Sus dedos largos se clavaron en mi nuca como si no quisiera dejarme ir nunca aunque la verdad es que yo tampoco estaba deseosa por hacerlo. De echo yo misma me agarré de su camisa de forma inconsciente. El beso se intensificó a niveles escandalosos por lo que tuve que obligarme a pensar que había traído a Aderyn conmigo. Enseguida di un paso atrás dejando de besarlo a duras penas ya que Zadquiel mantenía su agarre y él me reprochó con la mirada a la vez que una sonrisa comenzó a bordear mis labios. — ¿Recuerdas que no solo estamos tú y yo? —pregunté juguetona pasando lentamente mis uñas por sus bíceps haciéndolo gruñir. Sus ojos se cargaron de un placer finito a la vez que se oscurecieron más de lo que normalmente lo hacían. —Me es difícil recordarlo. Más aún cuando me tocas —admitió

