ALESSANDRO El viaje de regreso a la villa es un campo minado. Isabella está sentada a mi lado, respirando agitadamente. Su pecho sube y baja, está furiosa. Está celosa y está tan excitada que puedo oler su deseo en el aire acondicionado del coche. No la toco, mantengo las manos en mis rodillas, apretando los puños. Prometí que no la tocaría hasta que ella me lo pidiera y soy un hombre de palabra, pero Dios sabe que me está costando la cordura. - ¿Vas a seguir mirándome o vas a hacer algo? —pregunta ella de repente, girando la cabeza. Sus ojos lanzan chispas. - Estoy esperando —respondo con voz ronca. - ¿A qué? - A que me lo pidas. Ella bufa y mira por la ventana. Llegamos a la villa, el coche se detiene, bajo y le abro la puerta, ella sale ignorando mi mano y c

