Jaim acompañó al emperador hasta la tienda donde se abrió paso al interior haciendo sonar el colgante de la puerta. - ¡Bienvenidos! - dijo el anfitrión, pero se detuvo en seco sin saber cómo reaccionar cuando el guardián del reino estaba en la entrada dando paso a un hombre vestido elegantemente cuyos ojos dorados recorrían el lugar. Esos ojos solo significaban una cosa. El emperador de Yamain. - Bienvenido, duque - dijo inclinándose - Es una gran sorpresa. - Solo estamos de pasada - dijo el joven avanzando, permitiendo que Kairon y Alex entraran también causando un efecto de onda de murmullos y exclamaciones entre el clientes que disfrutaban del té en las mesas. - Su majestad acaba de llegar… - No supo qué decir. Esto no tenía historia previa. - Saludos, Señor Smith. Kairon salvó l

