No sé cuánto tiempo pasé durmiendo, solo recuerdo que antes de abrir mis ojos escuché a Frank decirle a Adriano. —Todo está listo, empezaremos ahora mismo, solo falta tu firma para realizar el degrado. Un silencio perduró por lo menos un minuto, hasta que escuché su voz. —¿Dónde debo firmar? —Aquí—, supongo que señaló el papel. Sentí una desesperación puesto que esos dos querían deshacerse de mi hijo y para evitarlo abrí mis ojos. —¡Despertó! — Vi a Adriano exclamar enérgico. Su barba había crecido, en la parte inferior de sus ojos se marcaban unas ojeras y su cabello estaba alborotado. Se veía desaliñado, nada comparado con el Adriano que conocí —Amor—, pasó su mano por mis cabellos y en sus labios se dibujó una hermosa sonrisa. Lo contemplé por un segundo, luego giré mi rostro a m

