CAPITULO 11

4146 Words
NARRA WENDY Le quito a una de las gemelas el porro que se acaba de hacer y cojo un mechero. — ¿Qué coño…? — Chst —pongo un dedo en su boca— Esa marihuana es de mi hermano así que te haces otro. Bufa pero no dice nada. Me odia, lo sé, pero me da igual, el sentimiento es mutuo. Camino hasta la puerta de Josh y tras tocar tres veces y no obtener respuesta, entro. Está sentado en la cama, con la cabeza hundida en sus manos y los codos apoyados en las rodillas. — Josh… — ¿No te has dado por aludida cuando no te he abierto la puerta? —pregunta sin levantar la cabeza. — Lo siento… estaba preocupada. — Estoy bien, puedes irte. — No me voy a ir, Josh —comienzo a caminar para entrar en la habitación. — ¡Lárgate! —me detengo en seco cuando levanta la cabeza. Tiene una expresión que no había visto en la vida. Los puños llenos de sangre y los nudillos hinchados, una ceja partida y sangre seca en el labio, además de en su camiseta blanca, ahora teñida de manchas rojas. — Lo… lo siento —dejo el porro encima de su cama y me doy la vuelta para irme. Salgo de su habitación y camino deprisa hacia la mía, tratando de aguantar las lágrimas que no sé por qué, se están formando en mis ojos. Empujo la puerta para cerrarla pero algo la detiene. — Espera, perdona —escucho a mi espalda. Me quedo estática, sin girarme a mirarle. Escucho cómo él mismo la cierra y segundos después me rodea con los brazos, por la espalda. Siento su respiración entrecortada en mi cuello y sus manos rodeando mi cintura. No sé qué hacer, no me atrevo ni a moverme así que él lo hace por mí. Desliza las manos por mi piel para hacerme girar y quedar frente a él. Me mira con esos ojos… ojos que suelen estar llenos de vida pero ahora no, ahora son pozos de tristeza. Sube su mano hasta mi cara y acaricia mis labios, sin dejar de mirarlos. — ¿Josh, qué ha pasado? Necesitas limpiar esa herida. — Estoy bien. Solo… déjame hacerlo una sola vez más, por favor. — ¿Qué quieres…? —posa sus labios sobre los míos sin dejarme terminar, los míos le responden impulsivamente. Me besa de una manera desesperada, cómo con necesidad. Cómo queriendo borrar todo lo que ha pasado esta noche. Aprieta mis caderas acercándome más a él, haciéndome sentir su erección inmediatamente. Me hace caminar marcha atrás sin dejar de besarme y me mete en el baño. Con una mano cierra la puerta y sigue caminando hasta chocarnos con la mampara de la ducha. Abre la puerta transparente de cristal y me hace entrar. — ¿Josh, que…? ¡Dios! —suelto un grito cuando siento el agua fría caer sobre nosotros. Tapa mi boca con la suya e introduce su lengua de manera salvaje. El agua se va calentando y yo también. Respondo a su beso con el mismo salvajismo y sintiendo sus manos por todo mi cuerpo. Levanta mis brazos para sacarme la camiseta y yo hago lo mismo con la suya, después se agacha para bajarme los pantalones y de un tirón me arranca las medias, rompiéndolas por completo. Bajo sus pantalones y sus calzoncillos y me quedo de rodillas observando su polla completamente preparada para mí. La sujeto con una mano mientras me la introduzco en la boca y comienzo a hacer el movimiento de arriba abajo. La meto todo lo que puedo y recorro la punta con mi lengua cuando la saco. Minutos después, Josh tira de mí para que me levante y se deshace de mi sujetador sin que apenas me de cuenta. Me da la vuelta juntando su pecho a mi espalda y con una mano aprieta una de mis tetas mientras que la otra la baja, acariciando mi vientre. Llega hasta el borde de