Desperté sintiéndome un poco adolorida, desorientada y sedienta, abrí los ojos dándome cuenta de que estaba en mi habitación, ni siquiera recuerdo como llegamos ahí. Estaba boca abajo, no sentí la presencia de mi acompañante, así que con mi mano tanteé la cama para verificar que nada de lo que pasó la noche anterior había sido un sueño y que Dorian aún dormía a mi lado. Pero la decepción me invadió cuando encontré mi cama fría y vacía como siempre. Voltee solo para confirmar que efectivamente estaba sola y abandonada como siempre, una enorme tristeza abordo mi alma y me puse a llorar, luego de unos minutos me levante de la cama para irme directamente a la ducha.
Abrí la llave de la regadera y dejé que el agua callera sobre mi cuerpo, borrando el dolor y lavando mis lágrimas de decepción. Cerré mis ojos por un momento, recordé la increíble noche que tuve y todo lo que Dorian me hizo sentir con cada beso y caricia. Sabía que ir más allá era imposible, pero al menos me queda el recuerdo de la noche más intensa de toda mi vida.
Por suerte era sábado, tenía dos días para reponerme del fiasco y prepararme mentalmente con la idea de que nuestras vidas debían seguir como si nada… relación jefa – asistente como debería ser. Estaba tan sumergida en mis lamentos, llorando como una adolescente a la que le acaban de romper el corazón, que me asusté cuando de pronto sentí un cuerpo extraño detrás de mí y luego unos fuertes brazos se envolvieron en mi cuerpo, entonces abrí los ojos, me di la vuelta y me sorprendí mucho al encontrarme con Dorian.
— ¿Por qué llorar? – pregunto acariciando mi rostro y sin más lo abrace, rindiéndome ante él, correspondió y envolviéndome entre sus brazos.
— Pensé que te habías ido. — dije entre sollozos, descansando mi cabeza sobre su pecho.
— Solo fui por el almuerzo, es tarde y no has comido nada. — explico con ternura, él siempre se preocupa por mí.
— Lo siento… es que… yo… — no supe como decirle que había tenido malas experiencias.
— Eda… desconozco la razón exacta de su soledad y tu miedo a las relaciones, así que solo pudo suponer que te han decepcionado lo suficiente como para preferir estar sola. — lo miré a los ojos porque era como si supiera leer mis pensamientos, sin decirlos en voz alta.
— Mucho, tanto que llegué a creer que el amor no era para mí — admití.
— Es que no me habías conocido. — lo miré con una sonrisa divertida.
— Eres un poco confiado y presumido, ¿no lo crees?
— Un poco — admitió sonriente, beso mi frente y luego soltó largo suspiro, como si se prepara para una confesión. — Eda, tal vez te cueste mucho considerar mis palabras y mis verdaderas intenciones, porque siempre te la pasas repitiendo que hay once años de diferencia entre nosotros… pero la verdad es que yo me enamore de ti desde el primer día que vi en aquella entrevista de trabajo. Tu belleza, tu presencia, tu determinación e inteligencia me hicieron perder la cabeza por ti y desde entonces lo hice todo para estar a tu lado. Sabía que sería difícil acercarme a ti por la edad, nuestros rangos y tu manera de pensar. Pero nunca perdí la esperanza y no te imaginas como disfruto, verte triunfar día a día como la gran mujer que eres, dedicada, independiente y capaz de hacer cualquier cosa que te propongas. Por eso y muchas cosas más te admiro y te amo aún más. — no puedo evitar derramar lágrimas de felicidad al escuchar su bella y sincera confesión de amor.
— ¿Me amas?
— Como un loco — me apretó contra su cuerpo. — Eres mi sueño hecho realidad Edaline Wilkins y por eso quiero pedirte que me des una oportunidad para demostrarte cuanto te amo y cuan estoy dispuesto a hacerte feliz. — junto a su frente con la mía. — por favor, has aún lado los prejuicios y déjame entrar en tu vida para amarte como nunca nadie lo ha hecho. — en respuesta lo besé como nunca he besado a nadie, con el corazón, con sinceridad y anhelo. Nos separamos por falta de aire. — eso es un ¿sí?
