CAPÍTULO 5 Su aroma

2670 Words
Yasmina se acomodó la manga larga de su vestido con naturalidad, mientras a su lado permanecía Mariam, su acompañante. Al ver bajar a Nadine, sus ojos recorrieron la pieza de seda fina ajustada con delicadeza al rostro de la joven. —Te queda bien, Nadine —dijo con un tono dulce. Refiriéndose al velo que reconoció al instante. —Gracias —respondió Nadine, devolviéndole la sonrisa como mejor pudo, aunque por dentro maldecía a Azhar por haberla obligado a usarlo. Caminaron juntas hacia la entrada principal. Azhar ya las esperaba afuera, conversando brevemente con uno de sus hombres antes de volverse hacia ellas. Al verlas salir, avanzó hacia Yasmina. Abrió la puerta de la camioneta negra y le ofreció la mano a su prometida para ayudarla a subir con cuidado. —¿Cómo se encuentra tu madre? —preguntó Azhar, dedicándole una mirada de atenta cortesía. Yasmina se acomodó en el asiento de piel antes de responder con calidez: —Mucho mejor, Alhamdulillah (gracias/alabado sea Allah). La medicina le ha asentado bien estas últimas noches. —Me alegra escucharlo. Envíale mis saludos —pidió Azhar con un tono amable y educado. Mariam subió después de ella. Azhar aguardó a que Nadine ocupara su lugar por el otro lado y cerró la portezuela antes de subirse en el asiento delantero junto al conductor. Nadine se acomodó junto a la ventana y se quedó observando a Azhar un momento. No había un solo rastro de afecto romántico en sus gestos hacia su prometida, pero sí una caballerosidad impecable. El hombre sabía cómo comportarse con la mujer destinada a convertirse en su esposa y respetaba la posición de una familia tan poderosa como los Al-Amin. A Nadine le pareció casi absurdo comprobar esa faceta suya. El prometido educado que preguntaba por la salud de su suegra no se parecía en nada al dueño de Raghba, a ese que la había amenazado con el arma que tenía en la mesa para que le danzara en la habitación privada. Pensó que si Yasmina o toda esa gente que tanto lo admiraba como al CEO de Barakat Holdings —el conglomerado responsable del desarrollo inmobiliario y la hotelería de lujo más influyente de Beirut— supieran cómo era realmente, no lo tendrían en un puto altar. Al llegar al centro de la ciudad comenzaron a recorrer las tiendas más exclusivas. Yasmina caminaba con naturalidad mirando los aparadores mientras Mariam se mantenía a una distancia prudente y los escoltas las seguían a pocos metros. Por momentos, las dos mujeres intercambiaban comentarios breves en voz baja sobre la calidad de los bordados o las tiendas que visitarían después. Mientras Nadine se enfocaba en elegir prendas nuevas. —Y dime, Nadine... —comenzó Yasmina, girándose levemente hacia ella mientras caminaban entre los mostradores de una boutique—, ¿dónde vivías antes de viajar a la mansión de Azhar? Sé que estuviste un tiempo lejos. —Estaba viviendo en Trípoli —contestó Nadine, manteniendo un tono neutro—. Allá estudié administración de empresas con especialización en gestión inmobiliaria y desarrollo patrimonial —agregó, mientras detallaba un vestido hermoso. —Y ahora que el señor Malik falleció... ¿te quedarás en Beirut o volverás? Nadine, se detuvo a mirar unos pañuelos exhibidos, antes de responder; ambas sabían que esa no era una elección suya, sino de Azhar. —Se quedará en Beirut —respondió el Zaim, con un tono más duro, dirigiéndose a ambas. Yasmina asintió despacio, guardando un momento de silencio mientras sus dedos rozaban una repisa. Sabía que Nadine y Azhar no compartían sangre, y como una mujer que cuidaba su futuro, buscaba entender qué clase de relación existía entre ellos y qué lugar ocupaba la joven en la vida de su prometido. —Según comprendo, aún no tienes un compromiso ¿Es correcto? —preguntó Yasmina con curiosidad—. Una chica como tú debe tener pretendientes. Al escuchar la mención, Azhar giró el rostro despacio. Su mirada pesada y oscura