mi tanga, el cual también arranca de otro tirón haciéndome un poco de daño. Daño que desaparece de inmediato cuando introduce uno de sus dedos en mi interior, sin previo aviso. Lo mete y lo saca, al mismo tiempo que su pulgar juega con mi clítoris. Muerde mi hombro evitando hacer ruido por la excitación. — Lo necesito, te necesito, Wendy —murmura con voz ronca en mi oído. — Josh… Me sujeta por la cintura para girarme y ponerme contra la pared. Sus ojos se concentran en los míos, como queriendo decirme algo que no llego a descifrar —o quizá no quiero—. Baja las manos hasta mi culo, se agacha un poco y yo cojo impulso para rodear su cuerpo con mis piernas. En ese mismo momento, su polla entra en mí sin ninguna piedad, lo que provoca que suelte un gemido que le hace gruñir y maldecir. — Mierda, nena, sí —coloca mi cuerpo contra la pared y me sujeta con una sola mano, mientras la otra la sube a mi barbilla para levantarla. Me penetra con suavidad, tomándose su tiempo y mirándome fijamente. Acaricio su boca con mis dedos para después volver a besarle. — ¿Te gustan mis besos? —le pregunto sin saber por qué. — ¿Bromeas? —da un pequeño mordisco a mi labio— Se están convirtiendo en mi puta droga. Choca su boca contra la mía con decisión, con hambre. Me tortura con movimientos que nunca antes había probado. No sé el tiempo que llevamos así pero por la sensación que empiezo a notar, sé que no tardaré mucho en llegar. — Voy a correrme —jadeo apoyando la cabeza en la pared. Y entonces suena la puerta. — ¿Wen, estás ahí? — ¡Sí! —grito intentando sonar normal. Josh sigue follándome sin descanso y parece que la situación de que puedan pillarnos le excita porque me la mete con más fuerza. Sonríe con malicia cuando Rick vuelve a hablar. — ¿Oye, estás bien? — ¡Sí! ¡Me… me estoy duchando! La saca por completo y me mira mientras me muerdo el labio, suplicándole con la mirada que me de una tregua. Cuando creo que lo va a hacer, me sonríe de manera peligrosa y la mete de golpe haciéndome gemir sin remedio. — ¡Wen! ¿Qué pasa? Voy a entrar. — ¡No! Estoy en la ducha. Me estoy… estoy depilándome. Josh ríe con una voz áspera y tengo que taparle la boca para que Rick no le oiga. Sigue metiéndola y sacándola cada vez más deprisa y sé que él también va a correrse cuando su sonrisa desaparece y sus pupilas se dilatan a la vez que sus ojos se oscurecen. — ¿Seguro? Suenas raro —insiste mi hermano. — Haz que se vaya o haré que te corras con tu hermano ahí fuera —me susurra Josh de manera amenazante. Su voz y su expresión seria me ponen tanto que sé que apenas me quedan unos segundos. — Estoy bien, Ricky… en serio… hasta mañana —intento sonar lo más tranquila posible y parece que funciona. — De acuerdo… —no parece muy convencido pero se marcha. Cuando escuchamos la puerta de la habitación cerrarse, Josh mete una mano entre los dos. Su dedo pulgar busca mi clítoris y hace movimientos redondos a su alrededor al mismo tiempo que aumenta el ritmo y la presión al máximo. Comienzo a gemir, intentando controlar el volumen. Echo la cabeza hacia atrás, pero él me sujeta con fuerza ambas mejillas con una mano. — Mírame —ordena mientras sigo corriéndome. Grito su nombre —entre otras cosas—, y cuando estoy a punto de terminar comienza a correrse él. Me penetra de manera frenética mientras suelta pequeños y roncos gruñidos, casi furiosos. Se corre follándome de la misma manera salvaje con la que comenzó a besarme. Dios, me pone tan cachonda verle en este estado de plenitud que no me costaría correrme de nuevo