—¡Suéltame! —grité. Estaba próximo a clavarme sus enormes garras en el pecho, y Asmodeo, estaba en la misma poción que yo. Al parecer se le había caído igualmente la espada al voltearse para ver porque había gritado. Lo tenían agarrado de sus alas como si fueran garrapatas. —Creo que el juego se acabo, fenómenos. —dijo la sombra líder. Sin poder evitarlo me reí dejando desconcertado a todo el mundo. —¿Una sombra hablando de fenómenos? Hombre, ¿no se ha visto en un espejo? —me burle viéndolo a los ojos. —¿¡Qué mierda haces!? —Bien decía tu padre: ayúdame que yo te ayudare. —Era, ayudate que yo te ayudare. —Tú me entendiste, solo sígueme el juego. Frunció el entrecejo todavía dudoso, pero me siguió la risa. La sombra los ojos podría jurar que se le estaban tornando cada vez más

