Amelia
Con la regadera en mi mano derecha, vierto el agua a las flores del jardín trasero del palacio en donde vivo, sonrío al apreciar la belleza de la naturaleza, el juego de flores de distintos colores contrastan con la luz del sol, amo la naturaleza y las plantas, desde pequeña siempre he sentido un grato sentimiento por las plantas, los jardineros son los que se encargan de podar, sembrar y cuidar las plantas de nuestro jardín, pero de vez en cuando ocupo mi tiempo en esta actividad.
Voy hasta la lleve y conecto la manguera a modo regadera para abarcar más espacio y dejo que el agua alimente a mis flores, las compre hace algunos meses atrás, han crecido progresivamente y eso me hace sentir orgullosa de mi misma, es la primera cosa que compro porque quiero.
Al ser heredera al trono de mi ciudad entenderás que soy una persona mimada, que puede hacer lo que quiera y cuando quiera pero la verdad es que no es así, todo lo que soy y tengo es escogido para mi mas no por mí, nunca he tenido la oportunidad de salir de compras con amigas o viajar por el mundo, hacer esas cosas que las personas libres pueden hacer.
La Duquesa de Fife mi madre Yolanda Margaret Craig de Wilson y viuda del Duque Víctor Mateo Wilson, junto al consejo real de Reino Unido son los encargados de organizar mis actividades diarias, tomas todas las decisiones importantes así como las más simples como que color en las uñas llevar, o que cinta para el cabello se vería mejor con mi vestido, para eso encargaron a mucamas que llevan a cabo todas esas tareas por mí.
Un largo suspiro se escapa de mis labios al pensar en mi vida, tengo veinte años y no he tenido una vida común ni normal, nunca fui a la escuela o secundaria ya que una institutriz me enseñaba en casa, consecuencia de eso es que no tengo muchos amigos, solo primos y parientes que nos visitan de vez en cuando y viceversa.
Perdí a mi padre cuando era bebe, no tuve la oportunidad de conocerlo ni socializar con él, siempre hemos sido mi madre y yo, ya que ella no se ha vuelto a casar aunque su belleza es alabada por muchos de su entorno social.
“La rectitud debe ser el carácter de una gobernante, el pueblo debe sentirse identificado con las sabias actitudes que su representante emita” palabras de mi madre, según ella para todo hay que ser recto y seguro, no podemos dejar que las emociones interfieran al momento de tomar decisiones, ya que tenemos un pueblo que depende de nosotros y no podemos defraudarles.
Fife es uno de los consejos escoses de Reino Unido, Kirkcaldy es la ciudad en donde vivo, es hermosa, amo su zona urbana y rural, los monumentos y lugares que la hacen atractiva a los turistas.
Para fortalecer los lazos entre Reinos, el concejo dictamino que debo casarme cuando me gradúe en la universidad, llevo comprometida con Cristian Müller desde que tengo uso de conocimiento, nuestras familias se conocen de toda la vida.
Cuando inicié a comprender la responsabilidad de tener un matrimonio fui conociendo más a Cristian, es un hombre muy guapo y sobre todo su noble corazón con los ciudadanos de su ciudad me enamoro, por tal razón para mí no es un sacrificio casarme con él en el futuro.
Me enamore de el de inmediato y es que no tengo otros prospectos con que comparar, me concentre plenamente en conocer sus gustos y moldear mi carácter para que contraste con el suyo, mi institutriz me enseño que las reglas no se rompen porque las consecuencias son catastróficas.
Retiro las hojas secas que han caído del árbol enorme de sándalo, sus ramas están frondosas proporcionándome la sombra que necesito para no solearme demasiado, el aroma que emana el sándalo aromatiza el ambiente.
Este es uno de mis lugares favoritos, en donde me gusta estar y pasar las tardes, regando mis flores e inundando mi olfato de la grata fragancia que libera el sándalo, cuando quiero callar mis pensamientos, tomo una silla, un buen libro y me siento aquí no importando la hora, claro si no me encuentro muy ocupada haciendo los deberes que demandan quien soy.
—Señorita Wilson¡– llama mi atención mi mucama Elsa, quien me espera con una toalla, volteo a verla y le sonrío.
—Gracias Elsa— cierro la llave que alimenta a la manguera y la envuelvo en un rincón, Elsa me brinda la toalla y yo la acepto, secando mis manos.