si no fuera porque va deteniéndose poco a poco, mientras pega su frente a la mía. Dejamos que el agua caiga sobre nosotros unos segundos más hasta que él la apaga. Sale de la ducha y cuando pienso que va a marcharse, coge una toalla y se acerca, envolviéndome en ella. — Mañana tenemos que ir a la farmacia —dice mientras coge otra para secarse él. — ¿A la farmacia? — ¿Tanto te gusta cómo te lo hago que no te has dado cuenta de que no hemos usado condón? —sonríe burlonamente. — Mierda. — Pues eso, deberíamos ir . — No te preocupes, Josh, puedo ir sola —le miro a través del espejo. — No voy a dejar que vayas sola, mocosa — coge mi mano y tira de mí para que me de la vuelta—. Lo siento —dice de repente. — ¿Por qué? — Por esto. Sé que te dije que no podía repetirse, es solo que… no sé. Lo necesitaba. Supongo que he sido egoísta —levanta una mano y acaricia mis labios con el pulgar. — No te preocupes —digo colocándome bien la toalla—. Yo podría haberte parado, pero no lo he hecho. Y no sé por qué… —agacho la cabeza sin saber muy bien por qué he dicho eso ultimo. Me doy la vuelta para salir del baño pero me agarra de la mano. — Ey… entiendo cómo te sientes, pequeña. Porque yo estoy igual. Se acerca y coloca los mechones de mi pelo mojado por detrás de mí oreja, sonríe y se queda mirándome. — Has cambiado tanto, mocosa. Hace cuatro años no te soportaba y ahora… lo que no soporto es tenerte lejos —me quedo sorprendida por su sinceridad. — Josh, esto… esto una locura. — Ya lo sé. Lo sé de sobra. NARRA JOSH No sé cómo ni por qué pero me encuentro a mí mismo diciéndole a Wendy lo que ni siquiera me he reconocido a mí mismo. — Sé que esto es una jodida locura y que tu hermano me enterraría vivo si se enterara, pero no sé cómo evitarlo. — Tal vez… no se… —se muerde el labio y entrelaza sus dedos— deberíamos mantenernos lejos el uno del otro. Sé que es lo correcto pero me duele que ella lo haya dicho antes que yo. — Sí, puede que sea lo mejor. La miro una vez más y salgo de su habitación, sabiendo que mañana me arrepentiré por el día de hoy. Me despierto pronto por la mañana y busco una farmacia de guardia. Compro la maldita pastillita y vuelvo a casa antes de que Wendy se despierte, abro la puerta de su cuarto con cuidado y la veo dormida profundamente. Está tapada hasta la cintura y abrazando una almohada. Me siento en el borde de la cama y la miro unos segundos más, hasta que comienza a moverse y abre los ojos. — Josh… —coge su teléfono para mirar la hora— ¿qué haces aquí? — Ten, tómatela ya —digo dándole la pastilla. — Se suponía que íbamos a ir juntos. — Ya, pero anoche dijiste que lo mejor era estar separados así que cuanto menos tiempo pasemos a solas, mejor. Sin darle tiempo a responder, le dejo la pastilla sobre la cama y salgo de su habitación. — ¿Qué hacías en el cuarto de mi hermana? — Nada, escuché un ruido y pensaba que se había escapado otra vez —respondo a Rick. –¿Y lo ha hecho? —se alarma y camina hacia su habitación para comprobarlo. — No, está dormida como un tronco. — Ah, vale —vuelve atrás y me mira—. Tío, cómo tienes la ceja, puede que necesites puntos —dice tocando mi herida. — ¡Ay! —le doy un empujón — ¡Aparta tus dedazos! Tu labio no tiene mejor pinta. — Bah, no me duele. Entramos en la cocina y nos preparamos el desayuno mientras hablamos sobre la pelea de anoche y lo que ese hijo de puta me dijo. — Wendy me preguntó… sobre eso —dice mientras se come una manzana. — ¿Y qué le dijiste? — levanto la vista de la batidora para mirarle. — Que te preguntara