POV VITO VANNICELLI El amanecer no llega con luz, llega con una sensación. Hay algo en el aire antes de que los ojos terminen de abrirse, una presión leve que no tiene nombre pero que el cuerpo reconoce como alerta. No es ruido lo que me despierta, ni frío, ni hambre. Es una intuición que aprendí a respetar desde joven. Abro los ojos lentamente, dejando que la vista se adapte al gris tenue que se filtra entre las copas altas de los árboles. El fuego está reducido a cenizas apagadas, el aire huele a humedad y carne ahumada, y por un segundo todo parece igual que anoche. Pero no lo es. Marcello sigue recostado sobre su mochila, una mano descansando cerca del arma, respirando con esa calma despreocupada que solo aparece cuando cree que el turno de vigilancia terminó sin incidentes. Samuel n

