo más de siete horas conduciendo así que no estoy para tonterías. Esta chica es menor y está aquí sin el consentimiento de sus padres, así que una de dos, o me dices a mí donde está y nos evitamos más rollos, o se lo cuentas a la policía. Aunque dudo que ellos vayan a ser tan amables como yo. — De… de acuerdo —tartamudea—. Está en la suite del ático con otro caballero. — Gracias —digo soltándole y colocándole bien la corbata. Entro en el ascensor y maldigo por que sea tan lento. Busco el número de Rick y le llamo. — Está aquí, suite del ático. Estoy subiendo. — Espérame, ahora mismo voy. — No, no te pienso esperar. Le cuelgo sin escuchar sus advertencias y salgo del ascensor. Busco la puerta y camino hasta ella con decisión y enfado. Tomo aire profundamente dos veces y toco suavemente, intentando no perder la paciencia. No responde nadie así que vuelvo a tocar. Nada. Toco otra vez. Nada. Mierda, empiezo a aporrearla con fuerza, tanto que si no abren terminaré derribándola. De repente se abre y el grandísimo hijo de puta se coloca en medio, en calzoncillos y con pintalabios rojo por todo el cuello y la boca. Le pego un empujón y entro en la habitación. — ¿Dónde está? —miro en todas direcciones. — Cálmate, colega. No voy a dejar que la veas en ese estado —dice el maldito borracho que huele a tequila de aquí a San Francisco. — ¿¡Dónde coño esta!? —sin pensarlo ni perder más el tiempo, le agarro del cuello. Me la suda que sea más alto que yo. — ¡Suéltale! —Wendy aparece por la puerta de la habitación con la camiseta al revés y el pelo alborotado. Sin mencionar su pintalabios rojo todo corrido. Me giro de nuevo hacia el cadáver que tengo agarrado del cuello y sigo apretando. Y aprieto más. Intenta liberarse pero yo soy más fuerte. — ¡Suéltale, Josh! —grita Wendy dándome puñetazos en el brazo y tirando de mí. No soy capaz de parar. Apenas escucho su voz a pesar de estar gritando en mi oído. La imagen de ellos dos revolcándose en la cama cruza por mi cabeza una y otra vez. Me repito a mí mismo que ese no es mi jodido problema, que ella no es para mí, que es la misma mocosa de hace cuatro años, esa a la que no soportaba. Y en cierto modo sigo sin soportarla, pero solo por desearla tanto. Unos brazos tiran con fuerza de mí, consiguiendo que le suelte y que los sonidos vuelvan a mi cabeza y el pitido desaparezca. — Hermano, ya basta, tranquilízate —Rick me sujeta la cara con las manos y me obliga a mirarle. Le empujo para que me suelte y salgo de la habitación y del hotel, me meto en mi coche y acelero. Acelero sin control hasta que los coches a mi alrededor son solo puntos. NARRA WENDY Josh sale hecho una furia por la puerta. Nunca le había visto tan enfadado, jamás. Ni siquiera con Connor. Mi hermano me mira y después mira a Jordan, que se frota el cuello y tose con dolor. — Vámonos. — Rick… — Wendy. Nos vamos —su voz es firme, más que nunca. Sin mirar a Jordan, sale de la habitación y escucho cómo llama al ascensor. Corro a la habitación y cojo mis cosas, las dejo sobre el sofá y me acerco a Jordan. — ¿Estás bien? —acaricio su mejilla observando su cuello. — Sí, no te preocupes. Ve, hablamos mañana. — Lo siento mucho, Jordan… no esperaba que ellos vinieran. Mi hermano vuelve a entrar y solo con la mirada sé que debo irme ya. — Gracias por todo —murmuro mirando a Jordan antes de salir por la puerta. El solo me sonríe. Cuando aparcamos en el garaje, el coche de Josh ya está en su sitio. Hemos hecho las siete horas de viaje en completo silencio y a pesar de estar muerta de sueño y mareada por el alcohol, no me he dormido. Son las diez de la mañana y soy consciente de que los dos han hecho catorce horas de viaje prácticamente seguidas para venir a buscarme, y ahora mismo me siento como una puta mierda. La puerta de su habitación está cerrada y no se escucha nada así que imagino, y espero, que esté dormido. Voy