a ti. — Bien, no tiene por qué enterarse de mi mierda. Después de entrenar durante dos horas, nos damos una ducha y nos despedimos de Margot, que ha venido a limpiar toda la porquería de anoche. — Hace bueno, ¿quieres que hagamos una barbacoa? — No estaría mal, voy a comprar las cosas a la carnicería —me dice levantándose para coger su cartera. — No. Ya voy yo, que tú no tienes ni puta idea —le vacilo. — Vale, pero no te olvides del carbón. — Sí, Papa Noel. — ¿Avisas tu, o aviso yo a la peña? — Yo. Abro el grupo de w******p y escribo para todos: Josh: Barbacoa en casa en una hora. Jenna: ¡Guay! Ahí estaré. Vicky: Querrás decir estaremos. Jenna: Bueno, eso. Jay: No dejes que Rick compre la carne, por Dios. Rick: A que no comes, maricona. Jay: Jajajaj, es que no tienes ni puta idea de comprar macho. Josh: No te preocupes, que estoy yendo a comprar yo. Tom, encárgate de las bebidas. Tom: Estoy en ello, colega. Alice: Jenna píllale algo a tu camello. Jenna: Ya he hablado con él. Paso a recogerlo antes de ir para allá. Alice: Ok. Aparco el coche en doble fila y a medida que me aproximo, veo que hay bastante cola, así que saco un cigarro y espero fuera. Una chica se acerca y se pone detrás de mí. Joder, está buena que te cagas. — ¿Tienes un cigarro? — Claro, preciosa —le ofrezco uno con mi sonrisa más seductora. — Gracias —me devuelve la sonrisa mientras se lo acerca a los labios para encenderlo. — ¿Cómo te llamas? — Alisson. ¿Tú? — Josh. La sujeto por la cintura y le doy dos besos. Comenzamos a hablar animadamente mientras avanzamos en la cola. Tiene veinte años y está estudiando periodismo en la misma universidad que Wendy. Vive en la residencia porque es de Arizona y no tiene novio. Cuando llega mi turno y la carnicera me pregunta cuanta cantidad quiero de cada cosa, me giro y miro a la preciosidad que tengo delante. — ¿Te apetece venir conmigo a una barbacoa? — ¿Cómo… ahora? — Sí —sonrío—. Venga, será divertido. — Bueno… vale —dice con timidez. En cierto modo me recuerda a la mocosa… Cuando detengo el coche en el aparcamiento, veo el de las gemelas unas plazas mas allá. Cojo a Alisson de la mano para darle mas confianza y nos metemos en el ascensor. — No me imaginaba que vivieras en este edificio —comenta mientras subimos. — ¿Y eso por qué? — No sé, te imaginaba de esos típicos chicos que comparten casa con otros cuatro y todo está lleno de basura y cigarrillos por todas partes. — ¿Y cómo sabes que no es así? —no puedo evitar estallar en una carcajada. — Bueno, ahora lo veremos. — Ahora veras muchas cosas —le guiño un ojo antes de que las puertas del ascensor se abran. Entramos en el apartamento y lo primero que vemos es a las gemelas comiéndole el morro a Rick mientras se frotan contra su pantalón. Me miran cuando cierro la puerta y después la miran a ella. Rick la recorre con los ojos de arriba abajo y después sonríe, aparta a las gemelas y se levanta. — ¿Y esta preciosidad quién es? — Se llama Alisson y es mi preciosidad —digo haciéndola sonrojar. — Bueno, eso está por ver —ríe cogiendo su mano y tirando de ella para que avance—. Bienvenida a nuestra humilde morada, Alisson —se acerca y le da dos besos. Las gemelas no le hacen ni puto caso, se han enfadado. Dios, son tan crías. El resto llega en pocos minutos y comenzamos a hacer la comida. Wendy sale de su habitación cuando tenemos casi todo sobre la mesa, listo para comer. Nos mira y se da la vuelta para marcharse de nuevo pero Alice sale de la cocina justo en ese momento. — ¿Oye, donde vas? — Mmm, iba