Al día siguiente como acordó me llevó a la clínica donde trabajaba su amigo. —¡Es un milagro tenerlos aquí!, ¿a qué debo su grandiosa visita?, ¿alguno de ustedes está enfermo? —Espero que no—, dijo Adri. —Solo fue un mareo, pero Adriano ya quiere hospitalizarme—, dije y Frank soltó una carcajada. —Adriano, siempre conservando la esencia de ser un príncipe al rescate—, bromeó y mi esposo puso los ojos en blancos. —Quiero que la revises, creo que puede tener anemia—, dijo muy serio —Sus ojos están algo pálidos. —¿En serio?— continúo bromeando Frank —Debiste estudiar para doctor—, dijo al levantarse y pedirme que me acueste sobre una camilla. Al acostarme alumbró mis ojos y colocó un aparato en mi brazo izquierdo que hizo fuerte presión. —Si, se podía decir que tienes anemia, pero de

