Historia 1 – La edad no importa.

1365 Words
Parte 1 – Mi ardiente asistente. Mi nombre es Edaline Wilkins, pero mis amigos y personas más cercanas me llaman Eda, tengo 35 años y a esta edad soy una mujer felizmente soltera y exitosa. Físicamente, puedo describirme con la frase; “soy un pecado de mujer”, porque tengo tetas y trasero bien proporcionados y firmes, vientre plano y tonificado al igual que mis largas y bronceadas piernas. Trato de mantenerme en forma, soy una persona demasiado organiza, además de excesivamente controladora y perfeccionista. He trabajado como editora en jefe de una de las editoriales más grandes del país, desde hace más de diez años. Comencé como una simple asistente, trabaje muy duro hasta convertirme en lo que soy ahora, esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas me ha costado, pero el éxito se refleja en mi auto último modelo y mi hermoso y lujoso departamento, una de las mejores zonas de la ciudad. Además de la ropa, joyas y zapatos de marca que acostumbro a usar desde que puedo darme esos gustos caprichosos, todo lo que tengo ahora lo vale sin duda. Todo en mi vida es perfecto, excepto por algo… el maldito amor, siento que es algo que no se hizo para mí, por eso soy buena en lo que hago… el punto es que he tenido tan mala suerte en encontrarlo que deje de buscarlo y decidí convertirme a mí misma en mi única prioridad. Lamentablemente, mi familia tiene una opinión muy distinta a la mía, ellos piensan que por tener la edad que tengo ya debería estar casada y llena de hijos. Gorda, fondonga, cansada y amarrada a un hombre que gobierne mi vida a su antojo, bueno, si soy honesta, no diré que no lo deseo, porque mentiría, si me gustaría. Pero mi carrera es lo que me llena y me hace feliz, tengo mis propias cosas y no dependo de nadie, como un esposo que me controle las salidas y las entradas de casa o los gastos. No, no, realmente siento que definitivamente esa vida de mujer anegada, hogareña y sumisa no es para mí. El problema es que soy demasiado independiente, controladora, abierta de mente y liberal, cosas que a muchos de los hombres con los que me he topado no les agrada. Así que después de conocer a tanto idiota, dudo mucho encontrar a uno de esos hombres que nos describen en las novelas románticas, no solo físicamente sino emocional. Aparco mi coche en mi cajón privado, tomo mi bolso y mi portafolio para salir del auto, arreglo mi traje sastre blanco de falta tubular, cierro la puerta, comienzo a caminar y antes de entrar al ascensor que me lleva hasta mi piso de trabajo, activo la alarma de mi auto. Mientras subo tomo mi móvil para revisar mi agenda perfectamente organizada por mi joven, sexy y muy, muy eficiente asistente Dorian Nilson. Dorian es y ha sido el mejor asistente que he tenido en los últimos tres años, conoce tanto mi trabajo como parte de mi vida personal que da miedo. Este chico de 24 años sabe todo sobre mí comenzando porque soy ruda y exigente en todo lo que hago y hasta la fecha no he tenido queja de su parte. Tengo dos lemas, frases que escuche o leí por ahí y las adapte a mi día a día para tener éxito. “Si vas a hacer algo o lo haces bien o mejor no lo hagas” y “no dejes para mañana lo que se puede hacer hoy”… mis subordinados los saben y hasta ahora solo pocos me han decepcionado. Al llegar a mi piso de trabajo, el sonido de mis tacones de aguja del número diez les anuncian a todos que la jefa o como algunos me llaman “la abeja reina” ha llegado al nido. Algunos me odian por lo perfeccionista que soy, me gusta el orden, amo la limpieza y me encanta la responsabilidad, cada uno de ellos sabe que deben estar en sus puestos de trabajo. Odios a los holgazanes y tengo un buen ojo para detectarlos y también para los eficientes que merecen crecer y ascender. Soy odiada por