hacia mi cuarto pero la voz de mi hermano me detiene. — Desde ahora hasta que yo te lo diga no saldrás de casa más que para ir a clase. Si quieres salir para hacer algo que no sea eso, lo harás conmigo o con Josh. ¿Lo has entendido? — Sí —mierda, la he cagado pero bien, joder. NARRA JOSH Llego a casa en menos de cinco horas. El viaje y la velocidad han conseguido relajarme un poco pero aún sigo furioso con esa maldita mocosa. Con ella y conmigo mismo por no ser capaz de dejar que se folle a quien le dé la gana, que es básicamente lo que hago yo. No entiendo lo que me está pasando con ella y encima no puedo contárselo a nadie. Me cago en la puta. Me tumbo en la cama y después de dos porros seguidos, consigo dormirme. Me despierto al día siguiente por las voces en el pasillo, miro el reloj y veo que son las seis de la tarde. Restriego mis ojos y me levanto sin mucho entusiasmo, después de lo de ayer hoy será un día interesante. Me pongo unos pantalones cortos y una gorra de LA con la visera hacía atrás para cubrir el revoltijo de pelo que me ha dejado la desesperación por la niñata esta… Me asomo por la puerta y me encuentro a Wendy y a Rick discutiendo a gritos. — ¡Joder, Rick! ¡No puedes controlar toda mi puta vida! — Ponme a prueba —le dice él, desafiante. — ¡Hace días que no le veo! — ¿A quién? —me acerco a ella con curiosidad. — ¡A tu madre! —me grita. — Oye, niña, conmigo te relajas —levanto una mano en su dirección— Si anoche te jodimos el polvo y estás cachonda como una perra, te jodes. Rick se gira hacia mí y me pega un puñetazo que no veo venir. Sé que solo ha sido de advertencia porque apenas me ha dolido, pero he captado el mensaje. — Merecido —digo frotándome la mandíbula dolorida—. Lo siento. — No vas a salir con Connor ni con Jordan ni con nadie —continúa él. — ¿¡Connor!? ¿Es que eres incapaz de no zorrear todo el…? —su hermano me mira amenazante así que me callo antes de llevarme otro puñetazo. — ¡No te metas en esto, joder! ¿¡A ti qué coño te importa con quien me acueste y con quien no!? — Tienes razón, no me importa una jodida mierda. Sin dejar que responda ni Rick me diga nada más, me doy la vuelta y subo al piso de arriba. Sin molestarme por colocarme las vendas en los nudillos, comienzo a atizar el saco de boxeo como si fuera la cara de… mierda, como si fuera mi propia cara. Es lo que merezco por ser tan gilipollas. Me despierto a las cinco por el sonido de mi móvil. ¿Dónde coño está? Giro sobre mí misma y meto las manos entre la cama de dos por dos para dar con él. Connor: ¿Qué tal estás, preciosa? Hace días que no nos vemos, te echo de menos. Yo: Yo también a ti… Siento lo que pasó en la fiesta, aunque creo que te pasaste con Josh. Connor: Lo sé y lo siento. Pero no soporto que ese cabrón este todo el tiempo entre nosotros. ¿Te apetece que nos veamos? Yo: Sí que me apetece pero creo que no podré salir de casa de por vida. La he liado bastante… Connor: ¿Qué has hecho? Yo: Fugarme a Las Vegas. Con Jordan… Connor: Mierda, Wendy… Yo: Lo sé… intentaré convencer a mi hermano de que me deje salir pero lo dudo…te aviso si puedo. Connor: Espero que sí, preciosa. Echo de menos tus besos. Después de discutir a gritos con mi hermano, veo cómo Josh sube las escaleras hacia el gimnasio y Rick se mete en su habitación. No sin antes lanzarme una mirada de advertencia. Vuelvo a la mía y le escribo a Connor que tal vez otro día. Decido estudiar un rato hasta que me entra hambre. Voy a la cocina y veo a Josh y a mi hermano en el salón, viendo la televisión. — Wendy, cena algo y vístete —me dice mi hermano. — ¿Para qué? — Te vienes con nosotros. — Venga, tío, no me jodas —Josh gruñe y le tira un cojín. — No me jodas tú a mí. ¿Qué quieres, que se quede sola en casa para encontrarnos a algún retrasado con ella cuando volvamos? ...Continuará...
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