Un favor prohibido

1212 Words
Era otro día intenso en la oficina, pero algo me decía que hoy no sería como los demás. Mi intuición no me falló. Apenas entré a la oficina, Máximo me llamó con esa voz grave que hacía que mi corazón diera saltos: —Adry, necesito que me hagas un favor. —Su mirada, fija y penetrante, me hizo estremecer. —Claro, Máximo… —respondí, tratando de mantener la calma, aunque sentía un hormigueo en la piel. —Quiero que me acompañes a una reunión fuera de la oficina. Es importante que estés conmigo. —Su tono no dejaba lugar a discusión, pero había algo más… un matiz personal que me hizo sonrojarme. Mi mente comenzó a correr. No era un favor cualquiera; algo me decía que este viaje lo acercaría más a mí de lo que estaba preparada. —Por supuesto —dije, respirando hondo—. ¿A qué hora debo estar lista? Él se inclinó un poco hacia mí, y la cercanía me hizo sentir el calor de su cuerpo. —A las diez. Prepárate bien. Y Adry… confío en que este favor no te incomodará. Mi corazón latía con fuerza mientras me retiraba a mi escritorio. Cada paso que daba parecía llevarme más cerca de él, y no podía ignorar la tensión que crecía entre nosotros. ¿Por qué este favor me hacía sentir tan expuesta y, al mismo tiempo, ansiosa por estar cerca de él? Durante la mañana, mi mente no dejaba de repasar cada interacción, cada mirada. Cada palabra que me decía Máximo tenía un peso distinto ahora, y cada gesto parecía cargado de un significado que solo él podía dar. Sabía que este favor no solo era profesional; tenía un trasfondo personal que lo hacía aún más peligroso… y excitante. Cuando llegó la hora, Máximo me esperaba en el lobby. Vestido impecablemente, con esa postura que irradiaba autoridad, parecía aún más imponente fuera de su oficina. Su mirada se posó en mí y, al pronunciar mi nombre: —Adry —dijo suavemente—, hoy confío en ti más que nunca. Mi corazón dio un vuelco. Esa palabra, pronunciada así, con esa cercanía, me hizo sentir que estaba entrando en un territorio que no debía cruzar… pero que no quería evitar. Durante el trayecto, la tensión era palpable. Cada palabra que decía Máximo tenía un doble sentido, cada gesto estaba cargado de intimidad silenciosa. Sentía cómo mi cuerpo reaccionaba a su presencia, y no podía evitar robar miradas hacia él mientras conducía la conversación hacia la reunión. Al llegar, la reunión fue breve, pero suficiente para sentir la cercanía de Máximo como nunca antes. Al salir, me detuvo junto a la puerta y su mano rozó ligeramente la mía. Un contacto mínimo, pero suficiente para que un calor inesperado recorriera mi cuerpo. —Buen trabajo, Adry —susurró—. Hoy demostraste que no solo eres capaz, sino que puedes manejar la presión… y a mí. Mi respiración se aceleró, y por un instante, me sentí atrapada en esa mirada intensa. Sabía que este favor había cruzado una línea invisible, y que ambos éramos conscientes de ello. El juego apenas comenzaba, y cada paso que daba con él me acercaba más a un territorio prohibido, pero irresistible. Mientras regresábamos a la oficina, no pude dejar de pensar en sus palabras, en su contacto, en cómo me llamaba Adry con tanta cercanía. Sabía que algo estaba cambiando entre nosotros, que el equilibrio entre lo profesional y lo personal se desdibujaba… y no podía esperar a ver hasta dónde llegaría. Mientras regresábamos a la oficina, sentía que cada paso junto a él hacía que mi corazón latiera más rápido. No era solo la cercanía física; era la forma en que su presencia dominaba mi espacio, cómo cada palabra suya parecía grabarse en mi mente con fuerza. Durante el trayecto, Máximo me habló sobre detalles de la reunión, pero sus ojos no dejaban de observarme. Sentí su mirada recorriéndome de manera intensa, casi analítica, y no pude evitar sonrojarme. Era como si supiera exactamente cómo provocarme sin siquiera tocarme. —Adry —dijo de repente, interrumpiendo mi concentración—, hoy demostraste que puedes manejar la presión. Y eso no pasa desapercibido. Mi respiración se aceleró. Su voz, profunda y cargada de autoridad, tenía un efecto que me hacía sentir vulnerable y segura al mismo tiempo. —Gracias, Máximo —murmuré, intentando sonar tranquila—. Solo… quería hacer bien mi trabajo. Él esbozó una sonrisa apenas perceptible, inclinando la cabeza con esa mezcla de aprobación y desafío que me dejaba sin palabras. —Y lo hiciste. Pero esto no termina aquí, Adry. Cada paso que das conmigo es una prueba, y cada vez nos acercamos más a lo que realmente importa. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. ¿A qué se refería? El doble sentido era innegable, y aunque traté de ignorarlo, no pude. Cada palabra suya me hacía sentir que estaba cruzando una línea invisible, un territorio que no debía explorar… y aun así, deseaba hacerlo. Al llegar a la oficina, el ambiente parecía normal, pero la tensión entre nosotros permanecía, cargada y casi palpable. Mientras revisaba algunos documentos junto a mi escritorio, sentí su mano cerca de la mía. No la tocó, solo la dejó rozar ligeramente al pasarme un papel, y ese contacto mínimo provocó un calor inesperado que subió hasta mis mejillas. —Adry —susurró, apenas audible—, cada vez que trabajas así, demuestra no solo tu capacidad, sino que eres… especial. Mi corazón dio un vuelco. Esa palabra, pronunciada de esa manera, cargada de intención, me hizo sentir expuesta y a la vez deseada. No podía evitar mirarlo, buscando en su expresión alguna pista de lo que pensaba, pero solo encontré su mirada intensa, que parecía atravesarme. Durante el resto de la tarde, cada interacción con él se volvió un juego silencioso. Cada instrucción que daba, cada corrección, cada mirada prolongada estaba cargada de tensión. Era imposible concentrarse solo en los documentos; mi mente estaba atrapada en él, en cómo su presencia hacía que el tiempo se ralentizara, cómo su voz y sus gestos podían alterar mi mundo entero sin esfuerzo. Cuando llegó la hora de irme, sentí una mezcla de alivio y frustración. Al guardar mis cosas, él apareció junto a mi escritorio, tan cerca que podía sentir su perfume, cálido y elegante. —Buen trabajo hoy, Adry —dijo suavemente—. Pero recuerda, este favor que me hiciste es solo el comienzo. Hay muchas cosas que debes aprender, y muchas formas de acercarte a mí… si te atreves. Mi corazón latía con fuerza. El roce de su voz, la cercanía de su cuerpo, la manera en que pronunciaba mi nombre, todo me tenía atrapada. Su mundo era peligroso, atractivo y adictivo, y yo sabía que cada día que pasara a su lado me acercaría más a algo que no podría controlar. Esa noche, mientras me preparaba para dormir, no podía dejar de pensar en él. Cada palabra, cada gesto, cada mirada y cada roce habían dejado una marca en mí. Sabía que el favor de hoy había sido mucho más que profesional. Había sido un acercamiento al territorio prohibido… y yo no podía esperar a cruzarlo otra vez.
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