Llegó a Yucán. Sus largas piernas se movieron, con mirada fría bajó del jet, subió al auto que lo esperaba y se dirigió hacia la casa de los Langbernd, tocó el timbre con insistencia. —Voy —la mujer se sorprendió al verlo ahí. Temerosa miró hacia atrás. —¿No me vas a invitar a pasar? —inquirió forzando una sonrisa—. ¿No te alegra que esté aquí, Pao? —sus labios mantenían una sonrisa, pero sus ojos expresaban otra cosa. Paola estaba más que feliz de tenerlo ahí, sin embargo, dentro de esa casa, en la parte del sótano tenía a su hermano. Acababa de acomodarlo, esperando que nadie más pudiera verlo hasta que llegara el momento. Aike ingresó sin ser invitado. En esta vez andaba con Xavi, quien después de verlo ingresar también se propuso a hacerlo, pero Paola lo detuvo—. Tú no tienes