se posó sobre su hermana, en espera de una respuesta. El silencio se prolongó un momento más mientras Nadine sentía los ojos de Azhar quemándole la espalda. —No, no hay nadie —respondió finalmente, forzándose a mantener la voz firme y sosteniéndole la mirada a la muchacha—. Mi vida estaba completamente enfocada en mis estudios. —Comprendo —sonrió Yasmina—. Bueno, nos aseguraremos de que te sientas acompañada. Nadine sugirió hacer una pausa. Entraron en un salón de té tradicional de ambiente refinado, con techos altos y mesas de madera oscura. Se sentaron cerca de un gran ventanal. El mesero llevó una bandeja de ma'amoul (pequeños dulces tradicionales de masa fina rellenos de pasta de dátiles y frutos secos), surtido de repostería fina y té de jazmín con menta fresca, para Azhar un té n***o. Al terminar caminaron un par de calles hasta ingresar a una boutique de alta costura. Nadine se apartó unos pasos para revisar opciones, ya que había perdido toda su ropa en la maleta extraviada. Por su parte, Yasmina aprovechó para aproximarse a Azhar al tiempo que examinaba unos bordados junto a Mariam. —He estado pensando en el compromiso formal —dijo Yasmina en voz baja, un tanto apenada—. Me gustaría que el nikah o katb al-kitab (ceremonia y contrato religioso mediante el cual queda formalizado el matrimonio musulmán) fuera algo muy elegante, pero reservado. Solo la familia inmediata, y las personas más cercanas de nuestras familias. Azhar escuchó con atención, asintiendo despacio. —Y para la fiesta posterior —continuó—, me imagino una gran recepción. Una entrada tradicional con zaffe libanesa (agrupación musical con percusiones y cantos que escolta a los novios) y bastante espacio para bailar dabke (danza folclórica popular) durante la noche. —No habrá problema con eso —respondió Azhar tranquilamente. El dinero no representaba la menor preocupación para él ni tenía interés en discutir detalles decorativos. Si ella quería una gran celebración, la tendría. Yasmina sonrió, evidentemente satisfecha. Convertirse en la señora Barakat representaba muchísimo, pues se casaba con el hombre más rico y poderoso de la ciudad. Girando la vista, Yasmina buscó a Nadine, que continuaba pasando la mano sobre un carrete de hilo dorado. —Me gustaría que Nadine participara en los preparativos —comentó, dando un par de pasos hacia ella—. En mi familia acostumbramos que las mujeres más cercanas a los novios nos acompañen a elegir detalles y estar en las reuniones. Azhar levantó la vista al instante, endureciendo la mirada. Nadine detuvo el movimiento de sus dedos sobre la seda al escucharla. Por ella, podían tener la boda más ostentosa de todo Líbano, era natural que Yasmina quisiera hacer los preparativos correspondientes, aunque el prometido fuera un hijo de puta despreciable. Pero querer que ella participara, le parecía demasiado. —Después de todo, es tu hermana —agregó Yasmina con total naturalidad. Esa sola palabra tensó el ambiente entre ellos. Azhar observó a Nadine apretar su labio inferior entre sus dientes con incomodidad. Aquel acto, le causó una jodida punzada en la entrepierna. Ningún hombre deseaba follarse a su hermana como él lo deseaba. —¿Te gustaría ayudarme, Nadine? —preguntó Yasmina entusiasmada. Nadine enderezó su postura, negarse sería grosero y Yasmina no se había portado hostil con ella para recibir un desplante de su parte. Así que respondió con educación: —Claro. Será un placer. —Nos llevaremos muy bien —sonrió Yasmina. Azhar frunció el ceño y se aclaró la garganta. Solo le faltaba que a Yasmina también la llamara hermana para acabar de joderlo. Al terminar de seleccionar las telas, salieron a la acera para dirigirse al siguiente local. Nadine caminaba un paso atrás, distraída mirando un detalle en la fachada del edificio de enfrente, Beirut era un lugar precioso, dio un paso hacia la calle admirando los alrededores, cuando una camioneta avanzaba a cierta velocidad sin que ella se diera cuenta. Azhar reaccionó antes que cualquier escolta. La agarró con fuerza de la cintura y tiró de ella hacia atrás con un movimiento brusco, pegándola contra su pecho. En ese instante, teniéndola atrapada contra su cuerpo, Azhar percibió su aroma por primera vez de forma clara. Su perfume era fino, delicado un aroma que no podría comparar con algún otro. Olía jodidamente bien. Durante unos segundos olvidó que debería soltarla y por el contrario, apretó la mano alrededor de su cintura con más firmeza. Nadine alzó la cara y sus ojos verde oliva brillaron con intensidad bajo la luz del sol. Azhar acercó involuntariamente el rostro hacia su cabello, perdiéndose un segundo en su cercanía. —Nadine, ¿estás bien? —preguntó Yasmina, acercándose y tocándole suavemente el brazo. El contacto con Yasmina lo devolvió a la realidad de golpe. Azhar la soltó de inmediato y recuperó su rostro frío e impenetrable. —Ten cuidado por dónde caminas —soltó con la voz más ronca. —Gracias, estoy bien —respondió Nadine hacia Yasmina, acomodándose el velo e ignorando el tono grosero de su hermano. Caminó hacia la joyería, esperando distraerse para deshacerse de la sensación que le recorría el cuerpo. Sus manos temblaban y su corazón latía con fuerza. Tenía que ser por el susto. Yasmina caminó por la joyería con Mariam, deteniéndose a mirar un hermoso brazalete de oro. —¿Te gusta? —preguntó Azhar al notar su interés. —Es precioso —admitió ella. —Envuélvalo —le indicó Azhar al vendedor sin dudarlo. Yasmina se mostró agradecida. Desde que se pactó el compromiso de palabra con su padre, Azhar siempre había sido un hombre espléndido. Enviando de vez en cuando, desde flores hermosas, hasta joyas costosas. Azhar siempre había sido así con las mujeres. Había tenido innumerables amantes, a las cuales no tenía problema en obsequiar regalos costosos. El dinero jamás le había importado y ser generoso con su futura esposa le salía de forma natural. Nadine sintió un picor en el pecho al comprobar que Azhar podía ser atento y capaz de sacarle una sonrisa a una mujer. Aquello le hacía evidente que solo con ella parecía empeñado en mostrar su peor versión. Mostró una sonrisa a Yasmina, negándose a dejar ver que le lastimaba descubrir que el hombre sabía cómo tratar bien a una mujer y que simplemente con ella parecía empeñado en comportarse como un imbécil. Entonces, la mirada de Azhar se posó en otra vitrina. Vio un collar de diamantes extraordinariamente hermosos y pensó en los ojos verde oliva de Nadine. Eran tan similares al diamante que adornaba el collar… —También llevaré esos —ordenó, agregando que los envolvieran para su hermana. El ceño de Nadine se frunció al instante. —Tu equipaje se perdió por culpa de mis hombres, velo como una compensación. Nadine terminó aceptando, pensando que solo lo hacía para mostrar que era un caballero ante su prometida. Sin percatarse de que ese collar era incluso más costoso que la pulsera de oro de Yasmina. Incluso más que todo lo que había comprado. Al terminar la tarde, la camioneta los llevó hasta la residencia de la familia Al-Amin. Azhar bajó del vehículo para despedir a Yasmina con la misma atención y elegancia de todo el día, mientras Mariam agradecía las atenciones. —¿Nos veremos esta semana? —preguntó Yasmina con una sonrisa. —Haré un espacio en la agenda —prometió él. Cuando Azhar regresó al interior y cerró la puerta, toda la cortesía desapareció de su rostro y regresó el hombre frío y dominante de siempre. Pero eso a Nadine no le extrañaba, después de todo a ella la odiaba. Azhar avisó al ama de llaves que no cenaría en cada, tenía asuntos que resolver, pero antes de salir, se dirigió a su despacho. Marcó el numero de Tariq para asegurarse de que todo estuviera en orden para la noche. Habría hombres importantes en Raghba, se servirían los mejores licores y por supuesto, atenderían las