—¿Y tus promesas? ¿Dónde quedaron? ¿No sé suponía que estarías conmigo siempre?, ¿qué me cuidarías toda la vida? —Estaré pendiente de ti. —¿Cómo? ¿Dejándome a tus hombres? Mírame a los ojos Adriano Santoro. Exigí, tenía la mirada clavada en el suelo y lentamente la fue subiendo hasta que sus verdes ojos los cuales me observaban con mala cara; se compactaron con los míos. —Me abandonas en el hospital sin importarte mi seguridad, te valió un culo lo que sucediera conmigo en ese momento solo porque espero un hijo tuyo. ¿Qué clase de hombre eres?, ¿dónde queda el gran amor que dices sentir por mí y la promesa que le hiciste a la abuela de cuidarme siempre? ¡Eres tan cobarde que pretende marcharse solo porque te aterra ser padre! —¡No es eso! —¡Si lo es!—, bufé molesta y con las lágrimas

