ALESSANDRO Cerré la Catedral de Palermo. No es una metáfora, pagué lo suficiente al Arzobispado para que cerraran las puertas al público durante veinticuatro horas y hoy este templo no pertenece a la Iglesia; pertenece a la familia Moretti. Estoy de pie frente al altar mayor, bajo la cúpula inmensa, con las manos cruzadas a la espalda. Llevo un esmoquin n***o hecho a medida en Milán, cortado para ocultar la Beretta que llevo en la sobaquera, porque incluso en mi boda, soy el Don. Miro a los bancos que están llenos, quinientas personas, la realeza del crimen organizado de tres continentes. He visto a los Capos de la 'Ndrangheta sentados junto a los representantes de la Bratva rusa (los que sobrevivieron a la purga). He visto a los emisarios de los cárteles mexicanos y a banqueros suizo

