Antes de acostarme le envié un mensaje a mi madre para que mañana en la tarde se hicieran presente todos los familiares en casa. Así podía controlar quién ingresaba y usando las debidas precauciones. Nadie que no usara las protecciones debidas ingresaría en la habitación de mi hijo. Puede que me digan patético o egoísta, pero la seguridad de mi hijo era lo más importante para mí. Di vueltas en la cama hasta que logré conciliar el sueño. A la madrugada me desperté, fui hacia las cámaras que había instalado en la habitación de mi hijo, al no ver ningún movimiento me fui a la ducha, me di un relajante baño, luego bajé. Cuando la enfermera ingresó se sorprendió de verme ahí. —¿No puede dormir, señor Lanús? ¿O vio algún movimiento que le preocupó? —Solo quiero pasar tiempo con mi hijo.

