Adriano entrecerró los ojos al mismo tiempo que metió sus manos en sus bolsillos, seguido hizo un lanzamiento de la mitad de su cuerpo hacia atrás y colgó la cabeza en la misma dirección. —¡Dios!, ¡dame paciencia con esta loca! —¿¡Loca!? ¡Ahora me llamas loca! —, le empujé de un hombro. —Si, eres una loca que se arma películas en la cabeza, y eso se debe a que vez tanta basura en la televisión—, dijo al caminar hacia el escritorio y encender un tabaco. Caminé hasta él y me paré a su costado, en un movimiento rápido le quité el cigarro, lo lancé al suelo y lo pisé con el zapato. —¡Esto si es basura! —, dije alzando la mirada. Me crucé de brazos y él se sentó en el fino y refinado sillón de cuero n***o, alzó una pierna al nivel de su rodilla y posó un brazo en el sostenedor de manos,