unos, halagadas por otros al hacer un excelente trabajo y amada por los que me conocen, de verdad los cuales son pocos, ya que habitualmente separo lo personal de lo laboral. Regla número uno de mi vida, no mezclar, amor, amistad, ni familia con el trabajo… mi vida personal es de la puerta para fuera, de la puerta para a dentro, soy la peor. Suelo ser demasiado autosuficiente, aquella que es capaz de resolver sus propios problemas y si no es necesario, prefiero no pedir ayuda. Odio a la gente falsa y a los lamebotas… en fin… termino de llegar y paso por la recepción. — Buenos días, Señorita Wilkins… feliz lunes – saluda Candy la recepcionista de piso, quien está embarazada de siete meses y se ve muy linda. — Buenos días, Candy, ¿cómo estuvo tu fin de semana con ese bebé? — Cansado como siempre, mi novio y yo estamos preparando la habitación de la bebé… es niña, por cierto. — dice emocionada y sonrío. — Felicidades… y debes tener cuidado, no hagas muchos esfuerzos y recuerda que solo te queda un mes para tu incapacidad, así que necesito que busque y entrenes a tu remplazo. — le digo, que además de ser la recepcionista, también es mi secretaria de medio tiempo. — No se preocupe, ella viene mañana para comenzar. — Perfecto… nos vemos más tarde. Me despido y continuo con mi camino atravesando los cubículos de mis agentes de ventas y editores, este mes estamos un poco cargados de trabajo. Tenemos algunos asuntos que resolver y nuevos lanzamientos, por lo tanto, todos andan como locos de un lado para otro. Saludos a todos educadamente diciendo, buenos días… feliz lunes y ellos me responden de igual manera, me detengo donde me solicitan antes de llegar hasta mi oficina. Al llegar hasta mi puerta de mi santuario del éxito, me encuentro con mi ardiente asistente, quien me espera como es de costumbre, con mi descafeinado con leche de lactosa sin azúcar y su tableta en mano para leer mis pendientes del día. El día de hoy el muy condenado luce impecable como siempre, traje azul oscuro hecho a la medida superajustado, combinado con camisa blanca, corbata roja y zapatos negros perfectamente lustrados. Limpio y bien peinado viéndose jodidamente sexy y ardiente. Amo iniciar mis lunes con esa vista… — Buenos días, Boss… feliz lunes. — saluda entregándome el café y mostrándome esos lindos hoyuelos que se marcan en sus mejillas cuando sonríe. — Feliz lunes Dorian… ¿Tienes todo listo para el día de hoy? – pregunto tomando el vaso y pasando a su lado. — Como siempre mi Boss – adora llamarme así. Camino hacia mi silla con Dorian siguiéndome el paso mientras lee las actividades del día y me mira el trasero, lo atrapado varias veces haciéndolo, pero simplemente lo ignoro, pues sé lo que provoco en los hombres. Coloco mi bolsa en el pechero que está aún lado de mi escritorio, el café sobre la mesa, y luego tomo asiento en mi cómoda silla de cuero recién hecho. Elevo la vista encontrándome con el sensual perfil de Dorian recarga su redondito trasero sobre mi escritorio, hay confianza… aunque siempre marcos mis límites. Lo observó atenta y… Hay… santa virgen de los desamparados, porque me castigas así… digo mentalmente al ver como se le marca el paquete en el pantalón, se me hace agua la boca, solo de imaginar lo gruesa y deliciosa que debe estar. Edaline… contrólate – me gritó a mí misma. Y como si el muy condenado me leyera mi mente, se levanta, se da la vuelta rodeando el escritorio dándome una perfecta vista de su trasero antes de tomar asiento enfrente de mí. Joder… porque tiene que estar tan jodidamente bueno… pero qué bonito trasero tienes niño – grité desde mi interior, quedándome embobada en todo él… mierda que no haría yo con todo eso, pensé fantaseando con ese bombón dándome duro contra…  ¡EDA, EDA!… regresa…
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