VITTORIA Despertar en la habitación de Dante Gallo es lo más parecido a despertar en el mismísimo infierno... y por un segundo, se sintió como el cielo. Me tomó unos instantes reconocer el techo, no eran los frescos de mi habitación, sino vigas de madera oscura y una sencillez que gritaba su nombre, el aire olía a él, a su colonia y al tabaco fuerte que fuma cuando está nervioso y cree que nadie lo nota. Él estaba allí, sentado en un sillón de cuero frente a la ventana, con su arma descansando sobre el muslo, tenía la camisa desabrochada y las mangas remangadas, no se movía solo sus ojos estaban clavados en la puerta. —Vaya —dije, cruzándome de brazos—. Así que aquí duerme el perro guardián, honestamente esperaba algo más… intimidante. Él no se movió, vi cómo el músculo de su mandíbul