a comer algo pero volveré después cuando hayáis acabado vosotros. — De eso ni hablar, comes con nosotros. Josh ha comprado comida de sobra —sin darle tiempo a rechistar, tira de su mano hacia la terraza. No me hace ni puta gracia que esas dos se hagan amigas. Llevamos un rato comiendo y riendo. Nosotros no hemos hablado pero si nos hemos mirado varias veces, por su expresión sé que Alisson no le agrada para nada, aunque sé que es porque está celosa. Rick decide darle un respiro y la deja beber y fumar un poco de maría. — ¡Dios, si es que eres idiota Wendy! — ¡Yo que coño sabía, joder! —ríe ella. Ambas están ya un poco borrachas y no paran de reírse, al igual que las gemelas que aunque sé no se soportan, parecen haber hecho una tregua para hacer el vacío a Alisson. Cosa que no parece importarla ya que yo no me he apartado de ella desde que llegó. Ya son las siete de la tarde y hace rato que anocheció. Jay y Tom están enganchados a la play desde hace un rato. Alisson y yo estamos sentados en la terraza, tonteando de manera descarada y un poco separados del resto, y Rick y las chicas están alrededor de la mesa de la terraza hablando y riendo mientras fuman y beben. Wendy no deja de mirarme y a mí me gusta. Me gusta saber que está celosa y me hace tontear aún más descaradamente con Alisson. Tanto que cuando ella se acerca para besarme, la sujeto por las caderas y tiro de ella para que se siente sobre mí. Devoro su boca sin ningún cuidado mientras aprieto su culo. Miro a Wendy, aun sin dejar de besar a Alisson, y sé que está haciendo esfuerzo por no levantarse y rompernos la cara a los dos. — ¿Jugamos a algo? —escucho a Vicky por encima de la música. — ¿Cómo qué? —pregunta Rick dándole otra calada al porro. — Verdad o reto —dice Wendy mirándome fijamente. — Mmm, un juego interesante —Jenna sonríe con malicia—. Me apunto. — Venga, vale —Rick se ríe y todos entran en el salón— Vamos, hermano, será divertido —mira en mi dirección y hace un gesto para que vayamos. Me levanto e ignorando la mala cara de Alisson, entro en el salón junto al resto y ella tras de mí. Rick tiene razón, será divertido ver la cara de la mocosa cuando le manden hacer retos que no quiere. NARRA WENDY Dios, solo quiero ir hasta ellos y romperles la cara, pero decido ser más sutil. Cuando Vicky pregunta si queremos jugar a algo, inmediatamente el famoso juego viene a mi cabeza. Nos sentamos en el salón alrededor de la mesa de cristal y Jenna coge un botellín de cerveza vacío, lo pone en el centro y lo hace girar, deteniéndose frente a Alisson. — ¿Verdad o reto? —pregunto. — Reto . — Besa a Rick. Los ojos de Josh encuentran los míos y veo en ellos una mezcla de cabreo y diversión. Oh, mierda, me la va a devolver seguro. NARRA JOSH Zorra. Maldita niña, quiere joderme. Se piensa que me importa una mierda que Alisson bese a su hermano, la acabo de conocer, por Dios. Pues se va a cagar. La nueva me mira con vergüenza y cuando ve que no aparto los ojos de Wendy y ella de mí, se levanta y camina hacía Rick. El solo se ríe y mira como fulmino a su hermana con la mirada. — Gracias, hermanita —ríe agarrando la cara de Alisson. Se besan durante unos segundos y después vuelven a su sitio. Alisson gira la botella y se detiene frente a mí. — ¿Verdad o reto? —me pregunta. — Reto. — Mmm… no sé… — Vamos, si no ya le reto yo —le dice Alice. Cómo Alisson no dice nada, sonríe maliciosamente y habla de nuevo— Josh, tienes que besar a Wendy. — ¡Y una mierda! —grita Rick atragantándose con la cerveza. — Vamos, Rick, solo