—La estilista ha llegado, debe prepararse para recibir a los invitados— me recuerda.
—¿La Duquesa ha regresado de su viaje?— pregunto con amabilidad a la mucama, sobre mi madre, ya que está en un importante viaje en España, esta vez no la acompañe porque así se decidió.
—¡Ya su vuelo aterrizo¡ Oliver la recogerá en el hangar— contesta amable y procedo a entrar al palacio.
El palacio que ocupamos, ha sido herencia por la familia Wilson de generación a generación, mis antepasados lo ocuparon, la estructura tiene más de quinientos años de antigüedad, con el pasar de los años a sufridos grandes remodelaciones en su interior, solo reforzamiento a la fachada y todo el exterior, manteniendo su historia y belleza.
Los largos pacillos son adornados por los retratos de todos los duques que han ocupado este palacio, me detengo en el retrato de mi padre quien aparentaba un porte imponente y serio, me habría gustado conocerlo personalmente, saber que se siente crecer con un padre, que te enseñe a montar, que te cargue sobre su regazo, que te bese la mejilla y su bigote te ocasione cosquillas en la barbilla, me habría gustado conocer al hombre que conquisto el corazón de hielo de mi madre, ella no habla mucho de él, solo me cuenta que murió de una enfermedad terminal la cual hasta el día de hoy no tiene cura.
La enfermedad no es hereditaria, mi padre la adquirió producto de la caída mientras cabalgaba un pura sangre inglés.
Al llegar a mis aposentos, la modista y estilistas me sonríen, las conozco de toda la vida, han trabajado para nuestra familia por mucho tiempo, yo las siento como parte de mi familia aunque ellas no me traten como a una, son pocas palabras las que cruzan conmigo, cuando trato de alargar la conversación ninguna responde y eso hace que evite hablar mucho aunque quisiera hablar de todo.
Elsa es con la única que interactúo, pero hasta ella tiene sus límites conmigo, mis primos son iguales de excéntricos así que como comprenderás tengo un cofre de conversaciones dentro de mí, en donde guardo todas esas preguntas existenciales que quisiera tuvieran respuestas.
Sobre la cama reposa el vestido que han escogido para mí, un lindo vestido de organza color marrón, lo miro decepcionada, no es porque sea feo, es que por lo menos esperaba ver varios modelos antes de que Louis escogiera el que llevaría puesto esta noche.
—Su madre lo escogió para usted, es de la última colección de su diseñadora favorita— me dice Louis la modista, pero dudo que ella o mi madre sepan de mis gustos, es más yo misma no sé qué me gusta —¡acaso¡ ¿no es de su agrado señorita Wilson?— me mira a la espera de una respuesta, pero no quiero entrar en contradicción, ya mi madre lo escogió, así que es lo que debo usar.
—¡Es lindo¡— concluyo.
Al entrar en la tina, anteriormente preparada con sales de baño y aromatizantes para la piel, dejo que Elsa estruje mi cuerpo con la espuma, ¿qué? Acaso no les avise, mis mucamas asean mi cuerpo, excepto de mis partes íntimas que me permiten lavarlas por mí misma.
El proceso de aseo concluye con un baño de aceites aromáticos que suavizan mi piel, la maquillista tira el arte en mi rostro con polvos, sombras, labial, pestañas entre otros utensilios de maquillaje, mientras las estilistas se encarga de mi negra cabellera, haciendo hondas suaves, y otras dos se encargan de mis uñas.
Elsa retira el albornoz de mi cuerpo dejándome en ropa interior para que Louis pueda colocarme el vestido, la tela de desliza por mi cuerpo a la perfección, ella conoce muy bien mis medidas, luego calza mis pies con zapatillas de tacón que combinan.
Al mirar el resultado en el espejo una sonrisa sincera me abarca el rostro, a pesar de que no puedo hacer nada por mí misma, lo tengo todo y debo ser agradecida de ello.
Siempre lo he tenido todo, no puedo ser egoísta con los que solo hacen lo mejor para mí, trato de convencerme mentalmente de mi estilo de vida, llevo veinte años permitiendo lo que me pasa, esta no es la ocasión para alegar.
