- ¿Ya me dirás por qué has peleado? -le pregunté a Adam mientras caminábamos a su casa. - No, y basta de preguntármelo -gruñó. - ¿Por qué estás tan enojado? - No estoy enojado. - Lo estás. Te estás comportando como un completo idiota conmigo. - ¿Por qué lo dices? - ¿Que por qué? -grité-. ¡Me has tirado tu jugo de naranja encima en el descanso! ¡Me aventaste cuando traté de hablar contigo en el pasillo! ¡En dibujo rompiste mi trabajo! ¿Y aún te preguntas por qué? - Bella... - ¿Quién rayos te entiende? -exclamé furiosa. - Bella, ya cállate. No me siento bien -murmuró. - Seguro -gruñí caminando más rápido entre los árboles. Llegué