— Sí, Dorian… quiero intentarlo contigo. — él me sonrió y volvió a besarme, el beso fue subiendo de intensidad hasta que de nuevo nos entregamos a la pasión.
Luego de una hermosa declaración de amor y una sesión intensa de sexo como pareja oficial, nos dispusimos a comer, ya que el estómago gruñía exigiendo alimento. Pasamos el resto del día juntos, él solo fue por un poco de ropa a su casa, la cual era cerca de la mía, vimos películas e hicimos el amor tantas veces como fue posible y de distintas maneras que creo que el kamasutra tendría que actualizarse.
Aprendí que Dorian tenía una resistencia insaciable que daba miedo, pero que me fascinaba, sin duda ese chico once años menor que yo era el mejor amante que había tenido en toda mi vida y considero que después de la noche que lo cambio todo entre nosotros, me hice adicta a su cuerpo. Sentí sus besos sobre mi hombro, y sus manos recorriendo mi espalda con delicadeza mientras su m****o abandonaba mi interior. No dejamos caer sobre la cama, coloqué mi cabeza sobre su pecho para escuchar los latidos acelerados de su corazón y era enigmático, envueltos en una placentera armonía, nos quedamos abrazados, di fritado del bello atardecer, era domingo y al día siguiente debíamos regresar a la realidad.
— ¿Te arrepientes? — pregunto rompiendo el silencio.
— No… bueno, sí. — guardamos silencio y volteé a verlo. — me arrepiento de no haberlo hecho antes, de haber sido tan ciega, de no darme cuenta de que siempre has estado ahí para mí. — me sonrió feliz, supongo que lo había asustado.
— Lo sé, hemos perdido demasiado tiempo siendo aburridamente formales Boss — bromeo
— Más que nada es por nuestra situación laboral… digo eres mi asistente.
— Y eso tiene, ¿algo de malo?… si es por el dinero, tengo mucho… he ahorrado durante toda mi vida y…
— Diablos, no… — me levanté de golpe y lo miré a los ojos. — no es por eso, puede que sí sea un poco superficial en muchos aspectos, pero es solo porque me gustan las cosas buenas, cosas que son mía porque me las he ganado con mi propio esfuerzo. — aclaré — Dorian aunque no lo parezca, yo no me fijo solo en la billetera de un hombre, la estabilidad económica también es importante, sin embargo, para mi cuenta más lo que me pueda ofrecer como persona y sobre todo que entienda que no soy y nunca seré una mujer sumisa.
— Y eso es lo que más me gusta de ti…
Acordamos separar lo personal de lo profesional, en la oficina éramos jefa – asistente y en la casa los amantes más ardientes de la historia.
Meses más tarde, acepte que viviéramos juntos oficialmente en mi departamento y el suyo lo rentó, pues prácticamente lo hacíamos, solo que no lo queríamos aceptar, en la empresa nadie sabía sobre nuestra relación y para mí era lo mejor. No por el que dirás, sino porque es más excitante y además, nos evitamos de chismes de mal gusto que puedan afectar nuestro trabajo y relación.
Dorian tenía mucho potencial; sin embargo, descubrí que su área más fuerte eran las ventas, así que lo propuse para ser jefe del departamento de marketing, al principio se negó y se molestó un poco porque no quería dejarme sola y porque creyó que me avergonzaba de él. Le expliqué que lo hice porque quería verlo crecer profesionalmente y que no conformara con ser un simple asistente cuando podía ser más solo para estar a mi lado. Ya estábamos en una relación definida que era fuerte y sabía que sería duradera, confiaba en ello… así que al final termino aceptando y nuestra vida juntos se volvió increíblemente extraordinaria.
Es increíble como una noche en la que decides mandar todo a la m*@&% te pude cambiarte la vida para siempre.