Maya Alexander movía el licor de la copa que sostenía sentado en el sofá de su habitación. Pronto bajaría a cenar con todos los demás, pero sus emociones estaban a flor de piel y el trago en su mano lo ayudaba a calmarse. Se sorprendió a sí mismo al haber reaccionado de la manera en que lo hizo desafiando al emperador en persona. Desde que era pequeño había sido cuidadoso ante las reacciones de los demás y las propias ya que desde temprano había aprendido de su madre que una sonrisa encantadora evitaba muchos problemas y lo hacía conseguir lo que quería más rápido. Además, era un buen complemento para la exigencia de su hermano mayor Jaim, la seriedad de Naira y la impulsividad de Yaina. Compensaba y potenciaba esas características con encanto y diplomacia. Solo dos veces antes había mos