mujeres más hermosas a sus invitados. Nadine se dirigió a su habitación, pero al pasar junto a la puerta que permanecía abierta, le fue inevitable escucharlo mencionar aquel sitio al que se suponía ella no debía regresar. Cuando Azhar colgó la llamada, caminó hacia la puerta y se topó con el rostro de su hermana. —¿Estabas escuchando? —preguntó fijando la mirada en ella. —Iba pasando —admitió Nadine encogiéndose de hombros—. ¿Vas a Raghba? —le cuestionó con curiosidad. Le parecía una injusticia que los hombres simplemente pudieran meter sus vergas en el coño de cualquier mujer, mientras a ellas se les exigía llegar puras al matrimonio. Allah la castigaría por tener esos pensamientos. —No es asunto tuyo —sentenció él con dureza—. Mis hombres estarán a cargo de la seguridad. No tienes permitido salir de la casa. Nadine no discutió la orden, elevó la barbilla y se retiró a su cuarto. ... Horas después, Azhar ya no era el CEO impecable que se portaba caballeroso con su prometida, sino el Zaim que gobernaba la noche de Beirut. El club estaba lleno de humo dulce, alcohol de reserva, apuestas y mujeres. Él ocupaba su mesa habitual en el piso superior, pero no lograba sacarse a Nadine de la cabeza: recordaba su cintura bajo su mano, sus ojos brillantes y ese aroma dulce que parecía perseguirlo. —Mándame a dos mujeres —ordenó el Zaim a Tariq. La erección que ansiaba liberarse de su pantalón no tendría suficiente con solo una. —Llegó una chica nueva. Es hermosa y virgen, si gusta, puedo ordenarle que suba —ofreció Tariq. Pero Azhar negó con la cabeza. Las mujeres vírgenes eran subastadas por costos más elevados, prefería dejarlas a los clientes y dos mujeres quería esa noche. No una chica inexperta. Ya en la habitación privada, se sentó en el sillón de cuero, mientras bebía un vaso de arak (licor tradicional en Líbano) con agua y hielo. Se quitó la camisa, sin deshacerse de su pantalón, liberó su v***a y se colocó un preservativo. Una de las mujeres que había solicitado dejó caer la bata, quedando completamente desnuda. Subió en su regazo y dejó que la punta de esa imponente v***a se frotara en su entrada para humedecerla. Para luego dejarse caer sobre ella con lentitud, soltando un gemido agudo ante la invasión. Azhar le sonrió con lascivia, mientras observaba a la segunda mujer desnudarse, y sentarse frente a él hundiendo dos dedos en su centro y con la mano libre, acariciarse los pechos. Sujetó con fuerza a la primera, acelerando sus embestidas. Pronto los jadeos llenaron la habitación, mientras salía de su coño, para ordenarle a la segunda que se posicionara en sus cuatro extremidades sobre la cómoda, antes de comenzar a follarla. Estaba demasiado excitado, y los jadeos de ambas, parecían mermar de momento aquella preciosa imagen de la huérfana que no abandonaba su cabeza. … En la mansión, el silencio reinaba y Farida ya dormía. Nadine intentaba distraerse para calmar su curiosidad por ese lugar en el que Azhar se encontraba. Al mirar por la ventana, vio que una de las camionetas de los escoltas regresaba al patio. El conductor bajó de prisa y entró a la casa a buscar algo que había olvidado. Nadine comprendió al instante que el auto volvería a Raghba. Sabía que Azhar se lo había prohibido y que era una imprudencia enorme. Por Allah que se quemaría en el infierno. Sin embargo, tomó la seda fina que Yasmina le había regalado, se la ajustó sobre la cabeza para cubrirse el rostro, bajó en silencio y corrió hacia el vehículo. Abrió la puerta trasera y se escondió en el suelo, encogiéndose entre los asientos. Su respiración se agitó cuando escuchó los pasos del hombre regresar, la portezuela cerrarse de golpe y el motor arrancar. Nadine apretó los ojos con fuerza mientras el auto avanzaba hacia la noche, sabiendo que regresaba voluntariamente al lugar al que Azhar le había prohibido acercarse.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD