Ignorando las amenazas de Alan subí al auto, en cuestión de minutos estuve frente a la escuela de mis hijos, cuando los vi salir cargando sus mochilas mi corazón se agrandó. Anahí, movía su cabeza y tocaba sus cachos que le había hecho, y mi pequeño Adrián corría para llegar más primero. Me incliné con los brazos abiertos para esperarlo, una vez que estrelló su cuerpo contra el mío lo abracé y lo llené de besos. Se suponía que Adriano tenía que estar a mi lado para abrazar a mi pequeña y luego intercambiarlos, pero no estaba y ahora me tocaba abrazarlos a los dos y mimarlos en el mismo instante. Pero así era mejor, ellos dos envueltos en mis brazos como cuando estuvieron en mi vientre. Después de hablar con la licenciada me dirigí a casa, al abrir la puerta no encontré a Máximo en el l

