Cerré mis ojos por instinto dejándome llevar por su boca. Sus labios eran tan suaves y se movían tan indecisos que al instante que comencé a corresponderse el beso, se volvieron más seguros, más provocativos y salvajes. Me acercó más hacía él tomando mi cabeza con una de sus manos. Dios, que está pasando aquí. No, mejor dicho, ¿¡qué te está pasando Somer!? Nuevamente entre en una nebulosa cuando mi cadera chocó contra su ya abultada erección. La respiración se estaba volviendo pesada y un cosquilleo extraño se extendía por todo mi estómago. ¡Ayuda! ¡Pasé de estar con un demonio s****l, a un ángel de la morición! Después de unos segundos se separó de mi, respirando pesadamente y con dificultad, con los ojos cerrados, apoyando nuestras frentes. —Yo... no me voy por ti —dijo—. No tien

