20—¡Freder! ¡Grot! ¡Freder! Josafat gritaba hasta quedarse ronco, y corría con la desesperación de un zorro acosado a lo largo de los corredores hasta llegar a los escalones que llevaban a las grandes bombas de agua. Nadie oía sus gritos. En las enormes salas había máquinas heridas de muerte, que aún deseaban obedecer y no eran capaces de hacerlo. La puerta estaba cerrada. Josafat la golpeó con los puños, con los pies. Grot abrió con un revólver en la mano. —¿Qué diablos pasa? —¡Quítate de mi camino! ¿Dónde está Freder? —Aquí. ¿Qué ocurre? —Freder, han cogido a María. —¿Qué? —Que han cogido cautiva a María y van a matarla. Freder vaciló. Josafat le arrastró hacia la puerta. Como un tronco, Grot se interpuso en su camino murmurando, los ojos brillantes: —¡La mujer que mató a mi máq

