Parte 6 – Rompiendo las barreras.

1143 Words
Envolví mis manos en su nuca mientras nos devorábamos la boca mutuamente de una manera tan salvaje y ardiente, su legua jugaba con la mía, se sentía tan rico que no pude evitar gemir contra su boca. Sus manos me tomaron de las caderas jalándome hasta quedar a horcadas sobre su cuerpo. Subió mi vestido y con agilidad movió el asiento hacia atrás para darme más comodidad sin abandonar el beso. Me aferré a su cuello, rompiendo las barreras que me impedían entregarme con libertada, y bloqueando esa vocecita en mi cabeza que me decía; "No lo hagas”, simplemente me dejé llevar dejando salir mis más bajos instintos. Dorian abandono mi boca para ir hacia mi cuello, beso, lamió, succiono y mordió, haciéndome vibrar ante el cosquilleo que invadía mi cuerpo y me hacía correar. Con impaciencia y hambre bajo los tirantes de mi vestido liberando mis tetas ansiosas por su atención. No me decepcionó, ya que las devoraba como si su vida dependiera de ello, uno a uno succionó mis pezones como si fuera un nauseabundo, llevando al borde del máximo placer solo con esa parte de mi cuerpo. Mis caderas tomaron vida propia, comenzando un vaivén fogoso sobre su m*****o que estaba tan hinchado como si estuviera a punto de romper su pantalón. Teníamos ganas, muchas ganas de saciarnos y esa noche al fin nos las quitaríamos, entre su boca y la fricción de nuestros sexos a través de la ropa, me estaba perdiendo al punto de deshacerme entre sus brazos. — Dorian… ¿Qué me estás haciendo? Gemí fuerte cuando sentí sus dedos, hurgaron entre mi ropa íntima, haciéndola a un lado, para delinear mis labios, abriéndose camino en mi v****a extremadamente húmeda hasta mi sensible y ardiente clítoris. Arquee mi espalda hacia atrás otorgándole el control de mi cuerpo, me entregué al placer cuando introduje el primer dedo en mi canal. Cegada a tal punto que me importo un pepino estar en medio de la calle jadeada y gimiendo por todo lo que me hacía ese niño. — Joder… Eda… esto es una delicia… qué rico te mojas para mí. — dijo al sentir como mis fluidos le daban libertad para deslizarse con libertad y se derramaban sobre su mano. Grité a pulmón cuando introdujo un dedo más y comenzó a follarme con tanta intensidad que sentía que no aguantaría mucho antes de correrme con fuerza arrasadora. — dime preciosa, ¿te gusta lo que este niño sabe hacer? – pregunta en voz ronca, acelerando el ritmo, imposibilitando una respuesta. — dime Eda… quiero escucharte decir cuánto te gusta. — dijo devorándome las tetas, mientras mis caderas se movían siguiendo el ritmo en busca de mi liberación. — ¡DILO! – gruño antes de morder mi pezón. — Sí… ahh… me gusta… me gusta mucho. — grité sintiendo como mi cuerpo temblaba ante la explosión de un orgasmo intenso. Débilmente, me dejé caer sobre su hombro en busca de aire, mi corazón latía desbocado y cuerpo gritaba… maldito niño me has derrotado. Escuche como se chupaba los dedos y entonces voltee a verlo. — Eres tan deliciosa… que no puedo esperar a probarlo directamente de tu manantial. Verlo hacer eso más allá de avergonzarme, me encendieron de nuevo, yo también quería probarlo, así que me baje de su regazo y comencé a desabrochar su pantalón hasta liberar su… Hay, pero qué bonito… su pene estaba erecto, grande, grueso y con las venas en todo su esplendor, se me hizo agua la boca una vez más, pero sin duda esta vez me daría el gusto de cometerlo completo y sin interrupciones. Sin más, deslice mi lengua sobre su longitud antes de escupir sobre él y masturbarlo un poco antes de metérmelo a la boca, la punta brillaba por su líquido pre seminal, lo recogí con mi dedo haciendo círculos a su alrededor. Quería, necesitaba, me urgía tenerlo dentro de mi boca y mucho más allá, pero también necesitaba castigarlo un poco por torturarme y llevarme al borde de la locura. — Dime, Dorian… ¿Acostumbras a masturbarte en mi oficina viendo mi foto y sin mi permiso? – pregunte jugueteando con su pene en mi mano, voltee a verlo y tenía una sonrisa juguetona. — Siempre… aunque ese día creí que al fin jugarías conmigo… pero te dio miedo. Y te fuiste… qué cobarde eres preciosa. — reí. — Eres un chico muy travieso y pervertido, lo sabes… me has estado provocándome y eso no se hace niño — succioné la punta acelerando los movimientos de mi mano haciéndolo gemir ronco. — dime que tanto se ha imaginado esa mente sucia que tienes. — Muchas cosas, muy sucias y morbosas. — hablo entrecortando la voz por la excitación que mi mano en movimiento le provocaba. — joder Eda… acelera más, tienes una buena derecha nena. — sonreí. — No, hasta que me digas… que te imaginabas en ese momento. — Imaginaba que me devorabas la polla con esa hermosa y apetecible boca que tienes. — ¿Cómo?, ¿así? - dije antes de deslizar mi boca sobre su pene, llevándolo hasta el fondo de mi garganta. — Ahh… ahh… joder mujer que buena eres… sí, así… sigue, no pares. — gimió cuando comencé succionar con frenesí y lo llevé hasta lo profundo provocando algunas arcadas. Tomo un poco de mi cabello… y a la mierda mi peinado… comenzó a follarme la boca con intensidad y rudeza que me prendía aún más, sentía que me ahogaba, pero me negaba a renunciar. — oh, qué rico… sin duda esto es mejor que en mis sueños y fantasías. Me libero de su agarre, sin embargo, yo estaba tan cegada por la lujuria, que seguí como una adicta posesa prendida de su falo hasta hacerlo venir en mi garganta. Lo escuché gemir ronco cuando exploto en mi boca, lamí todo sin desperdiciar nada, el sabor de su líquido espeso era agridulce y delicioso para alguien perdidamente excitado como lo estaba yo. Al terminar me limpié la comisura de los labios y me senté en el asiento del copiloto jadeando en busca de oxígeno con el corazón latiendo al mil por hora. — Eres divina, Eda. — dijo antes de darme un beso. — no me digas que estás cansada, bebe. — ¿Quieres seguir? — pregunté jadeando un poco, aún no recuperaba el aliento. — ¿Acaso crees que esto es suficiente?, por supuesto que no preciosa… esta noche me has dado carta abierta y me comeré tu cuerpo hasta saciarme, aunque dudo mucho que logre hacerlo en una sola noche. — sonreí y me excité aún más ante sus palabras. — En ese caso espero que cumplas lo que prometes niño. — Después de esta noche jamás volverás a llamarme niño en tu vida, Edaline. — A las pruebas me remito.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD