Daniel Sanders está conduciendo su auto con Roberto Torres sentado a su lado en el asiento del acompañante.
Era invierno y había algo de viento así que no había ni una pizca de calor, todo lo contrario hacía frío, pero Daniel tenía abierta la ventana del auto junto a él. Daniel tuvo que abrir la ventana a pesar de la temperatura porque no podía soportar el olor a alcohol y vomito que Roberto tenía.
Llevaban ya dos horas patrullando, también eran dos horas donde Daniel estaba probando una nueva técnica de distracción para mantener su mente lo más ocupada posible y no prestar atención al policía sentado junto a él.
Mientras Daniel maneja resita en su mente cada movimiento que hace; cuando iba a dar una vuelta lo decía en su mente detallando hacía que dirección lo hacía.
Por eso está más concentrado en el camino también que normalmente lo hace. Daniel pensaba que si mantenía así su mente ocupada concentrándose en el camino podría evitar escuchar las tonterías que Roberto le contaba, pero no daba resultado.
El camino no ayudaba en nada, tampoco ya le habían tocado dos semáforos en rojo uno detrás del otro.
En ambas ocasiones Daniel tamborileaba con sus dedos sobre el volante con mucha impaciencia porque el color de los semáforos pase de rojo a verde. Estaba tan apresurado que tan pronto como cambiaba a verde la luz del semáforo Daniel comenzaba a tocar la bocina para que el auto que estaba frente a él se apresurara a avanzar.
Seguir conduciendo era el plan de Daniel de esta manera podría seguir relatando el viaje en su mente y no tendría que soportar eso.
A Roberto le encanta contar las historias de sus aventuras en los centros nocturnos, los bares y el burdel. Él tiene la costumbre de ir a bares los sábados y ocasionalmente va a burdeles los sábados o domingos (Dependiendo del día que le toque libre).
Al escuchar su historia Daniel no puede evitar pensar en el primer día que Roberto comenzó a "compartir" esas historias con él.
Todo comenzó hace 4 años; en el año 2018, específicamente el día después del cumpleaños de Daniel. No sabe cómo, pero Roberto se enteró de que el día anterior había sido su cumpleaños.
Daniel le ocultaba eso porque no quería que él arruine su fiesta, pero la razón principal es que su mejor amiga y compañera Isabella Ferrari es otra persona que no quiere ver a Roberto. Cuando Roberto se enteró invitó a Daniel a salir un domingo en la noche, ya que como sorpresa especial Roberto quería compartir su "diversión secreta con él".
Daniel no la pasó mal esa noche. Tuvo cuidado de mantener ocupado a Roberto lo más que pudiera.
Jugaron al billar y "conversaron", aunque lo segundo era complicado porque tenía que hacer que no fuera evidente que no prestaba atención a lo que Roberto decía hasta que llegara la hora de irse. Roberto es el tipo de persona que se toma hasta el agua de los floreros, así que Daniel fingía escucharlo para que continuara hablando y tomara lo menos posible.
Al ser la 2:00 am fue cuando Daniel quería irse pensando que eso era todo, pero no fue así. Las 3 horas en el bar solo había sido una previa a la actividad favorita de Roberto.
El burdel era lo que menos se esperaba Daniel, ya que él sabe que Roberto es un hombre casado y que tiene una hija, pero también sabe que eso no le impide salir y hacer lo que quiera. No había nada que impidiera a un estúpido como Roberto hacer lo que quería hacer, si tenía ganas de hacerlo simplemente lo hacía.
Daniel tuvo su mentalidad dividida ese día porque, por un lado, sentía que eso estaba mal por Marta (La esposa de Roberto) y por Molly (la hija de Roberto), pero por el otro lado aunque el no hizo nada las cosas que le decían esas mujeres le subieron la autoestima de gran manera.
Desde entonces Roberto cada semana le contaba sus andanzas en el burdel y esta vez no era la excepción.
-Era pelirroja y era increíble. -Le dice Roberto a Daniel.-esa prostituta era una de las mejores...
-Felicidades, Roberto. -Le dice Daniel a Roberto sin apartar la vista del camino.
