Esa petición, fue como un sueño hecho realidad. Aike la giró, dejándola de espaldas a él, comenzó susurrándole al oído cuanto había deseado ese momento, esperando que ella se retractara, no obstante, Dana giró el rostro y al encontrarse con el de Aike musitó. —También lo he soñado cada noche. Estrellaron sus bocas, enredando sus lenguas y profundizando un beso mojado y exquisito. Las manos de Aike se introdujeron por debajo de la bruza, llegaron a los senos y apretó estos. Dana suspiró profundo mientras se comían la boca. De espaldas a él, le sacó la blusa, recogió el cabello y besó la clavícula, subió por el cuello, llegó al oído y mordió del lóbulo. Sus grandes manos continuaron apretando los senos. Cuando los soltó, la giró y volvieron a unirse en un beso. Los delgados dedos d

