POV VITO VANNICELLI Brasilia me recibe con ese calor pegajoso que parece meterse debajo de la piel, como si la ciudad quisiera recordarme que aquí todo se cocina lento, a fuego bajo, y que los errores se pagan sudando. Miro por la ventanilla del coche mientras Maicon conduce con esa calma suya que a veces me irrita y otras me salva de cometer estupideces. No es una mansión a la que llegamos, ni falta que hace. Es una casa amplia, funcional, escondida entre otras iguales, con un jardín que parece descuidado a propósito y un vecino que riega plantas todos los días a la misma hora, aunque no sea vecino, sino uno de los nuestros. Me gusta así: discreto, útil, sin gritos de riqueza innecesarios. El lujo verdadero es no ser visto. El portón se abre antes de que el auto se detenga por complet