es un juego —Alice rueda los ojos. El solo me mira y después mira a su hermana. Le da otro trago a la cerveza vuelve a mirarme. — Que sea rápido. Y las manos fuera. Wendy se levanta del suelo y camina hacia mí, se detiene frente a la mesa y espera a que yo haga lo mismo. Le doy una calada al porro y me acerco expulsando el humo, coloco una mano en su cintura presionando disimuladamente y sujeto su barbilla con la otra. — Las manos fuera, joder —dice Rick entre dientes. — Maldita sea, Rick. No mires y punto —Alice bufa. Wendy me mira y entonces siento que a mi alrededor ya no hay nadie. Acerco mis labios a los suyos despacio y los acaricio con delicadeza antes de introducir mi lengua. Ella rodea mi cuello con timidez y yo la aprieto contra mi cuerpo, intensificando el beso. Su lengua roza la mía provocando que mi polla despierte, cosa que no ha hecho en toda la tarde con Alisson… Sin ser consciente de dónde estamos, deslizo la mano despacio por su espalda, en dirección a ese hermoso culo. — ¡Ya basta, joder! —Rick tira de mí para separarnos y suelta un bufido antes de sentarse. — Vaya, eso ha sido… —parece que Vicky no encuentra las palabras. — Raro —termina su hermana. — ¡La mocosa no besa nada mal! —río para quitarle importancia. — Te estas ganando una cirugía de nariz —me dice Rick apretando la mandíbula. Todos ríen excepto Wendy que está roja como un tomate. Giro la botella y todos vemos cómo se detiene frente a ella. Todavía no se me olvida que ha intentado joderme con lo de Alisson y su hermano así que decido devolvérsela. — ¿Verdad o reto? —le pregunto. — Reto —responde desafiante. — Wendy… —todos me miran esperando que diré— besa a Jenna. Las dos abren mucho los ojos porque a pesar de haberse unido esta noche contra Alisson, sé que se odian. Se miran entre ellas y vuelven a mirarme a mí. Rick niega con la cabeza y se levanta para hacerse otro porro, desaprobando lo que acabo de hacer. — ¡Oh, sí! —exclama Jay riéndose. — Esto será interesante —Tom se recuesta en el sofá. Sigo retándolas con la mirada y con una sonrisa burlona en mi cara. Para mi sorpresa, ambas se levantan y se acercan. Jenna le dice algo en un tono tan bajo que solo Wendy consigue escucharla, sujeta la cara de la mocosa con sus manos —con esas manos que me han hecho tantas pajas—, y acerca su boca a la de ella. Tuerce un poco la cabeza para dejar paso a su lengua y poco a poco Wendy comienza a soltarse. Jenna coloca una mano en el culo de la mocosa, apretándola a ella, mientras que Wendy la sujeta por la cabeza y gira la cara para besarla mejor. — ¡Me cago en la puta, tío! —gritan Jay y Tom sin dejar de mirarlas. Joder. Tengo la polla que me va a explotar. Las dos tías que más me ponen, montándoselo prácticamente frente a mí. Rick está de mala hostia así que le pega un tirón a Alice y comienza a besarla para distraerse y no mirar el espectáculo que su hermana y Jenna están dando. Llevan más tiempo de la cuenta pero no sé por qué, nadie les ha mandado parar y ellas tampoco lo hacen. Es más, diría que están disfrutando. Solo puedo pensar en levantarme y follármelas a las dos, pero Vicky se me adelanta. Aparta a su hermana con suavidad y sujetando a Wendy por la barbilla, comienza a besarla. Buf. Cuando me giro para ver la cara de Alisson, me encuentro con Jay y Tom manoseándola por todos lados. ¿Y ella? Pues cerrando los ojos y dejándose hacer. Zorra. ¿Y yo? Pues mirando como esas tres se lo montan frente a mí, sin poder hacer nada.
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