Las miradas se posaban sobre la despampanante dama de dorado, que caminaba por el salón con suma elegancia y delicadez, muchas bocas estaban abiertas ante la majestad de Amelia Wilson, era inevitable no verla con admiración e incluso un tono de lascivia, ya que sus curvas hacían lucir espectacular el vestido que traía, el vestido no la hacía resaltar a ella, ella ponía a brillar ese vestido. Miranda con una amplia sonrisa en su rostro, tomo de la mesa circular una servilleta de tela, para pasársela a su hijo Nikolas, pues desde luego se podía ver la baba del hombre, que escurrirse por su barba y mentón. Nikolas acepto de buen modo el gesto de su madre, pues la sola presencia de su amada, le había provocado quedarse con la boca abierta, su amada es la mujer más hermosa que ha visto en su v

