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Allegra miraba cuatro vestidos de diferentes diseñadores, de diferentes telas y colores extendidos en su cama. Giaccomo vendría en media hora para arreglar su cabello y maquillarla, y ella estaba aún en ropa interior, con una toalla enroscada en la cabeza, e indecisa por lo que se iba a poner. Edna entró sin anunciarse, ni sorprenderse por verla apenas con una tanga de material blanco traslúcido y un sostén igual. Ella conocía el espigado cuerpo de Allegra desprovisto de grasa por una bendita suerte genética. Al verla estudiar los cuatro vestidos extendidos dio su opinión. —El n***o. Es una gala de beneficencia, tienes que lucir dando a entender que los miles de dólares que pides para la fundación serán exactamente para la fundación y no para ti. Y de joyas, los rubíes. —Rojo y n***o. M

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