Cuando Alicia llegó a clase al día siguiente parecía que se hubiera transformado en una celebridad, cada estudiante se la quedaba mirando como si tuviera tres ojos y aquella situación comenzó a incomodarle. Algunos menos incautos se acercaban cautelosamente a preguntarle cómo había sobrevivido a toda esa travesía, y una que otra muchacha se la quedaba mirando con un desprecio inconfundible que le erizó la piel del cuello. —¿Qué les pasa? —le preguntó a Lucía aferrándose a su brazo mientras se dirigían al salón de clase. —Te envidian por pasar tantas horas a solas con Harrison —le respondió la muchacha —¿te imaginas que supieran que tuvieron sexo? Te harían un linchamiento social —se burló, pero a Alicia en vez de producirle rabia le incomodó un poco, no había tenido oportunidad de hablar