Roberto ve de reojo a Daniel un instante con una sonrisa pícara para luego decirle:
-No seas amargado, Dany.
-Por cierto, ¿cómo está Marta?
-Ah, vale, sigue molestándote y quejándote.
-Se está quejando por algo. -Le dice Daniel a Roberto con tono serio- quizás deberías pensar por qué.
Daniel se detiene cuando un semáforo cambia su luz a rojo sin apartar la vista del camino. Roberto hace un gesto inclinando levemente la cabeza como si estuviera creyendo, luego voltea a ver a Daniel para decirle:
-Yo sé por qué se queja.
Esa respuesta hizo que Daniel volviera a verlo por primera vez desde que comenzaron a patrullar. Daniel sabía perfectamente que Roberto sabía que lo que hacía estaba mal, pero también sabía que a Roberto no le importaba eso. Tal vez iba a decirle que su esposa se dio cuenta de sus "aventuras", no sería sorpresa casi todos sus conocidos lo sabían y la pobre Marta era la burla de la ciudad.
La verdad sería un alivio; Marta dejaría de llamar a su casa en la madrugada para preguntar cuanto tardara Roberto en llegar y eso pasaba muy seguido. Roberto le decía a Marta que él iba a jugar a las cartas con otros policías a la casa de Daniel. Ni Roberto ni su familia fueron nunca a la casa de Daniel así que ella no podía ir a comprobar si eso era verdad o mentira, solo tenía el número del celular de Daniel (que Roberto le dio sin consentimiento de Daniel). Daniel tenía que disimular su voz de sueño para decir que Roberto estaba con él, pero que estaba muy ocupado jugando o que estaba en el baño.
No era algo con lo que Daniel estuviera de acuerdo, pero no quería tampoco que Marta se pudiera triste o sus hijos. Si ella se había enterado era algo que a Daniel le interesaba porque significaba que ya no sería despertado a la madrugada por las llamadas de Marta.
-¿Si? -Le pregunta Daniel en tono cortante.
-Sí, le gusta quejarse. -Le responde Roberto con una sonrisa burlona.
Daniel frunce sus labios y vuelve a ver al camino sin pronunciar ni una palabra. Apenas el semáforo cambia a verde Daniel comienza a tocar la bocina al auto que está frente a él para que se apresure.
Era evidente que Daniel estaba perdiendo la paciencia aunque parecía que Roberto no se daba cuenta de eso y si se daba cuenta o no cambiaba nada. Si Daniel se molestaba o no era algo que a Roberto estaba lejos de importarle.
Roberto mete la mano en su chaleco antibalas buscando algo.
-¿Qué hora será? -Se pregunta Roberto a sí mismo mientras saca su celular.
Daniel que aún conducía con sus labios fruncidos los relaja un poco para responderle con un cortante Tal vez son las 16:00 hs.
Roberto sonríe al ver la hora en su celular (16:42 pm).
-16:42, ya casi es hora. -Dice Roberto mientras vuelve a guardar su celular tras su chaleco antibalas.
-Para qué? -Le pregunta Daniel haciendo un gesto confundido.
-Tenemos que ir a una dirección. -Le responde Roberto a Daniel.
Eso no respondía mucho y Daniel quería saber de qué se trataba, pero antes de preguntar volteo levemente hacia la ventana inhalo aire limpio, luego rápidamente volvió a ver al camino.
-¿A qué dirección? ¿Para qué? -Le pregunta Daniel a Roberto.
-Después te explico para que, ahora tenemos que ir -Le responde rápidamente Roberto a Daniel.
Daniel frunce sus labios y mira fijamente al frente.
-Dobla ala derecha en la próxima. -Le dice Roberto a Daniel.
Daniel manteniendo su vista al frente sigue conduciendo derecho sin hacerle caso a Roberto.
Roberto mira hacia atrás confundido al ver que Daniel pasó de largo cuando él le dijo que debía cambiar de dirección, luego voltea a ver a Daniel para decirle:
-¿Qué estás haciendo? Te dije que dobles a la derecha.