—Esta verdaderamente hermosa señorita— me indica Louis, feliz por el resultado —su prometido, se sentirá afortunado de contraer matrimonio con una joven tan hermosa como lo es usted— me alaga con sus palabras.
Las mucamas recogen el desorden causado, con ayuda de Leslie mi otra mucama, abandono la habitación ya completamente lista, camino con pasos largos y lentos, recorriendo los pasillos y bajando las escoleras que nos llevan a la entrada en donde se encuentra mi madre recibiendo a nuestros invitados.
—Nos honran con su visita Duques de Kent y nuestro consejo— se dirige mi madre a los invitados, quienes son mi futuro esposo y sus padres (mis suegros) quienes lucen imponentes y sonrientes, con disimulo admiro a Cristian y me es inevitable no sonrojarme con sus ojuelos, es tan hermoso con su barba crecida y sus ojos oscuros, me acerco hasta ellos.
—Bienvenidos Duques de Kent, y consejo de Fife, el placer es nuestro— manifiesto con el debido protocolo.
—Por favor pasemos a la sala de descanso— solicita nuestra mayordoma luego de pedir la autorización a mi madre, al llegar al salón nos ponemos cómodos en los sofás disponibles, los sirvientes nos sirven aperitivos para entretener la conversación, hasta la hora de la cena.
—Gracias por el recibimiento- agradece el duque quien me escanea con la mirada— Amelia, cuanto has crecido- le sonrío amable.
—Cada día estas más hermosa Amelia, ¿no es así Cristian?— dice la duquesa de Kent y los presentes nos quedamos atentos a las palabras del heredero.
—No había visto mujer más hermosa— garantiza y no me había sentido tan feliz como lo hago ahora.
—Gracias señor— le digo ocultando la alegría que me causan sus palabras, ahora tengo la certeza de que yo también le gusto, que nuestro matrimonio no es un arreglo forzado y que mi corazón estará en paz por estar con un buen hombre con el cual pasare el resto de mi vida.
Al cabo de un rato, nos informan que la cena esta lista, por lo que ocupamos las sillas de comedor, mi madre y el duque de Kent encabezan la mesa, seguidos de la duquesa al lado derecho de su esposo y Cristian quien está al lado mío, y los representantes del consejo.
—La alianza matrimonial entre ambos, constituye un compromiso eterno, ustedes gobernaran con justicia ambos Reinos y se constituirán en los más poderosos del consejo— habla el presidente del consejo un hombre de unos cincuenta años y viudo, quien es amigo de mi madre, de muchos años.
—Serán indestructibles, y llevaran a nuestros pueblos a la victoria— celebran los presentes.
La cena transcurre con normalidad, agradecemos por los alimentos y hablamos amenamente trivialidades, los duques de Kent resumen anécdotas de Cristian un tanto vergonzosas para el pero que me causan gracia.
El momento de la propuesta llego así que salimos al jardín en donde se llevara a cabo la propuesta, siento un poco de nervios, sabía que este momento llegaría, me han preparado para esto, pero eso no quita el hecho de que ahora será real.
El jardín delantero está decorado con luces, y flores, las manos me sudan y los sirvientes sirven copas de champaña a todos los presentes que nos rodean a Cristian y a mí en las gradas del jardín.
Mi madre me mira con admiración mientras que Cristian se arrodilla ante mí y saca de su bolsillo una caja de terciopelo dorada, los latidos desbocados de mi corazón los puedo escuchar en mis oídos, el me mira y me pierdo en su oscuridad.
—Amelia Madelinne Rousse Wilson Craig, por el bienestar de nuestras naciones hoy delante del consejo como testigo, formalizamos nuestro compromiso, te entrego este anillo heredado de nuestros antepasados para desposarte dentro de cinco años, cuando culminemos nuestras carreras y obtengamos las competencias necesarias para gobernar con justica, paz y bondad.
Sus palabras marcan el inicio de una nueva etapa en nuestra historia, desliza el anillo de oro por mi dedo, los nervios me provocan lágrimas que salen de mis ojos, aunque no es lo que escogí, pero estoy feliz de contar con un hombre como él y que nuestra alianza traerá bien y no mal a nuestros pueblos.
Holiss lectores, así iniciamos con esta maravillosa historia, éste capitulo es narrado años antes de que Amelia y Nikolas se conocieran. Éste es un relato para que conozcamos un poco más sobre su pasado.