Salí de allí rápido, entre menos me tardara, más tiempo tendría para pensar que haría ahora con Megan. Yo y mi estúpida boca que no se puede quedar quieta. Los pasillos estaban solitarios por todo el lugar. No me extrañaba, a esta hora deben de estar en clases. Mientras caminaba hacia los baños que quedaban más cerca, mis pasos iban sonando bajo la pulida cerámica del mismo. Una sensación de ser observada hizo que me tensara. Miré a ambos lados extrañada y al llegar la puerta solté un suspiro de alivio, hasta que vi que estaba cerrada con un letrero que decía: «Baño en reparación, usar los del pasillo inferior». —¿Por qué a mi? —masculle molestas. El piso de abajo, mejor conocido como el sótano demoníaco. Era usado según varios alumnos viejos por aquí como antiguos salones. Pero