Daniel detiene su auto apenas ve un lugar para estacionar, y se cruza de brazos.
-No voy a conducir a ningún sitio si no me dices para qué. -Le dice Daniel a Roberto.
Roberto ve a Daniel y comienza a insistirle que conduzca, pero Daniel que se queda de brazos cruzados solo responde No.
-Está bien, te voy a decir. -Le dice Roberto a Daniel en tono serio.
Daniel voltea a ver a Roberto para que le diga por qué tienen que ir a ese sitio.
Roberto se queda callado un instante, como si dudara entre sí decirlo o no, pero al final lo hace:
-Hace tiempo, en un día que tuviste libre fui a verificar una denuncia de venta de drogas...
Daniel se sentía algo aliviado al saber que era algo que tenía que ver con el trabajo y no con alguna tontería.
-¿Y qué paso? Era así o eran denuncias falsas? -Le preguntó Daniel mientras se acomodaba en su asiento.
-No, son denuncias verdaderas por eso vamos a ir -Le dice Roberto a Daniel.-Es una tienda de barrio, según parece usan palabras clave para distinguir al tipo de cliente que va.
-Palabras clave? -Dice Daniel mientras lleva una mano a su mentón pensativo.
-Si, por ejemplo si se quiere comprar algo de eso tienen que decir que van a comprar "harina voladora" o "planta arcoíris" y de esta manera dependiendo de lo que quieras comprar.
-¿En qué dirección está el lugar? -Le pregunta Daniel mientras pone una mano en el volante observando a Roberto.
-En la calle Sol rojo al 400.
Daniel pone la dirección en el GPS de su auto y van rumbo al lugar. En el camino por suerte Roberto estuvo silencioso, más silencioso que de costumbre así que Daniel pudo tener algo de paz hasta estar cerca del sitio.
Al estar a unas cuadras de distancia Roberto volvió a hablar con Daniel para pedirle que detuviera el auto a una cuadra de distancia del lugar. Daniel dudó en hacerlo, pero si Roberto hubiera ido antes a ese sitio tal vez sabía que era un lugar peligroso o que si los "vendedores" lo reconocen a Roberto se darían a la fuga, todas estas cosas cruzaron por la mente de Daniel al momento de detener el auto.
-¿No deberíamos pedir refuerzos? -Le pregunta Daniel a Roberto.
Roberto no responde, solo lanza una risa burlona que pone Daniel de peor humor, pero como no tenía ánimos de discutir decide mejor preguntarle:
-¿Ya tienes lista la orden de allanamiento?.
Roberto mete la mano a su bolsillo y saca un papel doblado que le da a Daniel mientras dice:
-Si, esta es la orden de allanamiento, pero deja que primero vea a ver si hay.
Daniel desdobla la orden de allanamiento y ve que todo esté en orden, luego vuelve a doblarlo.
-¿Qué esperamos entonces? -Le pregunta Daniel con el papel aun en su mano.
-Voy a ver primero si es necesario hacer un allanamiento. -Le responde Roberto a Daniel.
-¿De qué estás hablando?. -Le pregunta Daniel confundido.
-Estoy hablando de que yo voy a ver que onda mientras vos te quedas en el coche y me esperas. -Le dice Roberto a Daniel con una sonrisa.
-¿Cómo me quedó esperando en el coche?, dijiste que ya lo habían confirmado entonces ahora tenemos que actuar -Le responde Daniel a Roberto.-¿Qué hay que esperar? No comprendo.
-Te aviso por la radio si te necesito, no te preocupes.
Daniel no está de acuerdo, pero accede de mala gana, ¿qué podría salir mal? Solo debía estar atento a la radio por si la cosa se complicaba.
-Tranquilo Dany, espérame y volveré. -Le dice Roberto a Daniel antes de salir del auto para ir a la tienda.
Daniel apoya su brazo en la ventanilla del auto y ve desde el auto a Roberto.
Algo que llama la atención de Daniel es que Roberto y el hombre que salió de la tienda se saludaban tratándose como viejos conocidos hasta que Roberto y el vendedor de la tienda entraron juntos al local.