—Eso es porque están casados por amor, en cambio nosotros no sentimos nada, más que deseo—, dije y salí. Después de clases lo vi nuevamente esperándome a las afueras de la Universidad, pero en esta vez no me llevó a la orilla del acantilado para follarme como ayer, si no que, me llevó a la distribuidora y dijo que desde hoy empezaría a trabajar como su asistente. Me quise rehusar pero cuando a Adriano Santoro se le metía algo en la cabeza no había quien se la quitara. Una vez que subimos los ascensores, Adriano agarró mi mano, ante ese agarre sentí una corriente recorrer mis venas, encender mi piel y a poner a trabajar las válvulas de mi corazón. Quise soltarme de su agarre porque todos sus empleados… bueno, a decir verdad, mis empleados nos estaban mirando, pero Adriano no soltó mi m

