Mayo terminó dando lugar a junio; Lucía y las otras mujeres del Ala Blenheim se habían sometido a numerosos tratamientos, para sus problemas individuales, con los doctores Dumas y Renaud. Su emoción inicial por ser parte del proyecto se había convertido en aburrimiento por los incontables procedimientos y análisis a los que se sometían. Las semanas de ser picoteadas o pinchadas, y de que insertaran diferentes instrumentos médicos en las partes más íntimas de sus cuerpos, se habían vuelto parte de su rutina diaria y la mayoría sólo deseaba que terminaran para volver a casa con sus maridos. La mayoría se mantuvo en contacto con su hogar por teléfono, por carta, o ambos. Lucía escribía la mayoría del tiempo ya que sólo podía llamar a Antonio en un horario preestablecido y él tendría que espe

