45 FUEGO Y CENIZAS

1030 Words

ALESSANDRO El SUV derrapó frente a la clínica veterinaria del pueblo, no esperé y no apagué el motor. Salté del coche y pateé la puerta de cristal de la entrada, el vidrio estalló en mil pedazos. Entré con el arma en alto. —¡Médico! —rugí. Un hombre salió de la trastienda, frotándose los ojos, en pijama, al verme levantó las manos, temblando. —¡No dispare! ¡Llévese el dinero! Lo agarré de la camiseta y lo arrastré hacia la salida. —No quiero tu dinero, quiero tus manos. Salimos a la calle, Isabella ya había abierto el maletero y Matteo estaba allí, con las manos llenas de la sangre de su perro, llorando en silencio. El veterinario vio al animal, vio el agujero de bala y vio al niño cubierto de sangre. —Dios santo... —murmuró. —Sálvalo —le ordené, poniéndole el cañón de mi pistola

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