18—¿Hermanita? —Dime. —¡Tengo tanta hambre, hermana! —¡Hambre! —se oyó como un eco en las profundidades. —¿No queréis saber el final de mi cuento? —Sí. Pero, hermana, cuando hayas terminado, ¿podremos salir a cenar? —Por supuesto, en cuanto termine el cuento. Veréis. El señor Zorro se fue a dar un paseo. Fue por un camino entre hermosas praderas llenas de flores; llevaba la chaqueta de los domingos y su cola peluda muy erguida y fumaba en su pequeña pipa e iba cantando sin parar. ¿Sabéis lo que cantaba el Zorro? ¡Yo soy el alegre Zorro! ¡Hurra! ¡Yo soy el alegre Zorro! ¡Hurra! »Y proseguía su camino saltando de gozo. El pequeño señor Erizo estaba sentado en su loma, muy contento al ver lo bien que se criaban sus rábanos, y su esposa estaba junto al seto charlando con la señora Top

