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1761 Words

Llegó la mañana, y la despertó el olor a comida, lo que indicaba que habían abierto la puerta para dejar el desayuno. Corrió hacia el pequeño vestíbulo de la habitación, pero nada, la puerta estaba otra vez cerrada con llave.  Cuando volvió, Duncan la miraba ceñudo. Estaba sentado en medio de la cama, en boxers, como solía dormir, y el cabello revuelto. —¿Allegra? —Sí, yo. —No eras… Dios, creí que sólo deliraba –dijo él pasándose la mano por la cara. —Pues no, estoy aquí en carne y hueso, y tengo que hablar muy seriamente contigo, Duncan Richman. Allegra se cruzó de brazos mirándolo molesta. Ah, parecía estar furiosa porque él estaba de nuevo usando una jugarreta para quedarse con su empresa, pues no se creía ni poquito eso de que se la devolvía a cambio de nada; pero la verdad era q

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