7. Mister T

1214 Words
THOMAS: Siento el palpitar de mi corazón, late con una intensidad que me duele. Estoy en un lugar casi vacío, pero ella está ahí, frente a mí, con sus ojos hermosos y llenos de dolor. Su mirada me atraviesa como un cuchillo, y veo cómo su dolor comienza a desbordarse. Sus lágrimas caen sin control, y puedo sentir cómo su corazón se está rompiendo, cómo su alma se está desgarrando. Quiero consolarla, pedirle perdón por el sufrimiento que le he causado. Pero ella no me permite acercarme. Me culpa, me acusa con su mirada, y su dolor se convierte en ira. Me empuja con fuerza, y siento cómo el suelo se abre bajo mis pies. Caigo en un agujero n***o, sin fondo, y gritó asustado. Pero es solo una pesadilla. Me despierto temblando, sudando, con el corazón aún latiendo con fuerza. Mi miedo no es caer, es la culpa de haber sido el causante de su dolor. La culpa de haberle hecho daño sin siquiera ser consciente de ello. Esta pesadilla se repite con frecuencia, y cada vez que la tengo, siento un dolor que no puedo describir. Verla entrar en el hospital movió una fibra de mi ser que me hace pensar que sufre, y eso me duele. Aunque vivo mi vida con normalidad, mi punto débil es pensar que ella pueda estar sufriendo. He estado lejos todos estos años, pero siempre he estado velando por ella desde las sombras. Quizás nunca tenga la oportunidad de abrazarla, de cuidarla, pero no puedo dejar de pensar en ella. Me levanto, miro la hora, y son las 6:00 am. Me siento frente a mi computador. Con las manos temblando, escribo un mensaje en el chat de Helena, bajo el pseudónimo de @misterT. La necesidad de saber que está bien es mi prioridad, lo hice hace varios años y aún mantengo este anonimato, me sirve para saber de ella después de una pesadilla, aveces tengo esa conexión de sentir cuando algo le pasa. «Hola Lena ¿Estás bien? Necesito saber que estás segura. » Envío el mensaje y espero. Los minutos pasan lentos, pero no recibo respuesta. No me rindo. Sé que ella puede estar ocupada pues durante estos años hemos tenido una amistad virtual estrecha y siempre responde. Mientras espero, decido hacer ejercicio para despejar mi mente y prepararme para el nuevo día laboral. Me pongo mis zapatillas y salgo a correr por el parque cercano. El aire fresco me ayuda a clarificar mis pensamientos. Corro durante una hora, y cuando regreso a mi apartamento, me siento más centrado. Me ducho y me visto para el trabajo, pero mi mente sigue en Helena. ¿Por qué no responde? Me siento frente a mi computador y reviso mi correo electrónico y los informes del día. Pero mi atención vuelve a Helena. ¿Estará bien? ¿Por qué estaba a esa hora en el hospital? Dejo escapar un suspiro y me levanto para preparar un café. Mientras espero que se prepare, miro mi teléfono. Nada. No hay mensajes. Me siento en el sofá con mi café y decido esperar un rato más. Tal vez ella responda pronto. La espera es agonizante, pero estoy dispuesto a esperar todo el día si es necesario. Solo necesito saber que Helena está bien. Al llegar a la empresa, me encuentro con Emily, que parece radiante. —¿A qué debemos tanta alegría? —pregunto, sorprendiéndola. —Hola, Thom —responde con una sonrisa—. Veo que a mí me fue mejor que a ti.— dice mirándome. —¿Lo dices por la cara que tengo hoy? —pregunto, sabiendo que ella me conoce bien. —Al parecer, esa fue otra de tus pesadillas, ¿verdad? —pregunta, enmarcando una ceja. Suspiro y aflojo mi corbata antes de sentarme en mi silla presidencial. —Así es —asiento con la cabeza. —No sé qué hacer.— le digo. —Debes pedir ayuda profesional, Thom —me aconseja Emily —Liberarte de culpas. Ella no fue la única afectada. ¿Te has preguntado por qué ella te duele tanto?— Un escalofrío recorre mi espalda dorsal al escuchar sus palabras. —No lo sé —niego con la cabeza.—No sé qué me pasó cuando la vi años atrás. Ella me cambió. Solo bastó con mirarla durante segundos.— —¿Y si te dijera que te enamoraste de ella a primera vista? —pregunta Emily con una sonrisa. Me siento golpeado por sus palabras. —Jajaja, eres tú, Carson. ¿Qué sabes de amor? Eso es imposible —responde ella misma con burla. —Déjalo ir, amigo —me dice Emily antes de salir con una sonrisa. Me quedo pensando en nuestra conversación y niego lo que ella ha dicho. Pero sus palabras siguen resonando en mi mente. HELENA Cuánto entramos a la habitación de Carmelita puedo verla dormidita, con sus cabellos blancos un poco despeinados, mi linda abuelita la que la vida me regaló, está tan tranquilita. No puedo evitar nuevamente derramar mis lágrimas pensando en que pudo morir. Doy un suspiro de dolor, por un momento salí de la realidad cuando la voz del doctor me trae de vuelta: —Nunca pensé que una mujer pudiera ser tan hermosa llorando, hasta hoy, que te conocí— lo dijo mirándome, con su tono de voz lento y pausado, como si estuviera diciendo el más bello poema. No supe qué decir, pero de seguro él vio como el rubor de mis mejillas crecía y una timidez a mi llegaba. Al ver que me sentía un poco perdida e incómoda, decidió ignorar mi reacción y continuó: — todo ha sido un mal susto, el día de mañana se le dará de alta, junto con las indicaciones para aprender a cuidar su salud.— —muchas gracias doctor— le dije brindándole una sonrisa. Al día siguiente ya con mi abuelita regresamos a casa y dejamos de lado el mal momento que pasamos. Carmelita es una mujer valiente acepto su enfermedad y a seguir sus indicaciones al pie de la letra; lo bueno es que ella quería vivir más para no dejarme sola. En nuestro departamento le preparo comida, pensando en que debemos cambiar por completo nuestra alimentación, pues así será más fácil cuidar de su salud. Ventajosamente en la empresa en donde hago mis pasantías me permitieron faltar el día de hoy. Así que a consentir y cuidar de Carmelita. En la noche cuando me he desocupado tomo mi computador, y reviso mis plataformas sociales en la que veo tengo un mensaje de @misterT, hace mucho tiempo que no hemos hablado, a él lo aprecio aunque solo es virtual he sentido su apoyo, en los momentos más difíciles. Le respondo: «hola, hace mucho tiempo que no hablamos, estoy bien, aunque me he llevado un buen susto con mi abuelita…..» le cuento con confianza lo que pasó. No responde mi mensaje seguro está ocupado, es una amistad rara pienso ya que no sabemos muchas cosas el uno del otro, pero en los momentos difíciles él ha estado ahí, sonrío porque su existencia siempre será motivo de felicidad. Voy a la ducha, para darme un baño necesito relajarme, al salir me pongo un pijama cómodo y abrigado, ya que hace frío.
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